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Una pequeña compañera de cobre

Actualizado el 23 de febrero de 2014 a las 12:00 am

Su forma de T se convierte en una aliada sigilosa para prevenir embarazos. Los mitos han acompañado su existencia, pero la T se mantiene vigente.

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La T de cobre impide que los espermatozoides pasen a través del canal cervical, evitando así que estos lleguen hasta los óvulos a través de los oviductos. (Karen Murillo)

Eficaz y segura. Así es como el Organismo Mundial de la Salud cataloga a la T de cobre, un método anticonceptivo cuya reputación se ha empantanado en medio de mitos y decires populares, mas su rendimiento la mantiene como un recurso altamente confiable.

Según la Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del 2010, su popularidad había disminuido de forma significativa para ese año, en comparación con 1999. Aunque esto ocurrió , sigue siendo la segunda herramienta más efectiva para prevenir embarazos, con un porcentaje de falla de entre el 0,6% y 0,8%, mientras que las píldoras (las que le anteceden en efectividad) fallan dentro del margen entre el 0,4% y 0,5%.

El mismo estudio evidenció que el conocimiento sobre su utilización también había disminuido hacia el 2010 en Costa Rica. Por eso explicamos ahora cómo funciona.

La T de cobre impide que los espermatozoides pasen a través del canal cervical, evitando así que estos lleguen hasta los óvulos a través de los oviductos. Debido a las microinflamaciones provocadas por el cobre de la T, también se altera el revestimiento de la matriz, lo cual impide que, en caso de que un óvulo sea fecundado, este se adhiera al útero.

Se le conoce también como dispositivo intrauterino (DIU), mas este término se refiere a dos posibles versiones: la de cobre (T 380), que no altera el proceso hormonal de la mujer y tiene una vida efectiva de 10 años, y la llamada T de Mirena, que libera hormonas de progesterona y solo funciona durante cinco años.

La T de cobre tiene una base vertical que mide 3,5 centímetros, mientras que, cuando se abre dentro del útero, su eje horizontal se extiende 1,5 centímetros a cada lado. Pese a tener estructura plástica, por su cobertura parcial de metal tiene la calidad inhibidora de embarazos.

Se introduce al útero sostenida por un asa con los “brazos” cerrados. Al tocar la base del útero, se retira el sostén y se dejan dos hilos de náilon asomándose por fuera de la cavidad uterina para cuando haya que retirar el dispositivo. También sirven para que la mujer se haga el autoexamen y revise la correcta colocación de la T.

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Aunque los médicos aseguran que el dolor al colocar la T usualmente no sobrepasa el de un “pinchonazo”, hay que tomar en cuenta los posibles efectos secundarios. Entre estos, figura molestias tras su colocación, una eventual infección y aumento en la cantidad y duración de las menstruaciones.

Algunos profesionales prefieren no colocarla en mujeres que no han tenido hijos; tal es el caso del ginecólogo obstetra Luis Guillermo Ledezma, quien asegura que su uso podría aumentar las infecciones.

Otros médicos opinan que si hay un control responsable de parte de la mujer y el acompañamiento de un especialista para vigilar que todo fluya de manera correcta, no es peligroso. El control se realiza al primer o tercer mes después de la colocación y, luego de eso, cada año, generalmente cuando la paciente se hace el papanicolau.

El porcentaje de expulsiones espontáneas de la T ocurre en un porcentaje que varía entre el 1% y el 5% de los casos, generalmente en los primeros meses después de la colocación.

Vale subrayar que este dispositivo no es para todas las mujeres. Las contraindicaciones especifican que no se le debe colocar a embarazadas o quienes tengan infección en las trompas de falopio, el útero, la cérvix (cuello del útero), la vagina, así como quienes sufran de una enfermedad pélvica crónica.

Varios mitos

Otro de los decires populares sobre la T de cobre es que, en caso de que ocurra un embarazo estando colocado este dispositivo, este podría insertarse en la piel del bebé dentro del útero.

Ledezma explica que eso es imposible: “El saco gestacional queda con un espacio suficiente que lo distancia de la T, lo cual permite que el bebé crezca sin problemas. Si la T fuera absorbida, quedaría en la placenta, mientras el bebé sigue desarrollándose sin problemas”.

Conviene saber que el porcentaje de expulsiones espontáneas de la T ocurre en un porcentaje que varía entre el 1% y el 5% de los casos, generalmente en los primeros meses.

Kristin Holthuis , especialista en medicina familiar y comunitaria y en atención holística a la salud, recomienda el uso de la T de cobre especialmente a aquellas mujeres que no quieren afectar su ciclo hormonal.

La especialista menciona como una gran ventaja el hecho de que la mujer puede recuperar su fertilidad a partir del momento en el que se le extrae el dispositivo. Incluso, recuerda a una paciente suya que quedó embarazada el mismo día en que se le quitó la T.

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“Al lado de otros métodos, la T de cobre ofrece mayor libertad a la mujer pues, así, ella no debe negociar con su pareja el uso de la anticoncepción”, comenta Holthuis, quien asegura que hay formas naturales de reducir el impacto de la colocación de este dispositivo, así como recursos alternativos para regular el ciclo menstrual y aliviar las reglas dolorosas o el síndrome premenstrual. Se refiere principalmente a la terapia floral.

Tanto Holthuis como Ledezma explicaron que, aunque la T puede insertarse en cualquier momento del ciclo, los mejores días para colocarla son los primeros de la menstruación , cuando hay un mayor flujo sanguíneo, pues este funciona como lubricante; además, la dilatación disminuye el dolor y el sangrado da la certeza de que la paciente no está embarazada. En cuanto a su remoción, esta puede hacerse de manera rápida en cualquier momento del ciclo.

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