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En la pantalla grande estando Presos

Actualizado el 27 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Si los privados de libertad no pueden ir al cine, el cine va a ellos. Especialmente si se trata de una película grabada en su propio territorio, el Centro Penitenciario de San Rafael de Alajuela (Puesto 10).

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De cinco semanas y media de rodaje, aproximadamente 11 días se dedicaron a la grabación en Puesto 10. | FOTO: ALBERT MARÍN

“Al que se va de acá, NO-LO-QUIERO-VOLVER-A-VER-AQUÍ”. No sé que fue más conmovedor, el pausado y maternal regaño de la Ministra de Justicia, Cecilia Sánchez, o el unísono y tradicional grito de “PRÁ PRÁ PRÁ PRÁ” con el que estalló el gimnasio repleto de presos después de esa frase.

La euforia de los privados de libertad de Puesto 10 de La Reforma no era de gratis. Estaba a punto de comenzar la proyección de la película nacional Presos, del cineasta Esteban Ramírez, grabada a inicios de 2014 en este mismo centro penitenciario.

Un día cualquiera en el Centro de Atención Institucional San Rafael se ve así: hombres de todas las edades, color de piel y estatura dispersos en una plaza abierta, jugando fútbol o algún juego de mesa, haciendo ejercicio o hablando entre ellos. Esperando ver el tiempo pasar.

Lo cierto es que este no era un día cualquiera. Era el día que estaban esperando desde hace más de un año desde que el equipo de producción de la película les hizo dos promesas. La primera: se grabaría un largometraje en esa cárcel. La segunda: se proyectaría ahí una vez estrenada.

Un día en pantalla

Después de las palabras del director del centro, del director de la cinta y de la Ministra, se apagaron las luces, se hizo el silencio y la primera proyección dio inicio. La expectativa de ellos estaba en verse en la pantalla, reconocer alguna cara o algún espacio. La expectativa de nosotros, los visitantes, estaba... en verlos a ellos. ¿Les gustará? ¿Se la creerán? ¿Se sentirán identificados?

“Estuvo vacilona, estuvo bonita”. Steven Brown, privado de libertad con nueve años más pendientes por descontar nos iba a quitar la duda más tarde. “Lo sacó a uno del ‘ canazo’ , legalmente, lo enviajó en el viaje de la película”, dijo. “Todo lo que pasó es lo que pasa realmente acá en el penal”.

“Ssshhhh”, se decían entre ellos. Ya había comenzado y se veían felices. Sus miradas atentas no iban a dejar pasar la oportunidad de reconocer a alguno para vacilarlo.

Marco Aurelio Zamora,   conocido como Gordo Puro, fue uno de los extras que se ve en pantalla. | FOTO: ALBERT MARÍN
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Marco Aurelio Zamora, conocido como Gordo Puro, fue uno de los extras que se ve en pantalla. | FOTO: ALBERT MARÍN

Pero el silencio y la compostura que lograron los primeros minutos quedó atrás con las tomas iniciales de la cárcel, de las carreras que se pegan todos los días para llegar a desayunar, de las filas para bañarse y de cualquier escena que mostrara su cotidianidad.

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“¡VEAN A GORDO PURO!”, volvieron a estallar en chiflidos y carcajadas.

¿Realidad o Ficción?

Esteban Ramírez quiso hacerle un homenaje al documental Los Presos (1975), de su padre Víctor Ramírez, al proyectar la realidad que viven quienes tienen que pagar con su libertad por el delito –o delitos– por los que fueron condenados. “Todos estamos presos”, es la moraleja que pretende transmitir la cinta. Frase que deja de ser metáfora en ese lugar.

Jorge Leitón, uno de los extras de la película no se salvó de la chiflada. “Por situaciones que hay en el país como desempleo muchos acudimos a delinquir, a vender droga, a robar, a hacer estafas por necesidad. Pero ya estando adentro uno se da cuenta de que uno cometió un error grandísimo”, afirmó.

Con él coinciden muchos, Wilbeth Chávez entre ellos. “Esto que acaban de hacer es una experiencia muy bonita porque la gente cree que los presos están presos y nada más. La sociedad tiene algo para nosotros, nosotros somos muy importantes para ellos”, aseguró.

Cine improvisado

“¡Así es cachudo!”, “ ¡Sapazo!”, se escuchó por ahí cuando salió Emanuel, el novio de la protagonista interpretado por el actor Daniel Marín.

Mientras más avanzaba la película, más aumentaba el intenso calor recordándonos que estábamos en pleno corazón de San Rafael de Alajuela y que el mediodía se acercaba. “¿Cuál cine maes? ¡Sauna y toda la pich...!”, bromeó uno con el resto de “compas”.

“¡VEAN A PEPPERONI!”. Y Pepperoni, como le dicen a uno de los extras más apuntados del rodaje tiró su línea: “Mae al chile mi chiquito, ¿usté que cree, que yo lo voy a agarrar hablao, pá?”. “PRÁ PRÁ PRÁ”, contestaron a todo pulmón, con palomitas y jugo en mano.

Muchos de los que participaron en la grabación ya no están. Están libres o volvieron en el encierro de otra cárcel. “Pepperoni ya salió, pero volvió a caer preso. Está en San Sebastián”, nos decía Miguel Lobo, director del penal cuando entramos.

Para Lobo, lo que comenzó como un experimento terminó siendo una película que a su parecer, debería ser obligatoria en los colegios. “Yo que tengo 33 años de estar en esto, leo los expedientes y pienso: esta es Victoria. Sus familias están desintegradas, distorsionadas y son disfuncionales; terminan aquí desgraciadamente”.

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Decía un director de cine polaco: “El cine debería hacerte olvidar que estás sentado en una sala de cine”. El reto de ese día era mucho más grande: hacerle olvidar a casi mil presidiarios divididos en tres tandas que estaban en la cárcel. O todo lo contrario: que reconocieran hoy más que nunca su realidad inmortalizada en una historia de ¿ficción?

Actualmente,  la cárcel Puesto 10 alberga casi 1200 presos, cuando su capacidad no supera los 750. | FOTO: ALBERT MARÍN
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Actualmente, la cárcel Puesto 10 alberga casi 1200 presos, cuando su capacidad no supera los 750. | FOTO: ALBERT MARÍN

“Me imaginé a mamá haciendo fila afuera, con ese montón de gente todos aglomerados, y ahí donde pasan y los requisan”, decía Elías Andrade, otro extra que colaboró en el rodaje. “Yo sentí así como… no quiero que mi mamá vuelva a venir aquí. Ella no se lo merece”.

Elías tiene una condena de 13 años, de la cual ha cumplido solo un tercio. Al salir de ver la película, con una sonrisa en la cara comentó que estaba impresionado por lo que acababa de ver. “Nunca me esperé que fuera algo así. Me gustó mucho”, comentó.

Fuera del gimnasio en donde hablábamos, se comenzaba a formar la fila de hombres que esperaban ansiosos la tanda de 2:00 p.m.

“Yo también tengo una hija de cuatro añitos”, agregó. “Cuando vi a ese muchacho (Jason, el protagonista) con la hija, yo decía: pobrecita mi bebita por lo que tiene que pasar. No sé... me sentí tan arrepentido por las cosas indebidas y los errores que he cometido”.

– Las cosas que más valen en la vida son las que nunca se compran con dinero, dice.

– ¿Cómo cuáles?

– La familia, los hijos… el hecho de estar en libertad.

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