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Las noches de Finca Sana

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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                         Carlos Obando es  del equipo de salud que visita de noche  a los ngöbes de Coto Brus. Él midió y pesó a Karina Jirón Bejarano, de 4 años. Foto: Eyleen VargasCarlos Obando
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Carlos Obando es del equipo de salud que visita de noche a los ngöbes de Coto Brus. Él midió y pesó a Karina Jirón Bejarano, de 4 años. Foto: Eyleen VargasCarlos Obando

El rumor llegó una noche de visita. Un bebé, de escasamente seis meses de nacido, ardía en calentura dentro del rancho de la finca. Llevaba siete días esperando el milagro de Mamatata (la deidad que veneran) pero sus pulmones ya no daban para más.

Sigifredo escuchó la noticia y dejó lo que estaba haciendo. Atravesó con su equipo de enfermería uno de los tantos cafetales buscando la casa.

Cuando llegó, el bebé estaba morado por el esfuerzo de respirar. Le quedaban pocas horas de vida si no lo trasladaba de inmediato al hospital de San Vito.

La misma ambulancia que los había llevado al corazón del cafetal cargando los pertrechos para atender a los indígenas, le ayudó a este equipo de la Caja a trasladar al niño al hospital. El bebé sobrevivió.

No es el primer caso que atienden; tampoco será el último para el equipo de técnicos en salud de la Caja, porque todos los días sus miembros se adentran en los cafetales de Coto Brus con la tarea de educar a los indígenas ngöbes a prevenir y tratar enfermedades.

Más de un año después de aquella emergencia, el mismo equipo liderado por el enfermero Sigifredo Ríos Elizondo, visitó la finca de Édgar Barrantes, en San Marcos de Sabalito. Una casa de madera le ofrece la única luz de bombillo disponible para iluminar el pedazo de tierra donde colocarán los toldos, la báscula para pesar a los bebés y el recipiente de las vacunas.

Galletas supernutritivas para regalar, agua, jabón, cepillos de dientes, suero oral, pastillas para desparasitar y condones, comenzaron a bajar del camión, como parte de la larga lista de materiales jalados por cuatro técnicos de atención primaria en salud (Ataps) y Sigifredo, su coordinador.

Desde los trillos cercanos, decenas de indígenas bajaron con sus hijos en brazos, seguidos por un montón de perros de todos tamaños y colores. Hicieron círculo alrededor del improvisado consultorio médico que Jonathan Vindas, Germán Quirós, Carlos Obando, Elvin Vargas y Sigifredo se encargaron de instalar en pocos minutos. En cuestión de media hora, donde antes solo había una decena de indígenas, ahora hay más de 50.

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Los muchachos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) están acostumbrados a montar este escenario. Desde hace nueve años, todos los días de la semana, suben a las fincas cafetaleras para atender las necesidades en salud de los indígenas ngöbe que no pueden asistir a los puestos diurnos porque están cogiendo café. El programa se llama Finca Sana.

En tiempo de trabajo extra, los Ataps y Sigifredo extienden su jornada laboral hasta las 10 p. m. y más allá si es necesario. El martes 2 de octubre, el equipo le enseñó a los indígenas a utilizar el condón, y les recordó la importancia de lavarse bien las manos para prevenir las enfermedades respiratorias y otras infecciones que tanto atacan a esta población, como las temidas “cagaderas” (diarreas).

“Cuando el programa no existía, los Ebais y hospitales se abarrotaban por la cantidad de enfermos. Esto ya no pasa. Venimos a esta hora porque están las familias completas. Los revisamos, pesamos y desparasitamos”, explica Sigifredo, quien lleva un registro minucioso pues a cada indígena le da un carné con el control y le abre un expediente.

El Área de Salud de Coto Brus invierte en este programa entre ¢15 millones y ¢20 millones cada año, y labora de lunes a sábado. Una inversión que bien vale la pena.

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