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Tinta fresca: "El mundo después de Sampedro"

Actualizado el 05 de enero de 2014 a las 12:00 am

“Para vivir hay que ser libre, para ser libre hay que tener el pensamiento libre y para tener el pensamiento libre hay que educarse”.

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Este será el primer enero desde 1918 en el que el sol no calentará los hombros de José Luis Sampedro (1917-2013). De primera entrada, su longevidad podría impresionar, especialmente tomando en cuenta la lucidez que lo acompañó hasta sus últimos meses, pero para un hombre como este, 96 años resultan pocos. “Vengo de otro mundo, de hace mucho tiempo”, dijo alguna vez, quizá sin caer en cuenta de que mentes como las suyas parecieran, en efecto, extraterrestres. “Nos creemos todos muy importantes, pero no somos tan importantes”… “¿¡O se van a creer los banqueros que son inmortales!?” decía (con una risa sutil) el economista, escritor y humanista que en el 2011 prologó la versión en español de ¡Indignaos! , histórica obra a partir de la cual se bautizó el movimiento civil por todos conocido.

Dos ancianos sobre los 90 años se tomaron el trabajo de recordarnos la importancia de despertar y construir, no solo para nosotros, sino para los demás

Cuesta creer que Stéphane Hessel, autor francés del texto aludido, compartía con Sampedro mucho más que un profundo deseo de ver a la juventud despertar de ese estupor que consume y distrae sus mentes. Hessel también nació en 1917 y también murió en el 2013… y, como su amigo español, partió con la tranquilidad de haber peleado por un mundo mejor hasta el último respiro. “La indiferencia es la peor de las actitudes”, decía, y Sampedro no podía estar más de acuerdo: “si no le das respuestas a la vida, la vida se te impone”.

Ilustración: William Sánchez
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Ilustración: William Sánchez

Inquieto, radiante, eternamente joven, Sampedro fue un pensador incómodo y sin filtros, amo de un discurso elocuente y vivaz que nutría con una constante invitación a rechazar los dogmas, a alimentar el pensamiento libre y crítico, y, sobre todo, a recuperar nuestra dignidad. ¿Cómo? Sacudiéndonos de todos los miedos que nos paralizan y entendiendo la vida no solo como un derecho, sino también como un deber.

Eterno optimista a pesar de que sus ojos lo vieron todo y más, murió convencido de que otro mundo no solo es posible, sino seguro. Repitió una y otra vez que desde la ciudadanía y siempre por medios pacíficos, es mucho lo que podemos hacer. “Afortunadamente, la sociedad está muy por delante de sus políticos, de todos. Es el ciudadano el que se mueve, el que está alerta. Menosmal”.

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Usted: ¿se mueve? ¿está alerta? Dos ancianos sobre los 90 años se tomaron el trabajo de recordarnos la importancia de despertar y construir, no solo para nosotros, sino para los demás: “Crear es resistir, resistir es crear”, decían. Bien haríamos en no olvidarlo y bien haríamos en seguir el consejo de ese hombre iluminado a quien el mundo nunca dejará de extrañar: “¡A ser seres vivos que desean, que prefieren y que hacen!”.

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