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Tinta fresca: El machismo también acaba con los machos

Actualizado el 19 de julio de 2015 a las 12:00 am

Reviso el inventario de muertos y por mucho ganan los caballeros

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Tinta fresca: El machismo también acaba con los machos

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Como en una película, (como en una pesadilla), ninguno de los dos conductores iba a dejar pasar al otro. Era un pique, era en Guanacaste, era hace muchos años. Los dos eran varones; uno junto al otro. De pronto el camino está por estrecharse: aparece un puente. Ninguno pensó que el otro no fuera a acobardarse y darle campo en el último momento. Los dos automóviles acabaron en el río. Ambos conductores terminaron muertos. En uno de los autos iba un excompañero mío de colegio.

El machismo también acaba con los machos. Hay mandatos asesinos: “Aguante, no llore, no sea mamitas, sea fuerte, no sea pendejo. Sea hombre”.

Si bien es cierto que los varones, por cierto tipo de faenas físicas que algunos realizan, están mucho más expuestos a accidentes de trabajo, tienden con mucho mayor facilidad a adoptar conductas temerarias. ¿Porque a eso los empuja el instinto o porque a eso los induce la crianza? No soy quién para dilucidar tan espinosa cuestión, pero sí les cuento que religiosamente reviso el inventario de muertos que muestra el diario después de Semana Santa y por mucho ganan los caballeros: falsos adelantamientos (porque ellos tienen que ser los primeros), riñas (porque tienen que ser los más fuertes), ahogados (porque todo lo pueden, hasta nadar recién almorzados o recién bebidos), porque la única forma de mostrar que se es hombre en esta sociedad, es demostrando que no se es una mujer.

Y ya que lo mencionamos, ser varón es tomar hasta que se le acabe el hígado, comer lo que le dé la gana hasta que la diabetes le corte el pie, o hasta que la grasa le atore el corazón. Para qué medicinas: esa es una carajada de viejas; un hombre no las necesita.

A menos que la vieja sea tu esposa y arrastrado te lleve al consultorio. Mueren más los solteros y divorciados que los casados, gracias a la necedad de sus cónyuges, que los consideran mortales y falibles, y los llevan engañados como niños al tacto rectal, por ejemplo, donde el macho siente su dignidad violada pero se salva de las diabluras de su próstata.

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Más varones que mujeres delinquen (¿porque en ellos la transgresión se admira y en la mujer se castiga?) y mueren mucho más que ellas de manera violenta, y sólo una vez fallan cuando atentan contra su propia vida: justo cuando tratan de suicidarse después de haber matado a su compañera.

El mero macho machista es territorial y a muerte defiende su espacio, como iguana en celo. Lo que no sabe aún es que la única tierra que va a conseguir son los metros escasos de una tumba.

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