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Relatos de lucha contra el cáncer de mama

“Esta lucha fue de todos en mi familia”

Actualizado el 23 de octubre de 2013 a las 11:59 pm

Debió someterse a quimioterapia y radioterapia, pero hoy celebra el don de la vida junto a su familia.

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Apenas recuperándose del parto de su cuarta hija, Laura Díaz supo que dos pelotitas que le habían indicado ser grasa meses atrás eran, en realidad, cáncer.

Nombre:Laura Díaz Cordero

Edad: 41 años

Residencia: La Garita, Alajuela

Cuándo recibió el primer diagnóstico: 2011

Todo empezó en enero del 2010, cuando me detecté dos pelotitas pequeñas en mi pecho. Fui al médico y me realicé un ultrasonido: "Es grasa. Podés vivir con eso sin ninguna preocupación. Si  crece y sentís molestias, venís y te las quito", me dijo el doctor.  

Yo salí tranquila y, en mayo de ese año, me di cuenta de que estaba embarazada.

Empecé mis chequeos prenatales con molestias y notando que las pelotitas habían crecido. Le comenté al ginecólogo el hecho, pero él no le dio importancia. Por eso, yo confiaba en que todo estaba normal y que se debía a los cambios hormonales del embarazo.

La cesárea se programó para enero del 2011 y, para entonces, las pelotitas ya parecían una sola y el dolor era mucho.

Pero Dios todo lo hace perfecto: mi hija resultó alérgica a mi leche y, en ese momento, decidí ir al médico para que me quitara la masa.

A los cinco días de un ultrasonido y una biopsia, recibí la noticia: “positivo”.

“Estoy con cáncer y debo enfrentarlo porque tengo una familia a la que dar ejemplo. Debo ser positiva y fuerte”, pensé.  Le pedí a Dios no tener metástasis y me concentré en mis exámenes sin ver más allá.

Recordé a mi abuelita, quien ya lo había sufrido en dos ocasiones, y me identifiqué mucho con mi tío Augusto, quien luchaba en ese momento contra un cáncer de páncreas.

Al terminar los análisis y ver que no había cáncer en ningún órgano, me sentí muy feliz. Comencé la quimioterapia, con sesiones cada dos semanas porque el tumor era muy grande y agresivo.

Estoy limpia de cáncer y sigo celebrando con mi familia la victoria en esta lucha

Se empezaron a notar los efectos del tratamiento: el cabello se fue; sentía cansancio, náuseas, vómitos, molestias estomacales, sangrados en las encías y fiebre.

Tuve visitas frecuentes al hospital; tomé antibióticos; viví el aislamiento. Fueron meses muy difíciles para mi esposo y mis cuatro hijos, pero conté con el apoyo  familiar.

Terminé la quimio y en la cirugía, gracias a Dios, no se encontró tumor. Sin embargo, de 14 ganglios axilares uno dio positivo, así que empecé  radioterapia. Esta etapa fue diferente. Hubo quemaduras, pero terminó pronto.

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Actualmente, continúo haciéndome los análisis de rutina, pero estoy limpia de cáncer y sigo celebrando con mi familia la victoria en esta lucha que en realidad fue de todos.

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