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De jupas y sopapos

Actualizado el 24 de febrero de 2013 a las 12:00 am

¿Cuándo es importante acudir al doctor por un golpe en la cabeza? Muchas veces las lesiones craneales son silenciosas pero generan un daño irreversible.

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Un sopapo. Según la Real Academia Española, para nuestro país un sopapo es un golpe fuerte. Esta generalidad puede extenderse a muchas partes del cuerpo: golpe fuerte en la cara, en la cadera, o bien en la cabeza. Un sopapo general.

Mas hay sopapos que son más preocupantes que otros, y mucho más si se presentan en niños pequeños. Muchas veces, estos, por su actividad incesante y espíritu explorador, se llevan sus buenos “descubrimientos dolorosos” en la cabeza. Y aunque el término no esté científicamente acuñado, podríamos llamarles “sopapos craneales”.

¿Quién no recuerda las caídas en bicicleta cuando niño? O las veces en las que por estar apeando limones o naranjas, nos subíamos a los árboles viejos y agrietados y de repente... ¡juaz! se desprendía la rama y nos recibía el piso, dejándonos una buena chichota en la frente.

Estos “sopapos craneales” quizá fueron una moda en nuestra niñez, pero no por eso un asunto irrelevante clínicamente hablando. Según el doctor Orlando Urroz, director del Hospital Nacional de Niños, “es una fuente importante de riesgos de mortalidad y de secuelas progresivas e irreversibles, si no se procede de la manera adecuada”.

Urroz menciona que los traumatismos craneales son siempre un asunto preocupante, ya que pueden ser causas de un deterioro cerebral. Lo más complicado es que no dependen de la severidad del golpe producido, sino del modo y la zona afectada por el mismo.

“No porque la manifestación externa sea pequeña, vamos a ver una afectación leve. Hay casos de manifestación pequeña que generan una lesión cerebral grande”, explica el pediatra.

En el tema de los sopapos todo es muy relativo, así que es mejor siempre consultar al médico y vigilar al menor por 48 horas después del golpe, ya que pueden presentarse signos de alerta, a los cuales hay que poner mucha atención.

SÍNTOMAS DE ALERTA

Según Urroz, lo primero es determinar si existe una pérdida de conciencia después del golpe. Sin importar si fue de 30 segundos, un minuto o más tiempo, esta señal es siempre un indicador de que se requiere atención especializada. Claro está que, a mayor tiempo de pérdida de conciencia, mayor la severidad del golpe.

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El segundo factor son las cefaleas o dolores de cabeza. También puede ser alarmante una falta de equilibrio mientras el niño camina. Esto puede ser a razón de un golpe posterior en la cabeza, en que el cerebelo se ve afectado.

Problemas en la vista, movimientos extraños en extremidades u otras partes del cuerpo del menor pueden ser indicadores de deterioro cerebral. Normalmente, la pérdida de fuerza en las extremidades suele deberse a alguna lesión en la parte interna del cerebro que controla las destrezas motoras.

En algunos casos, se generan vómitos a raíz de un fuerte golpe. Este también es un signo de alerta, ya que puede ser una señal de presión a lo interno del cráneo.

Otras veces se forman chichotas no en la frente, sino en la parte posterior de la cabeza. Tales golpes deben revisarse con atención, pues no solo involucran la parte del cerebelo, sino que también conviene revisar por posibles fracturas de cráneo.

Normalmente, cuando se presentan estos golpes en bebés, el sueño es un hecho común. Hay que tener mucho cuidado con esto, porque podría ser otro factor de deterioro cerebral. “La somnolencia se da por una serie de bostezos y de sueño que hace que progresivamente se pierda la conciencia”, señala Urroz, quien indica que la mayoría de casos atendidos por traumatismos craneales se presentan en niños menores de seis meses.

“Independientemente de que pensemos que el niño está muy chiquito y quiere dormir, es siempre mejor consultar”, agrega.

Golpes inocuos

Esta población infantil es quizá la más vulnerable, pues su anatomía craneal no está tan desarrollada como la de un niño de mayor edad.

Los huesos de los bebés menores de seis meses son más elásticos, lo que ocasiona que el cerebro se mueva con mayor facilidad a lo interno del cráneo y puedan ocasionarse edemas o inflamaciones.

El director del Hospital de Niños sostiene que la sintomatología de estos pequeños es difícil de determinar, ya que existen casos en los que no hay manifestación externa de golpe alguno, pero se sabe de la lesión. Tal es el caso del llamado “síndrome del latigazo”.

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Según Urroz, “es un acto de violencia donde se agita al bebé y no se muestran daños visibles en el cráneo, pero sí una separación de las suturas. Empieza a haber presión del cráneo que se hincha, y por eso, se abomba la mollera”.

Otras veces, la sintomatología es incoherente con el golpe presentado, pues algunos pacientes se quejan de un dolor en la parte opuesta a la que recibieron el golpe. Esto se explica por el “efecto contragolpe”, en donde, tras el incidente craneal, el cerebro se dirige hacia el lado opuesto, produciendo muchas veces una hemorragia que debe ser atendida cuanto antes.

“Gracias a Dios, tenemos sobrevida en este tipo de problemas, aunque a menudo quedan muchas secuelas permanentes”, sostiene Urroz.

El Hospital de Niños recibió cerca de 15.000 pacientes en el 2012. Del total de atendidos, un 32,4% fueron diagnosticados por traumatismos craneales. Sin embargo, solo un 4% fueron internados.

RECOMENDACIONES

¿Qué debe hacer si su niño se golpea la cabeza?

Hay diferentes tipos de golpes. Si es uno ocasionado por algún objeto punzante o cortante, nunca debe lavarse la herida si es profunda; tampoco se deben retirar objetos que sobesalgan de la herida.

En vista de que muchos traumatismos están asociados con problemas en la columna, su traslado debe hacerse en forma de bloque.

Luego, es fundamental proteger al menor de objetos circundantes que puedan agravar el daño. Asimismo, se debe permitir que el niño respire de manera espontánea.

Finalmente, siempre que haya dudas, es recomendable consultar al médico de cabacera o acudir al centro de salud más cercano, máxime si se presenta alguno de los síntomas antes mencionados.

Un niño que no se ensucia no es niño, pero es falso que un niño que no se golpea no es niño. El doctor Urroz opina que al niño se le debe dar libertad, pero buscando siempre cómo minimizarle los riesgos.

“No solo a golpes se aprende. Con los niños tenemos una responsabilidad mayor, sobre todo en niños menores de cinco años, que son exploradores y no visualizan el riesgo”.

Un sopapo: según la Real Academia Española, para los ticos es un golpe fuerte. Para los conocedores del ámbito médico, es un caso de atención fundamental.

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