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Los horrores masculinos al vestir

Actualizado el 19 de enero de 2014 a las 12:00 am

Sacos más grandes de lo correcto, mocasines en vez de zapatos de cordones, corbatas estridentes o excesos de botones abrochados. A diario, los hombres cometen una serie de errores (y horrores) imperdonables a la hora de vestir formalmente. Sepa cómo debe llevar ese traje de manera impecable.

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Nunca está de más saber qué dicen los expertos cuando de vestir formalmente se trata. Ilustración: Karen Murillo

A muchos nos parecerá una exageración tanta ceremonia al vestir; pero para quienes quieran llevar la pompa de la formalidad hasta las últimas consecuencias, es esta guía rápida que los acercará a un estirado aunque elegantísimo caballero inglés.

Mantenga su ropa ordenada

Un pantalón, camisa, saco o chaleco siempre debe estar bien planchado, por lo que recomendamos que esa tarea se le deje a los expertos. Lleve su ropa más preciada a la lavandería, así correrá menos riesgos. Lo mismo con los zapatos: la clave es andarlos siempre bien lustrados.

Mocasines con traje de vestir

Unos zapatos formales siempre deberían ser elegantes. Es por esto que los trajes deben ser acompañados por zapatos tipo Oxford (con cordones) y jamás por mocasines. Esta regla, inquebrantable en países como Inglaterra, se olvida con frecuencia en los países latinoamericanos. El protocolo obliga a llevar los atuendos de saco y corbata con zapatos de cordones, sobre todo si se viste de oscuro.

El color café es para el día

Una norma británica del buen vestir reza que “un verdadero caballero nunca viste de café”. También fueron los ingleses quienes establecieron que los zapatos de vestir nunca pueden ser más claros que el traje que se lleva, más aún si es de noche, cuando el traje oscuro es obligatorio para los eventos formales. La otra regla que nadie debería quebrar es el color de la faja: siempre debe combinar con los zapatos.

Ni cortos, ni estridentes, ¡ni estirados!

Para una ocasión formal, es mejor que los calcetines sean ultraconservadores. En aras de elegir bien el color, lo aconsejable es que siempre sean de un tono muy similar o igual al conjunto: ni más claros, ni de colores estridentes. Además, por muy negras que sean, las medias deportivas jamás deben acompañar un traje formal. Respecto al largo de los calcetines, debe ser suficiente para que cubran totalmente la piel cuando su dueño se sienta y cruza la pierna.

Cuando viste formal, evite las medias de colores estridentes o diseños muy poco convencionales.
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Cuando viste formal, evite las medias de colores estridentes o diseños muy poco convencionales.

Una norma británica del buen vestir reza que “un verdadero caballero nunca viste de café”

El difícil arte de elegir corbata

Las corbatas son un mundo por sí solo, y de acuerdo con el arquitecto y académico Óscar Ríos, “quienes pertenecen al club de la corbata deben ser como los pilotos de aviones: requieren de muchas horas de vuelo para perfeccionar su práctica”.

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Un miembro del “club de la corbata” sabe que el largo adecuado de esta prenda –ya sea de seda, lana o algodón, de rayas, lunares o colores sólidos– es cercano a un centímetro por encima del pantalón o de la faja.

Además, explica Ríos, la corbata debe ser un accesorio tenue que acompaña al traje, pero no es el elemento central del conjunto, por lo que hay que evitar las corbatas estridentes, el color rojo –tan usado por los políticos–, y los estampados infantiles.

Pantalones más cortos

En un país donde el promedio de estatura de los hombres es cercano al metro setenta (1,70 m), es común que los pantalones queden demasiado largos. Además, muchos vendedores de tiendas de ropa insisten en que el pantalón debe rozar el taco inferior del zapato. Esto es un error garrafal, ya que los pantalones deben tener un largo determinado, no ser demasiado cortos ni demasiado largos.

Esta prenda, en la parte delantera, debe descansar sobre la superficie del zapato. Además, es vital cerciorarse de que no se forme un pliegue en la parte frontal del pantalón, por lo que hay quienes recomiendan, en el ruedo, subir la parte delantera ligeramente más que la trasera.

Camisas y tela de más

Una camisa debe adaptarse al cuerpo como un guante. Esto se logra con las camisas hechas a la medida, pero cuesta lograrlo con las compradas en tiendas. Muchas veces logramos encontrar una camisa cuyo tamaño del cuello es justo, pero le sobra tela en las mangas o en la cintura; si se eligen camisas de talle ajustado, es posible que terminemos sin poder abrochar el botón superior.

Sacos: ancho y largo

Los sacos muy anchos son propios de la sastrería romana o napolitana (al estilo de esos trajes usados por la Cosa Nostra), mas no de la inglesa. Cuando se usan sacos amplios y con hombreras, se corre el riesgo de terminar pareciéndose al Hombre Increíble. Para determinar el largo correcto de esta prenda, lo aconsejable es ponerse de pie y fijarse hasta dónde llegan los dedos pulgares de la mano, con los brazos a ambos lados del cuerpo. Ese es el punto justo para el largo de un saco formal.

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Los mocasines están prohibidos cuando los caballeros llevan traje entero. Se aconsejan los zapatos con cordones. Ilustración: Karen Murillo
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Los mocasines están prohibidos cuando los caballeros llevan traje entero. Se aconsejan los zapatos con cordones. Ilustración: Karen Murillo

Las bolsas en la camisa

Las camisas con bolsa sobre el pecho son consideradas prendas sport debido a que, precisamente, tienen ese bolsillo para llevar los objetos que, de otro modo, se cargarían en las bolsas internas del saco. De modo que, al vestir formalmente, una camisa con bolsillo carecería de utilidad.

No a las telas traslúcidas

El blanco es el color más seguro para una camisa; sin embargo, también es cierto que es el color más aburrido. Pese a esto, para ciertas ocasiones formales, no hay nada mejor que el blanco.

Para otro tipo de situaciones, como un día de reuniones en oficina, se pueden vestir distintos colores, siempre y cuando sean claros. Lo que nunca estará permitido son las telas translúcidas, las cuales nunca serán una opción.

Un dato importante es que si un saco se va a usar sin corbata –para un evento semiformal, por ejemplo– lo ideal es que la camisa no sea blanca; mejor si tiene algún estampado discreto o es de color azul claro.

Veto a la manga corta

Para vestir formalmente, las camisas de manga corta están estrictamente vetadas... y esta regla no requiere de más palabras.

¿Cuellos abotonados? ¡No!

Las camisas que llevan el cuello abrochado con dos pequeños botones son prendas deportivas que surgieron para que a los jugadores de polo no se les subiera el cuello.

Así, no son prendas formales que puedan acompañar un traje.

Las camisas que llevan el cuello abrochado con dos pequeños botones no son prendas formales que puedan acompañar un traje. Son prendas deportivas que surgieron para que a los jugadores de polo no se les subiera el cuello

El largo de las mangas

Muchas veces nos topamos con hombres que usan sacos o camisas con mangas de un largo inadecuado. Lo correcto es que el puño de la camisa se asome bajo el saco entre 0,5 y 1,5 centímetros. Si las mangas de la camisa son más largas que eso, crearán un efecto extraño, que acortará la figura de la persona. Y si son demasiado cortas, parecerá que la camisa es de manga corta.

Los conocedores sostienen que el puño blanco e inmaculado de la camisa, indica limpieza, pulcritud y un cierto estatus social.

De igual forma, las mangas del saco no deben caer sobre la mano; lo ideal es que lleguen hasta la muñeca. Así como con los pantalones, se recomienda llevar el saco a un sastre para que lo ajuste, pues son pocos las que quedan perfectamente bien tras comprarlos en la tienda.

Cierre los botones justos

Un error común que se ve constantemente entre quienes usan sacos de dos o tres botones –los que conserven sacos de cinco botones han de saber que estos ya caducaron– es que los lleven todos abotonados.

En un saco de tres botones se puede abrochar el de arriba. Lo mismo en los sacos de dos. Lo que nunca hay que hacer, es abrochar el botón inferior.

Estos botones no fueron diseñados para ser abrochados. Fue el rey Eduardo VII de Inglaterra (1841-1910), quien gobernó los últimos diez años de su vida, el que comenzó a abotonarse el saco... porque engordó. De allí, la costumbre de algunos de abotonarse.

Algo similar pasa con los chalecos que llevan botones. Nunca es apropiado abrochar el botón inferior; incluso los más osados tampoco se abotonan el de más arriba.

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