La fiebre no da para tanto

Estos futbolistas son unos fiebres. Solo esto puede explicar la sobrevivencia de su pasión futbolera a pesar de las carencias para organizar un simple partido.

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Adán Sánchez lo sabía antes que sus pupilos. Por más que repitió una y otra vez los números, las cuentas no le daban y el rojo de los saldos le salpicó como sangre en los ojos. No quedaba más remedio que salirse del campeonato de Primera División de la Liga Nacional de Futbol Aficionado (Linafa).

Aquel día gris, ocho días antes de jugar el primer partido de las cuadrangulares finales, llegó Adán a la plaza de Coronado, arrastrando los pies y cabizbajo. Lo esperaban impacientes la oncena titular y los suplentes que dieron el pase clasificatorio el domingo anterior frente al equipo de Colorado-Corredores, consiguiendo el punto del empate necesario para avanzar.

Profe, profe ”, le gritaban alegres los muchachos ya vestidos y a punto de iniciar el habitual entrenamiento. Adán callaba. Los reunió a todos con una sola palabra en el centro de la plaza y desenrolló su discurso.

El club de futbol Osa de Coronado había muerto. La incapacidad económica de mantenerse en el campeonato nacional de tercera división lo dejó sin aliento, y con un montón de muchachos inquietos por demostrar sus habilidades en el terreno de juego.

Dos meses después, el campeonato sigue y el grupo 7, al que había clasificado Osa, tiene un hueco.

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“No conseguí patrocinadores, no pudimos continuar”, se lamenta Adán Sánchez, quien afirma que, además, muchos de los jugadores se quedaron sin trabajo y no podían ayudar con las cuotas para pagar, cada domingo que jugaban en casa, los ¢100.000 que la subcomisión de arbitraje exige.

Este campeonato de Tercera División está compuesto por 65 equipos de las diferentes regiones futbolísticas en el país –que son, en total, 23–. El torneo es largo, pues la cantidad de equipos obliga a dividirlos en siete equipos por grupo o menos según la región, en una primera fase de la eliminatoria.

De la liguilla clasifican cuatro a diez cuadrangulares, de las cuales, a su vez, sobreviven otros dos mejores equipos. Estos, enfrentarán eliminatorias hasta llegar a la final, y disputar, además del cetro del torneo, el ascenso a la Segunda División del torneo nacional.

Indignación

Al igual que Adán y su equipo coronadeño, Gerardo Delgado y el cuadro limonense de La Francia desertó del campeonato “más que por rebeldía, por indignación”, según comenta.

Delgado confiesa que con su club la situación era particularmente mala. De los diez equipos del grupo de la región atlántica, hicieron dos diferentes.

De ellos, solo dos por grupo clasificaron a la segunda ronda. Así, La Francia no alcanzó la puntuación requerida y se fue a disputar el no descenso.

Pero la gota que derramó el vaso fue cuando un equipo al cual debían enfrentar para defender su puesto en la Primera División de Linafa, fue despachado del torneo por no tener al día la personería jurídica.

El reglamento especifica que solo un equipo desciende en cada torneo diferente, y pese a que el campo requerido del descenso fuera liberado por el equipo descalificado, no se dio ninguna señal de suspender la liga.

La programación de los partidos continuó, lo cual causó disconformidad entre los clubes La Francia y Matina, llevándolos a abandonar completamente el campeonato.

Según piensa Delgado, lo que buscaban era que los equipos generaran más dinero entre partidos para mantener el campeonato funcionando.

“Los organizadores no tienen tanto apoyo y el sustento económico lo damos nosotros con multas y arbitrajes”, manifiesta el dirigente de La Francia.

“Hay que estar jugando ida y vuelta. Entre más largo sea [el torneo], más plata hay [de por medio]”, expresa de forma maliciosa el director técnico del barrio Corazón de Jesús de La Uruca, Armando Molina.

Su escuadra sí ha logrado sobrevivir en el campeonato de primera de Linafa tanto deportiva como económicamente.

Dice él que, para mantener el club, a cada jugador se les dan números para hacer rifas de dinero o de canastas de víveres con tal de asegurar el dinero del arbitraje para cada partido que toque en casa.

Francisco Carballo, encargado de prensa de Linafa, aclara que los fondos percibidos por el campeonato son utilizados para ligas menores, selecciones regionales y capacitaciones a los entrenadores.

Las selecciones regionales las constituyen el grupo de los mejores jugadores de cada una de las 23 zonas geográficas que divide Linafa.

La mayoría de los jóvenes escogidos son tomados en cuenta para jugar en torneos de alto rendimiento. Igual pueden tener la suerte de ser convocados para participar en las selecciones nacionales juveniles.

Las galletas del refrigerio, los hidratantes durante el partido, el botiquín de emergencias, la seguridad y los árbitros, si se juega en casa, o el transporte y los desayunos si es de visita, corren por cuenta de todos los integrantes en la mayoría de los clubes del torneo.

Ninguno recibe mayor salario que sudar la camiseta, la cual irá a dar a una lavandería por ¢2.000.

Mosaico emocional

El BCJ de La Uruca es un veterano en el futbol aficionado. Nació hace 50 años, pero hasta hace tres ingresó a la Liga Nacional. Si no fuera por la ayuda de los comités cantonales y deportivos de la región, no podría subsistir.

“Hemos tocado puertas a todas las empresas de La Uruca, pero entre tanto papeleo que nos piden, nos sale más un gasto que una donación”, asevera Molina, quien se mira agradecido con cualquier ayuda económica que perciba.

A Molina lo mantiene vivo el honor, y al vicepresidente del club, Marlon Mena, la ayuda que brinda a los jóvenes de barrios urbano-marginales.

“Tenemos gente de La Carpio, León XIII, muchachos jóvenes que pueden estar en vicios, pero en lugar de eso van a entrenar”, cuenta Mena.

Según Molina, muchos de los jugadores del equipo saltan a otros más fuertes en Segunda División o en alto rendimiento de Liga Deportiva Alajuelense o el Deportivo Saprissa.

“Si no tuviéramos este incentivo, seguiríamos participando en torneítos de canchas abiertas”, agrega el directivo.

La ilusión amarrada a los tacos la lleva el Deportivo Sheriff, que está un estrato más abajo que el BCJ La Uruca: la tercera división de Linafa.

El Sheriff, de la Ciudadela 25 de Julio, pagó ¢20.000 para entrar a este campeonato y su experiencia de siete años en campeonatos distritales lo motivó a meterse en la pelea por el ascenso a las primeras de Linafa.

“Siempre ganábamos los distritales y nos dijeron que nos metiéramos en algo más serio. Hemos jugado con los equipos de Linafa y a todos les hemos ganado”, confiesa el orgulloso y polifacético Jeffry Pérez, quien además de técnico del equipo, es directivo y hasta jugador.

Pérez es el fundador y proveedor del equipo; él asegura que es gracias a su trabajo y al aporte de sus jugadores como ha llegado a crecer el Deportivo Sheriff, “a pesar de que haya cabrones que a veces no lleven ni los ¢2.000 de la cancha”, dice.

Están de primer lugar a puro coraje, pues nunca entrenan entre semana, y topan con la suerte de que entre ellos mismos se transportan cuando les toca jugar de visita.

Sin complicarse

Así como hay quienes arriesgan y ni sacan cuentas en lo económico –como lo hace el Sheriff–, hay otros que no se incomodan y terminan concluyendo que la fiebre no da para tanto.

Es lo que le pasa al conocido Juan Carlos Charlie Valverde del F.C. Rincón de Río Segundo, Alajuela. Este conjunto futbolero ha decidido mantenerse lejos de los campeonatos de Linafa y se ha dedicado a patear balones no necesariamente de la marca Pioneer. Tampoco está dispuesto a pagar los ¢120.000 por seguridad para los partidos.

Les basta con inscribirse en torneos distritales, como el que se está jugando actualmente en Pavas de Carrizal, Alajuela, por solo ¢60.000. Optan por un premio de ¢300.000 entre otros nueve equipos más.

“En cuanto a los equipos de Linafa que quedan campeones y logran llegar a la Liga de Ascenso, se les da un uniforme completo y un monto económico que se define al final del torneo”, informa el periodista Carballo.

Algunos no temen ni endeudarse ni meter mano en sus propios bolsillos para ofrendar por el club que lleva en los coloridos uniformes, los escudos y los nombres de sus barrios y distritos. Para algunos, el orgullo y el honor puede más que el dinero; para otros, simplemente son malas decisiones.

Los que pierden y los que ganan... así es el futbol.

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