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Una fábrica produce “madera” a partir de desechos plásticos

Actualizado el 01 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

El plástico no posee una vida, sino muchas. Que lo diga la empresa Recyclub, donde a diario se convierten ingentes cantidades de desechos en un particular tipo de “madera”.

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En la planta de reciclaje Recyclub, en los Guido, el proceso empieza cuando el plástico se pone al sol para su lavado y secado.

“¿De dónde sale la madera?”, podría ser una típica pregunta infantil, y la respuesta más simple sería: “De los árboles”. Aunque quizá convendría agregarle que “también... ¡del plástico!”.

Sí, así como lo lee. Desde hace varios años, en Costa Rica se viene produciendo un tipo de material similar a la madera, proveniente de desechos plásticos.

La empresa Recyclub, en Los Guido de Desamparados, da fe de ello. Esta recicladora cuenta con un vasto terreno donde se recupera todo tipo de material reciclable con el fin de generar productos innovadores, como lo es la “madera plástica”.

“Es una forma de evitar que el plástico se deseche en un botadero. Nosotros lo recuperamos, lo molemos y lo utilizamos para hacer madera”, dice Raúl Babbar administrador de Recyclub.

Se trata de una iniciativa ecologista que no solo ayuda a disminuir la cantidad de desechos y la tala de árboles, sino que da empleo a esta zona urbano-marginal de Los Guido.

Trabajo ecoamigable

“Esto me motiva porque siempre me ha gustado trabajar con el reciclaje”, afirma orgullosa la operaria Adriana Guerrero, quien además supervisa el departamento de plásticos, donde empieza el proceso de producción de esta peculiar “madera”.

Guerrero es una de las tantas mujeres que trabajan en Recyclub. Su departamento revisa las clasificaciones de plásticos que 35 personas han separado previamente: los chiclosos, negros, transparentes, de colores, con letras...

Una vez fabricado el nuevo material, la “madera plástica” es almacenada y posteriormente dará vida a diversas estructuras.
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Una vez fabricado el nuevo material, la “madera plástica” es almacenada y posteriormente dará vida a diversas estructuras.

Por allí pasa una mujer morena de un lado a otro. Lleva un cubreboca y va arrastrando una carretilla hidráulica, mientras Adriana se pasea entre los bolsones blancos henchidos de plástico.

“No se saca tanto, pero por lo menos algo va cayendo”, dice otra de las mujeres, refiriéndose al ingreso económico que recibe por estar ocho horas diarias separando plásticos. Ella se llama Marley Martínez y trabaja con su compañero Roberto Jarquín en la recicladora.

Cada uno recibe ¢35.000 por semana. De repente, pasa la señora enmascarada y añade: “Sale a ¡¢60 el kilo! y yo saco ¢37.000”. Acto seguido, sale con su carretilla vacía, se pone debajo de un molino y amarra una enorme bolsa a unos ejes bajo una ranura.

El molino es como una piñata de confeti que se revienta haciendo un estrepitoso ruido y lanzando en diminutas trizas el trabajo de Marley y Roberto.

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La mujer barre lo que cae fuera de la bolsa, mientras espera que esta se llene del confeti plástico triturado por el molino.

Al lado del molino, reposa un gran caldero repleto de esas trizas que pronto serán vaciadas en un máquina que funde todo el plástico, lo mezcla y lo lleva a unos moldes en los que sale cada tabla de madera.

“Con este equipo, tenemos capacidad de hacer 100 tarimas por día. Cuando aumente la demanda, haremos más”, asevera el empresario Babbar para luego precisar que el 50% de la madera procesada en el país se utiliza en tarimas de construcción. Su compañía confecciona 500 de ellas al mes y las envía a empresas como Alimentos Heinz, Polymer, Empresa de Servicios Públicos de Heredia, Hospira y otras más.

Mientras una tarima estándar pesa 15 kilos, las tarimas de Recyclub rondan entre 20 y 30 kilos. El resto de la madera plástica es apilada en anaqueles elaborados del mismo material, de donde serán tomadas los tablones necesarios que el ebanista Luis Jiménez utilizará para desarrollar sus diseños.

A partir de tal materia prima, se crean basureros movibles, mesas de picnic para parques, bancas y hasta cercas para fincas ganaderas. Jiménez lleva año y medio trabajando para Recyclub y sostiene que la demanda es bastante alta: “Se ha estado cotizando mucho todo esto”.

Él asegura que no hay gran diferencia en el proceso de tallado de la madera plástica y el de la madera natural. Lo único que cambia es el peso y la forma de soporte, ya que se usan tornillos de rosca ordinaria de tres pulgadas en los pliegues del producto.

La señora Ileana del Socorro Castro, de 42 años, trabaja en la máquina trituradora de plástico.
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La señora Ileana del Socorro Castro, de 42 años, trabaja en la máquina trituradora de plástico.

Eso sí, el precio es 50% mayor que cualquier mueble de madera natural. Por ejemplo, una tarima de 48x48 cuesta ¢56.100.

“Es un poco más caro, pero lo compensa la durabilidad del producto”, dice Jiménez quien ha aprendido de Babbar que este es un material de fácil mantenimiento, que no requiere pintura, anticorrosivos, ni plaguicidas, que es inmune a insectos y roedores, y que resiste ante toda clase de climas.

El empresario Babbar cuenta que le dio vida a Recyclub gracias a una idea de un primo suyo radicado en India. Este le comentó que a ese país se exportaban miles de toneladas de material reciclado provenientes de acá, un dato aún más relevante cuando se sabe que hoy solo el 12% de los desechos de Costa Rica se reciclan.

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