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La espía enamorada que no quiso matar a Fidel Castro

Actualizado el 19 de julio de 2015 a las 12:00 am

La CIA y el FBI contrataron a Marita Lorenz para acabar con la vida del comandante cubano, pero pudo más el amor, según lo narra su reciente autobiografía

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La espía enamorada que no quiso matar a Fidel Castro

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La persona más indicada para contar la historia de Marita Lorenz es nada más y nada menos que Marita Lorenz.

Su nombre quizá no es muy conocido. No lo fue cuando salió como sobreviviente del campo de concentración de Bergen- Belsen, el mismo donde estuvo Ana Frank.

Su nombre tampoco figuró demasiado cuando entabló una relación con el dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez ni cuando se acercó más de lo debido a la mafia neoyorquina, gracias a la cual conoció a Lee Harvey Oswald, acusado más tarde del asesinato de John F. Kennedy.

Lorenz tampoco es un nombre que resalte en la biografía de Fidel Castro ni en los textos de la Revolución Cubana pero su vida y la del líder del Movimiento 26 de julio en algún momento se cruzaron.

Aquel capítulo en La Habana es el preferido para la autora que el mes pasado lanzó el libro Yo fui la espía que amó al Comandante.

Esta hija de una estadounidense y de un navegante alemán dejó Cuba décadas atrás y, según sus propias palabras, fue en 1981 cuando vio por última vez a Fidel, a quien, asegura, nunca ha dejado de amar.

El capítulo que le da título al texto, sin embargo, comienza en 1959, cuando un barco atracó en la isla caribeña.

Otra embarcación de menor envergadura se acercó pocas horas después del inesperado incidente que dejó en ascuas a la tripulación alemana que iba a bordo.

El mismo Fidel Castro viajaba en aquella barcaza que se aproximó con la intención de averiguar quién iba ahí. Tras una breve conversación desde el bote hasta la lancha, el Comandante pidió permiso para cambiarse de nave.

“Yo fui la espía que mató al Comandante” es el segundo libro que Marita Lorenz escribió sobre su encuentro cercano con Fidel Castro. El texto anterior es del 2001 y se titula “Querido Fidel”.
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“Yo fui la espía que mató al Comandante” es el segundo libro que Marita Lorenz escribió sobre su encuentro cercano con Fidel Castro. El texto anterior es del 2001 y se titula “Querido Fidel”.

Ya en la embarcación Marita Lorenz –entonces de 19 años– y Fidel Castro –de 33– cruzaron miradas por primera vez. “Fue amor a primera vista”, dice ella, quien actualmente tiene 75 y vive en un pequeño apartamento en Baltimore, en Maryland, Estados Unidos, que se financia por ayuda del gobierno local.

En su estrecha casa, Marita Lorenz guarda con un cariño sin par la única fotografía en la que aparecen él y ella, los dos protagonistas de esta historia. Es una imagen que casualmente retrata aquella cita inesperada dentro del barco de su papá.

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En su sala de estar, hay otras imágenes de Fidel, una gran bandera de Cuba enmarcada y un mapa del Caribe en el que no existe la isla donde ella vivió por ocho meses. También hay un afiche de la película de la banda The Doors, autografiada por su director, Oliver Stone.

En un librero hay varios textos sobre Cuba o Fidel.

Delante de ellas hay varias botellas de agua con la imagen de Donald Trump en cada una, según evidencia una galería fotográfica del diario español El País .

Marita Lorenz sigue enamorada de Cuba, donde desearíacontinuar viviendo, pero además sigue apegada al Comandante que, según ella, la llamaba “mi alemanita”.

La muerte que no fue

Las memorias de Lorenz se detienen largo y tendido en un hecho que parece no haber trascendido más allá de una recámara del hotel Habana Libre o, al menos, hasta ahora no era una historia tan conocida.

Quizá el secretismo que envuelve la trama de un asesinato es porque, al final, este no fue tal.

En el mismo año de 1959, la visitante se enamoró del líder de Cuba. Él le correspondió y le dio por casa una habitación de hotel.

Ahí viviría durante ocho meses y ahí mismo, según este libro, fue donde Fidel la dejó embarazada a escasas semanas de que se conocieran. Castro, al enterarse, esperó que el embarazo avanzara pero, finalmente, ordenó drogarla y luego practicarle lo que ella pensó que era un aborto.

“Décadas después supe que mi hijo había nacido y se llamaba Andrés, pero cualquiera imagina lo que es para una madre que le arrebaten a su bebé en una mesa de operaciones y la saquen de Cuba con el vientre vacío”, escribe en sus memorias.

Sin bebé y totalmente traumatizada, volvió a los Estados Unidos, donde la CIA y el FBI ya estaban enterados de su romance con el Comandante a quien pretendían matar. El triste desenlace de aquella historia de amor fue aprovechado por ambos órganos de inteligencia y entonces Marita fue contactada por el agente de la CIA, Frank Fiorini.

En esta imagen la periodista Barbara Walters entrevista a Fidel Castro en La Habana, en 1971.
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En esta imagen la periodista Barbara Walters entrevista a Fidel Castro en La Habana, en 1971.

Poco tiempo después, Lorenz iba de regreso a La Habana con unas píldoras venenosas destinadas a terminar en el estómago de Fidel Castro. Aquella mujer enamorada y desilusionada tenía en sus manos lo que podía darle un cambio de rumbo a la historia de Cuba.

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Tras salir de Miami y llegar al aeropuerto José Martí, la mujer escondió las píldoras en un tarrito de crema facial para que no se las hallaran. Cuando llegó al hotel, las pastillas se habían derretido significativamente hasta fundirse con la crema.

“Al arribar al cuarto las tiré por el bidé y, como no se iban por el desagüe, tuve que empujarlo hasta que desapareció. Entonces, me sentí libre”, cuenta, antes de relatar que Fidel Castro sabía cuáles eran las intenciones que tenía aquella mujer, su primera amante desde que había tomado el poder de la isla.

“Me quedé aterrorizada y a la vez feliz porque no quería matarlo. Aunque estaba atrapada por los americanos, lo amaba”, relata.

Si bien hay registros de otros intentos de asesinato ordenados por el FBI –aunque no de este– Lorenz se regodea de haber abandonado el plan del homicidio a medio camino y todo por causa del amor.

A su hijo, Andrés, lo conoció en 1981, ya formado como doctor. A Fidel –dice– lo vio por última vez en aquella visita a Cuba, pero todavía lo sigue amando.

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