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Un encuentro fraternal fortuito 39 años después

Actualizado el 18 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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Un encuentro fraternal fortuito 39 años después

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Dos mujeres coreanas que fueron separadas durante sus primeros años de vida se reencontraron, de manera fortuita en Estados Unidos, casi 40 años después.

Esa es la premisa de una historia que, por consenso, podría describirse como increíble.

La casualidad desempeña un papel preponderante en este relato y ya se verá por qué. Antes de reencontrarse este año, la última vez en que Meagan Hughes y Holly Hoyle O'Brien habían estado juntas fue en 1976. En aquel momento, sus nombres eran Eun-Sook Shin y Pok-nam Shin y sus progenitores recién se habían separado. La madre se quedó con una de las niñas, y el padre se dejó a la otra.

Una fue dada en adopción tan temprano que ni siquiera tiene recuerdos de la mujer que la parió, mientras que la otra quedó en manos de un orfanato cuando el padre falleció, en 1978.

Ambas fueron adoptadas por familias estadounidenses. Una llegó a vivir a Virginia cuando tenía nueve años, mientras que la otra se crió en Nueva York. Cerca de 480 kilómetros las separaban.

La mayor de las dos hermanas recuerda que, de niña, ya en Estados Unidos, se despertaba de noche llorando por la ausencia de su hermana. Aquello motivó a la madre adoptiva a llamar al orfanato en Corea para preguntar por la niña menor, de quien no había registros.

Las hermanas coreanas confirmaron su relación con una prueba de ADN en agosto pasado; este mes su historia se hizo noticia.
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Las hermanas coreanas confirmaron su relación con una prueba de ADN en agosto pasado; este mes su historia se hizo noticia. (AP)

Sus historias de vida son muy distintas y distantes durante las casi cuatro décadas en que estuvieron separadas, pero este 2015, ambas se reencontrarían sin saber que eran hermanas.

En enero, O’Brien fue contratada como enfermera por el hospital Doctors en Sarasota, en Florida. Dos meses después, Hughes también llegó al mismo piso del centro médico.

En el cuarto nivel de aquel hospital, las dos mujeres de origen coreano se fueron haciendo muy buenas amigas.

Un día notaron que, en Corea, habían llevado el mismo apellido, pero además había varios detalles de su olvidada infancia que las hacía sospechar que quizá había algo más que las unía.

Recientemente, una prueba de ADN confirmó las sospechas que tenían. “Estaba temblando, estaba tan emocionada. En mi corazón sabía que ella estaba en algún lado”, le dijo O’Brien a la prensa estadounidense sobre su recién hallada hermana.

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