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Hasta la coronilla de Navidad en los almacenes

Actualizado el 29 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Diciembre se vende bien desde setiembre. ¿Lo sufren quienes mercadean los artículos de la temporada durante los cuatro meses previos?

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La melodía de Jingle Bells suena en un timbre agudo que emite una de estas vecindades miniatura, recubiertas de nieve plástica. No queda claro si el villancico proviene de la pequeña cabaña con muñequitos en trineo o si es de la estación de trenes de al lado, que parece estar cerrada por el mal clima.

El sonido se oye desde el segundo estante del anaquel del pasillo uno de este almacén chino en pleno San José. También se escucha desde el final del pasillo dos, donde ya no hay adornos navideños, sino vasos y recipientes plásticos de colores fosforescentes, pero la bendita canción parece ser omnipresente.

Después de un rato de dar vueltas sospechosamente por el pequeño negocio de “cherevecos”, la administradora le pide a este periodista que deje de hacer anotaciones en el celular, precisamente cuando apuntaba lo molesto que resultaba aquel pitido.

Jingle Bells era insistente, al igual que las bombillas intermitentes multicolor que ese lunes de setiembre se promocionaban como: “Luces de Navidad a ¢7.500”.

Solo habían pasado 10 minutos y la tonada ya era cansona. ¿Cómo soportarán quienes pasan ocho horas laborales expuestos a la Navidad, y por cuatro meses? Nos lo explicó el empleado de un almacén en Lourdes, de Montes de Oca, uno donde hay “de todo y más”.

Desde agosto está rodeado por botas navideñas, brillantes bolas para árboles, guirnaldas, “san-nicolases” en todos los tamaños y posiciones, pasitos y flores pastoras...

“Uno termina asqueado”, dice sigilosamente para que no lo escuche el jefe. “Cuando llega la navidad ya uno no tiene ilusión porque ya la vio de cerca cuatro meses seguidos. Uno pierde la emotividad y no quiere saber nada más”.

”Uno oye ‘Belén, campanas de...’, y ya me vale un carajo, ¿me entiende?”, agrega, y explica su molestia porque, mientras la clientela disfruta del aguinaldo y los ahorros navideños durante varias semanas, a este empleado le depositan el incentivo navideño casi con la colocación del niñito Jesús en el portal.

Diciembre se vende muy bien en este almacén. Por ahora ofrece los remanentes de la Navidad del 2012, pero en octubre llegará la mercadería gruesa, que se va rápido.

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“Los productos llegan directamente para acomodar los en los pasillos. Es tanta la venta que no da tiempo de guardarlos en la bodega”, dice el ve ndedor.

¡Regocijad!

En otro almacén en San José, la Navidad adelantada más bien le genera alegría a otro vendedor consultado para este artículo.

A este le preocupa poco que la época navideña le reduzca su hora de almuerzo a 30 minutos. Por el contrario, desde ahora anhela el comienzo de la temporada: “Ahí viene la plata. Trabajamos hasta los domingos y hacemos muchas horas extra; yo más bien ya estoy esperando a que empiecen a llegar los contenedores”, comenta el hombre moreno que atiende en este local desde hace cinco años.

En la tienda, cercana al teatro Melico Salazar, se escucha música caribeña, como bachatas y cumbias. Ahí la Navidad “apenas” ocupa a tercera parte de los pasillos.

Por ahora lo que gana en cantidad es la decoración para Halloween: una canasta con tridentes colocada al lado de los colachos cachetones, el recipiente con arañas de hule frente a las tazas con renos jalando trineos..., aunque todavía quedan algunas banderas tricolor que le recuerdan al cliente que aún no se acaba mes de la patria.

A pocas cuadras un muchacho a cargo de la sección de “guardarropía” de otro almacén dice estar acostumbrado a los villancicos durante la jornada laboral, e incluso enciende un muñeco de San Nicolás que se contonea mientras canta “Feliz Navidad, próspero año y felicidad”.

“La Navidad es bonita y no me molesta vivirla por tanto tiempo, pero no voy a negar que uno llega a obstinarse. Al final, uno no le da pelota a lo bonito de la época”, revela.

Ya casi. A octubre le espera una venta más intensa de lo navideño

En esa tienda hay tres pasillos repletos de decoración de temporada: pastoras a ¢1.250, pasitos desde ¢11.950 y hasta ¢84.600, y sonrientes muñecos de nieve a ¢22.900.

Tengamos claro algo: la oferta navideña que comienza desde setiembre tiene su razón de ser, y es que responde a la demanda de la clientela adelantada, previsora o antojada de llevarse los primeros árboles nevados que salen a lucir sus ramas artificiales a las góndolas.

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Estos hasta ahora son el producto decembrino más cotizado, según varios comerciantes consultados. En la lista le siguen las guirnaldas, las luces de árbol y manteles en tonos rojiverdes.

“Dentro de unos días haremos liquidación y van a entrar cosas nuevas. Desde que sacamos la mercadería, el 15 de agosto, se está vendiendo de lo más bien”, dice un joven que sacude una caja con bolas para árbol.

En este almacén –perteneciente a una reconocida cadena– todavía no han puesto a sonar los discos de villancicos pero los apartados navideños llegaron desde hace rato.

Una dependiente del piso de juguetes confirma que los papás ya empezaron a hacer las compras para sus hijos, llevándose muñecos, juegos de mesa y ropa. Los juguetes más caros, como carros a control remoto, se reservan con la modalidad de apartados virtuales desde agosto con miras a diciembre, pero sobre estos gastos en compras hablaremos en enero.

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