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El clima, testigo y aliado en los estrados judiciales

Actualizado el 21 de julio de 2013 a las 12:00 am

La ciencia meteorológica se convierte en una aliada vital a la hora de resolver trágicos crímenes, aunque también se apunta como notaria de hechos más pueriles.

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(José Ferrer)

Una tormenta durante un asesinato es solo un condimento dramático si miramos un filme policiaco. Para una investigación forense es mucho más. Conocer el dato de la intensidad, la duración y el lugar exacto en que ocurrió la tormenta, es información vital para dibujar la línea de puntos que podría llevar a la captura del asesino.

Al Instituto Meteorológico Nacional (IMN) llama gente preguntando por el futuro. “¿Lloverá hoy en la tarde?” , “¿será propicia tal fecha para hacer un quinceaños al aire libre?” , “¿será que hoy puedo colgar los edredones para secarlos?”. Sin embargo, parte de las requisiciones más interesantes tienen que ver con el pasado: cómo estuvo el tiempo cuando ocurrió aquel accidente de tránsito, aquel avionetazo, aquel asesinato. Aquella es la intersección entre la ciencia del clima y la crónica roja.

Dicen que entre cielo y tierra no hay nada oculto. La atmósfera es testigo estelar.

Bichos

“La meteorología es pan de cada día para la entomología forense”, afirma el biólogo y perito del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), John Vargas.

Él es especialista en analizar el ciclo de vida de los insectos que colonizan los cuerpos de las víctimas de muertes violentas. Vargas explica que la deposición de huevecillos de mosca, por ejemplo, es casi inmediata una vez que una persona muere. Eso sí, los insectos casi solo colonizan con la luz del día, por lo que para una muerte ocurrida por la noche, el ciclo de la larva empezaría en la mañana posterior al crimen. Conocer este dato suele reducir el momento probable de la muerte a un rango de 24 horas.

No obstante, el ciclo de vida de las larvas varía según la temperatura ambiental. Vargas explica que no es igual el desarrollo de una larva de mosca que está en Alajuela –ubicada a 900 metros de altitud– que uno de una larva que está a 1.600 metros, como en el caso de algunas zonas de Coronado. Por ello es necesario conocer cuál fue la temperatura en la zona del asesinato para determinar con cuánta rapidez se desarrolló la larva que se recoge en los cuerpos.

El 31 de julio de 1994, los restos de Ciro Monge Mena, de 39 años de edad, fueron encontrados en un barranco a seis kilómetros del túnel Zurquí. No existía ninguna estación meteorológica cercana con la que se pudiera determinar la temperatura del lugar. Por ello, tampoco se podía saber con cuánta celeridad se habían desarrollado las larvas en el cuerpo del difunto. Ante esta falta de datos meteorológicos, los funcionarios del IMN realizaron mediciones posteriores de temperaturas máximas y mínimas en la zona para calcular cuándo habían colonizado el cuerpo los insectos y, por ende, una fecha más precisa sobre cuándo pudo haber fallecido Monge.

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La investigación forense determinó que el crimen se había ejecutado entre el 27 y el 29 de julio, y por él fueron condenados varios exagentes del OIJ de Siquirres.

Mensualmente, el OIJ hace un promedio de siete solicitudes al Meteorológico. En ellas se piden variables de temperatura (la más importante), humedad (solo relevante en condiciones extremas) y precipitación. Este último valor es muy importante pues los insectos no suelen salir a colonizar cuerpos en descomposición cuando hay lluvia.

Esta última variable fue muy relevante en el sonado caso del asesinato de Maureen Hidalgo, cuyo cadáver fue hallado el 16 de julio del 2006 en un barranco en Las Vueltas de Macho Chingo, en Atenas, Alajuela. Su esposo, el defensor público Luis Fernando Burgos, asesinó a Hidalgo el 11 de julio y mantuvo el cuerpo envuelto en bolsas plásticas por tres días.

A diferencia del caso de Ciro Monge, cerca de Atenas había tres estaciones meteorológicas cuyos datos eran coincidentes: aquella semana hubo un temporal que evitó que los insectos colonizaran el cuerpo hasta el 14 de julio, durante un breve periodo seco. La sólida información científica respaldó las hipótesis de la Fiscalía, lo que resultó en la condena de Burgos.

Luz en el crimen

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(José Ferrer)
Si bien la entomología forense es una de las disciplinas que más recurre a la meteorología forense, las mediciones climáticas también han dado otro tipo indicios en casos criminales.

El cuerpo de la peruana Marilyn Paz Bernedo, de 29 años de edad, fue encontrado en un cafetal en Birrisito de Paraíso, en Cartago, el 11 de abril del 2009. El principal sospechoso del crimen era su esposo, Jonathan Araya. El cadáver de Paz apareció muy quemado por el sol, lo que reveló que el cuerpo había pasado mucho tiempo a la intemperie. Por ello, el OIJ solicitó al Instituto Meteorológico un examen de brillo solar, y los resultados de este examen habrían confirmado que la muerte se produjo en tempranas horas de la mañana del 10 de abril. Finalmente, el cónyuge fue condenado por el asesinato.

María Cristina Araya, jefa del Departamento de Información y Comercialización del IMN, recuerda el caso de una mujer en Puntarenas quien supuestamente había sido testigo de un crimen. El hecho ocurrió a las 4 de la madrugada y la supuesta testigo estaba a cientos de metros de la escena. Se le solicitó al Instituto la información sobre la salida del sol, así como las condiciones de luz a la hora del crimen. Se determinó que antes de las 5 a. m. predomina la penumbra, por lo que solo es posible distinguir siluetas, y no rasgos definidos.

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Para otra ocasión, Araya –quien es geógrafa física con una especialidad en climatología– recuerda que se les pidieron datos sobre las condiciones de neblina en las inmediaciones del aeropuerto Juan Santamaría. Allí había ocurrido un atropello, y según el conductor se habría producido por la falta de visibilidad. El Instituto determinó que, efectivamente, la neblina fue tan espesa en aquella ocasión que incluso se cerró el aeropuerto.

Por razones obvias, la información meteorológica es vital para la aeronáutica. De esta misma forma, también es una fuente elemental para determinar las causas de accidentes aéreos. Por ejemplo, el 15 de enero de 1990, el país se estremeció cuando conoció el accidente de una aeronave de Sansa que quedó insertada en las estribaciones del cerro Cedral, en Palmichal, de Acosta. Los 23 ocupantes perecieron.

Datos del IMN nutrieron una investigación de Aviación Civil que señala que la tripulación nunca solicitó la información meteorológica de prevuelo. Las condiciones eran muy buenas, pero justo en el sitio del accidente no había visibilidad.

Según un reporte de la Red de Seguridad de Aviación, se habría determinado que la causa del accidente fue el no haber cumplido con el plan de vuelo propuesto inicialmente al Control de Tránsito Aéreo.

Otros solicitantes

El OIJ y Aviación Civil son los principales “clientes” del Departamiento de Información del IMN, pero sus funcionarios también están acostumbrados a recibir otros solicitantes.

Por ejemplo, el departamento es visitado por constructoras que no pueden cumplir un plazo y que requieren una certificación para solicitar una prórroga del contrato pues supuestamente no pudieron terminar las obras debido al clima.

Alguna vez, un hombre les solicitó un “certificado de tornado”, pues su casa supuestamente habría perdido el techo a causa de uno. El IMN no pudo detectar ninguna anormalidad en las condiciones del clima y, por el contrario, una investigación posterior sugería que la vivienda tenía el techo en muy mal estado y que simplemente colapsó.

“Hay mucha gente que desea que se le extiendan certificaciones por lo que quiere, cuando nosotros solo nos podemos atener a lo que existe”, aclara Araya.

El IMN incluso extiende certificaciones por rayería si es que usted perdió un electrodoméstico debido a un cambio de corriente provocado por tormenta eléctrica. Así podrá interponer un reclamo ante la compañía de suministro eléctrico.

El registro meteorológico da fe de las pequeñeces de la vida y de las tragedias de la muerte. Aquí no hay memorias borrosas ni testimonios amañados. ¿Qué pasó ayer? Que responda la madre naturaleza.

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