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Un clan reinventó a Depeche Mode

Actualizado el 10 de junio de 2012 a las 12:00 am

El ‘cover’ casero de unos niños con su padre, en Colombia, causó un FENÓMENO VIRAL en Internet.

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Un clan reinventó a Depeche Mode

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El estudio de DMK, la debutante banda bogotana que ha llamado la atención alrededor del mundo, es un tanto estrecho.

A decir verdad, ocupa el baño de sus dos integrantes más jóvenes: Milah, de 8 años, y Korben, de 5.

De sus covers de Depeche Mode –la famosa banda británica de música electrónica– se habla alrededor del mundo y hasta Perez Hilton –uno de los blogueros más importantes de Estados Unidos–, Oprah Winfrey –la reina del talk show–, CBS News, Suitecase Magazine (Italia) y el diario inglés The Guardian les han dedicado notas.

En su casa del barrio El Chicó, una ciudad asentada en los apacibles cerros orientales al norte de Bogotá, Colombia, caracterizada por sus altos edificios de ladrillo rojizo y una ciclovía entre árboles, no hay costosos equipos... pero tampoco los necesitan.

Depeche Mode tiene sintetizadores, samplers y amplificadores que valen miles de dólares. Para DMK es suficiente con un teclado Yamaha PSR 150 (el mismo que Dicken Schrader, el padre de Milah y Korben, recibió en 1994 como regalo de cumpleaños), un cazú (instrumento de viento), un pequeño xilófono y algunos objetos convencionales: un rallador de queso, un rociador de agua, unas tijeras, una botella de Coca Cola, una pandereta de juguete, la maraca que les salió en una piñata, una lata, un baldecito...

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La travesura de un amoroso padre, quien soñaba con dejar para la posteridad un video con sus hijos “para que cuando crezcan, puedan verse de chiquitos haciendo algo divertido con el papá”, se convirtió, por medio de YouTube, en un fenómeno viral que alteró sus vidas.

Everything Counts, su tercera producción casera, les dio el inesperado salto a la fama. Dicken Schrader lo subió a la red el 22 de diciembre del 2011.

“Nos tomó por sorpresa. Lo hicimos (el video) para entretener a la familia y a los amigos, y se disparó de forma astronómica”, cuenta Dicken; “un fin de semana de enero llegamos a 50.000 hits (visitas) y ya para el lunes llevábamos un millón”.

“Fue increíble y de pronto muy divertido hacer una búsqueda en Google y ver que 30 páginas hablan de ti. Es divertido ver tu nombre escrito en griego, japonés, ruso...”.

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Un juego de niños

¡ Y vaya que esta familia sabe divertirse!

En sus dos primeros videosShake the Desease y Strange Love –, los niños no solo interactúan con el padre al crear música; también le tapan los ojos, le rocían la cara con agua y le colocan prensapapeles en los labios, todo en el vano intento por romper su concentración.

El músico celebra sus ocurrencias con abrazos y besos. Mientras caminan por las calles cercanas a su edificio, los niños esperan que alguien los reconozca... y eso es cada vez más frecuente.

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Dicken insiste en que DMK (iniciales de Dicken feat Milah and Korben) es una travesura “y espero que nunca deje de serlo”, pero sabe que cada día “la cosa se pone más seria”.

Everything Counts se acerca a 1,4 millones de visitaciones. “De repente nos invitan a un programa de la televisión en España (el Sonar Kids 2012) y a festivales de música (como uno en Kazajstán) para tocar en vivo. Yo quiero mantener siempre el sentido de que es una travesura. Esto lo hacemos para divertirnos; no quiero que se convierta en una obligación para los niños; que se pierdan su niñez. Mientras uno vea que se divierten, todo bien”.

¿Por qué han causado tanto revuelo sus videos? Quizás por la ternura que inspira Korben, la coquetería de Milah o por el padre que hace gala de su virtuosismo musical para divertirse en familia.

Dicken aprendió a tocar de forma autodidacta y no cree ser un músico extraordinario. “Nunca tomé una clase de música en mi vida. Yo ahora podría ser un muy buen músico”.

Es generoso en sonrisas y sus ojos se llenan de brillo al hablar de sus hijos. El amor que les profesa destila por sus poros. Mientras repaso sus fotografías familiares (en las que se disfrazan o simplemente salen a jugar al parque), no dejo de pensar en que estoy frente a un papá genial, aquel que con amor musicalizó, ilustró y editó el videoTumba la Granja para enseñar a su hija Milah la tablas de multiplicar.

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Para Dicken, los videos son solo una faceta más de su rol como padre.

Se sorprende cuando le pregunto si se considera un papá extraordinario. “Nadie es perfecto. Espero estar haciendo lo correcto en la paternidad. Es importantísimo pasar tiempo con ellos. Hay que encontrar el momento para estar con los hijos. Vivimos en una sociedad complicada. Uno entiende a los papás hasta el día en que tiene un hijo”.

Creatividad desbordada

Dicken Schrader y Carolina D’ Lacoste, la madre de los niños, son espíritus libres, enemigos acérrimos de la rutina y el tedio. Y han contagiado a sus hijos Milah y Korben con el virus de la creatividad.

El papá y líder de la banda es, en su vida cotidiana, productor y director creativo. Mientras vivió en Estados Unidos, produjo las promociones de las cadenas internacionales VH1 y MTV.

“Siempre he sentido la necesidad de expresarme artísticamente. Es lo que me distrae de la vida. Tengo casi 20 años de carrera tratando de hacer algo por lo que sea reconocido.

“Se me han ocurrido mil ideas: programas de televisión, de Internet; de todo... Yo trabajaba para pegarla en grande profesionalmente y se me vino a dar por lo que hago con mis hijos como un juego”.

Carolina D’Lacoste, la mamá, es una reconocida diseñadora de modas, dueña de la firma bogotana Maison Finch. Viste a grupos de rock y, en este momento, confecciona el vestuario de una telenovela. Y, claro, es la estilista de DMK.

Mientras hablo con Dicken vía Skype, Korben y Milah duermen en una habitación cercana. Siento muchos deseos de conocerlos, pero han llegado cansados de la escuela y el sueño los ha vencido. ¡Será otro día!

De repente me invaden las ganas de desempolvar mis viejos discos de Depeche Mode, olvidados en algún rincón.

A mi hijo Juan Pablo, para quien a sus tiernos 2 años cualquier superficie es un tambor, podrían gustarle y quizá a la vuelta de un par de años... revistadominical@nacion.com

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