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La ciudad de Pascall

Actualizado el 10 de marzo de 2013 a las 12:00 am

¿Dónde nace la euforia de Limón por Carlos Pascall? Una historia de crimen, castigo y absolución que APASIONA A UN PUEBLO.

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La ciudad de Pascall

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El hombre que mira el partido solo, en el rincón más alejado del palco VIP, es Carlos Pascall. Hace menos de una semana que salió de la cárcel y hace poco le han dedicado un sonado aplauso por su regreso. Es una noche fresca de jueves en el estadio Juan Gobán, de la ciudad portuaria de Limón.

En unos minutos, la boxeadora costarricense Hanna Gabriels perderá su título mundial en San José, pero eso todavía los limonenses no lo saben. El estadio se encuentra semivacío porque la afición debió escoger entre apoyar a la púgil frente al televisor o al equipo de futbol local en el estadio.

El mismo Pascall dudó por un momento entre las dos opciones; pero está aquí, en un partido que sí es apto para enfermos del corazón. Después de todo, sería mal visto que el presidente del Limón F. C. estuviera ausente.

Un extraño que fuera depositado en este momento en el estadio jamás pensaría que ese señor tan frío para mirar futbol enciende una emoción incandescente en la ciudad.

Su encarcelamiento fue como un sunami para Limón. ¿Su liberación? Un carnaval.

‘Team’ Pascall

“¿Usted sabe que él fue beisbolista?”, pregunta Ronald Babb. Limón es ciudad de deportistas, y el que Pascall haya sido pelotero es un dato de primer orden para Babb, quien fue futbolista de Limón en 1976.

El día que liberaron al empresario, el 19 de febrero, Babb no había visto noticias. “Yo estaba en la parada de buses Caribeños y escuché una caravana de taxis pitando”.

Aquella tarde, el tribunal de apelaciones ordenó una liberación. Pascall había sido condenado a 12 años de prisión por lavado de dinero producto del contrabando de cigarrillos en Estados Unidos. El autor del fraude fue su hermano Rodney Morrison, quien depositó en las cuentas de Carlos unos $16 millones.

Pascall apeló con éxito tras cumplir 18 meses de condena. El tribunal dijo que el delito atribuido no era considerado como tal cuando ocurrieron los hechos.

La ciudad reventó. La gente no cupo en el estadio Juan Gobán, donde tuvo una bienvenida de apenas 15 minutos, antes de que Pascall diera las gracias y huyera a su casa de la que lo habían sacado esposado.

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Babb explica el cariño de la gente con un argumento repetitivo: “Hay un déficit de empleo y lo que él vino a hacer fue levantar a las familias”. Lo mismo dijo el actual jugador del Limón F. C., Helliut Farrier. “Pascall es una de las pocas personas que aporta esperanza a los trabajadores..., y a los jugadores, porque el futbol también es un trabajo”.

Federico Darbey tiene un nieto de cuatro años que asiste a las ligas infantiles de béisbol fundadas por el empresario: “Es una persona que ha venido a ayudar, a rescatar a los jóvenes”.

{^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-03-10/RevistaDominical/Articulos/RD10-PASCALL/RD10-PASCALL-quote|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} “Ni los negritos que han sido diputados le dieron nada a Limón, y él, que es un ‘ pata’l suelo’, ha ayudado más”, dice la vendedora de lotería Dianora Márquez. Teresa Rodríguez, una vendedora de frutas y verduras, se limita a suspirar: “¡Ay, tan lindo, mi amor...!”

Roberto Foster, un rapero nacido en Limón compuso el tema Carlos Pascall, el cual canta bajo el seudónimo de Znatra junto con Jay-D (Jerson Calderón): Condenaron a Pascall / y le robaron la paz / a este pueblo de Limón / que solo quiere avanzar .

Un hombre solo

Carlos Howden Pascall tiene unos dedos larguísimos que se mueven pesadamente cuando responde preguntas. Posee el acento de un niño que emigró a Estados Unidos a los siete años de edad y el de un hombre que regresó a los 36. A sus 52 años, el bilinguismo de la costa atlántica lo ha dejado hacer una vida en Costa Rica con un castellano tropezado.

Cuando salió de prisión, él habría preferido ir directamente a casa, con su esposa y sus dos hijos; y pasar de aquel recibimiento masivo. “Cuando Limón hace las cosas bien, nadie lo nota; pero cuando en Limón ocurre una marcha, y alguien empieza a tirar piedras, todos hablan de eso. Yo no quería que dijeran: ‘Ve, Pascall es el líder de algo demente’”.

El cantón de Limón tiene poco más de 60.000 habitantes. Seguramente que habrá quien no tenga una palabra cariñosa para Pascall. Sin embargo, la Revista Dominical recorrió la ciudad y descubrió cómo, siempre, los vecinos cierran filas para defender al empresario.

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“Creo que eso tiene que ver con que yo nunca pido nada, y creo que después del encarcelamiento mío, la gente piensa que se perdió el trabajo. Yo no pienso eso, pero la gente lo ve así”.

En realidad, datos generales para la provincia de Limón indican que el desempleo disminuyó en los últimos años: en el 2011 era de un 10,8% y en el 2012 se redujo a 7,4%. El mismo dato no está disponible para la cabecera de provincia, pero los limonenses perciben que la situación ha empeorado.

Pascall dice que, en su momento de prosperidad, empleó directamente a unas 300 personas, y que unas 200 más eran trabajadores de empresas que dependían de las suyas. Hoy informa que el número de sus trabajadores no llega a 15.

Entre los negocios que debió cerrar están seis sodas, un restaurante, una discoteca y un supermercado. Su hotel opera con menos empleados y, su gran orgullo –el restaurante Reina’s –, pasó de tener 30 trabajadores a únicamente tres.

“Me siento con verguenza de verlo como está ahora, porque Reina’s era the talk of the town , era el lugar de Limón”.

Fernando Simpson, de 41 años, es uno de los trabajadores que se quedó en Reina’s. Él fue jefe de saloneros, y recuerda a un Pascall siempre paternal.

“Don Carlos llegó al día siguiente (de su liberación) y nos dijo, en son de broma, que él ahora no era el mismo, que le diéramos tiempo porque ahora él es un limpio como nosotros”.

‘Algo necesario’

Al margen de la generación de empleo, Pascall también recoge simpatías por sus proyectos sociales.

Limón 2000 es una comunidad que recurrentemente aparece en las páginas rojas. Es uno de los barrios con mayor fama de violencia en el cantón.

En el 2011, alrededor de 35 estudiantes de la escuela de la comunidad recibían una beca de Pascall por ¢22.400 mensuales. Con eso, podrían pagarse los pasajes de autobús para ir a los entrenamientos de ligas menores de lunes a domingo.

“Limón 2000 no tiene ni una cancha ni un play para los niños; esa ayuda era la única oportunidad que tenían esos muchachos”, cuenta Nancy Tejada, asistente de la dirección de la Escuela Limón 2000. Agrega que Pascall también donó útiles escolares para unos mil estudiantes del centro educativo.

La anécdota no es la única de su tipo, pero Pascall se niega a hacer la suma.

“Yo no ando llevando cuentas de si gasté tanto para aquella escuela y así decir: ‘¿Sabe qué? Yo invertí... mil millones de dólares en Costa Rica’. Eso para mí es defeat the purpose (atentar contra el propósito inicial). Yo no busco eso, solo sentía que era algo necesario y lo hice”.

Cuando se le pregunta cómo definir lo que la gente de Limón siente por él, dice: “Antes de mi detención, yo creo que la gente me respetaba, porque era lo que yo le daba a la gente: respeto. Pero después de todo esto que pasó, yo creo que la gente siente admiración”.

Pequeña celebridad

El cariño de la gente no se explica con sus hábitos sociales. El empresario revela que en cada lugar donde ha vivido solamente ha tenido un amigo. Limón ha sido una excepción: aquí tiene tres. Esta ciudad lo ha convertido en una persona introvertida que convoca multitudes.

Parte de ello se lo debe a Lindell Rouse, el gerente del Limón F. C., y uno de sus tres amigos. Pascall cuenta que fue él quien organizó su bienvenida a Limón. “Yo le dije: ‘Lindell, yo no estoy para eso’”. Rouse lo contradice, y afirma que la gente se organizó sola: “En realidad, yo sé que a él no le gusta eso, pero el pueblo lo quiere mucho, y por lo tanto, no pude decirle que no podía estar ahí (para recibirlo)”.

En otra ocasión, Rouse organizó un evento que hizo que todo el público del Juan Gobán se quedara en sus asientos durante el medio tiempo de un partido: una carrera entre Pascall y la atleta limonense Sharolin Scott. La corredora le dio ventaja al empresario, y él ganó sobradamente.

No sería una mala hipótesis pensar que la popularidad de un hombre tan propenso a la soledad se ha acelerado por la intervención de un amigo que, informalmente, le ayuda como relacionista público.

El proceso

Después de la liberación de Pascall, la Fiscalía contraatacó : pidió una revisión de la decisión del tribunal de apelaciones. “Continuamos creyendo con toda seguridad que durante la etapa de debate presentamos suficientes elementos de prueba para acreditar los delitos incluidos dentro de la acusación”, declaró en febrero pasado la vocera de Fiscalía. El proceso hace que los bienes del empresario sigan embargados.

Los limonenses esperan el regreso económico de Pascall. Muchos de ellos reconocen que él les dio empleo a algunos jóvenes con antecedentes penales. Este es un gesto simbólico en una ciudad que es percibida como insegura, una fama que Pascall repudia. “Le voy a echar la culpa a ustedes (los periodistas). Cuando cosas malas pasan en Limón, toda la prensa está aquí. ¿Qué ve la gente?: violencia en Limón, violencia en Limón, que Limón no hace nada bueno. Eso me molesta mucho”.

De hecho, al igual que los indicadores económicos, algunos índices de seguridad han mejorado. Durante el primer bimestre del 2012 se registraron 12 homicidios en el cantón, mientras que, en el mismo período de este año, hubo cuatro.

Al igual que Pascall, Limón es una ciudad de paradojas. Por sus muelles pasa el 90% de las importaciones del país pero sus pobladores resienten el rezago del cantón. Es también una región que ha dado algunos de los más brillantes deportistas del país, pero su equipo de futbol es el último de la tabla.

Pascall creó la escuela de ligas menores de béisbol, y luego formó la de futbol. Ante el éxito de ambos proyectos, terminó aceptando, a regañadientes, la presidencia del Limón F. C., y bajo su mando, el equipo ascendió a primera división.

Sin embargo, él ha confesado que no entiende futbol.

La noche del primer partido en Limón tras su regreso, el presidente del equipo local responde afectuosamente a quien lo saluda. También ve el encuentro, inmutable y solo, en el extremo del palco. Cuando su equipo anota el único tanto del partido, revienta de contento. Se alegra con la alegría de la gente.

La costa atlántica no es ajena a historias de grandes regresos. El documentalista Luciano Capelli supo relatar la espera de los abuelos limonenses por Marcus Garvey: el osado empresario mercante negro de la primera mitad del siglo XX que prometió volver algún día a los pueblos del Caribe para devolver a sus gentes a una África idílica. Aquel barco nunca llegó.

La historia de crimen, castigo y absolución de Carlos Pascall parece un relato apropiado para el Limón moderno: la ciudad que odia su fama –exagerada, según su gente– de ser una eterna escena del crimen. ¿Qué mejor historia para esta ciudad que la de un hombre que también fue dado por criminal? Los 18 meses que purgó Pascall en prisión son un símil demasiado tentador para unos vecinos que se sienten injustamente castigados por el Gobierno, por la prensa, por la historia.

La ciudad no se ha ido a ningún sitio, pero su gente también quiere ver a Limón teniendo su propio regreso triunfal.

Colaboró la corresponsal Jéssica Salazar

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