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El círculo de la vida en el rock ’n roll

Actualizado el 11 de agosto de 2013 a las 12:00 am

“Es mejor levantarse que desaparecer”. Courtney Love

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El círculo de la vida en el rock ’n roll

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Cuando Kurt Cobain quiso titular el tercer disco de Nirvana I hate myself and I want to die (“Me odio y quiero morir”) su compañero en el bajo, Krist Novoselic, lo convenció de que era una mala idea. Aunque Cobain pretendía molestar con un poco de humor negro, estaba claro que el mensaje podía fácilmente malinterpretarse. El álbum terminó llamándose In Utero (1993), descartando no solo el macabro título, sino también la canción homónima . El tema, sin embargo, encontró espacio un par de meses después dentro de un mediocre compilado que la disquera Geffen editó bajo el título The Beavis and Butt-head Experience.

Ilustración de Dominick Baltodano para La Nación
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Ilustración de Dominick Baltodano para La Nación

Amparado en el éxito de la fábula de MTV y de las bandas agrupadas (Red Hot Chili Peppers, Aerosmith, Megadeth, etcétera) el disco llegó a millones de oídos, en cuenta los de Noel Gallagher, guitarrista y compositor de Oasis, grupo del cual entonces nadie sabía nada, pero que estaba a solo meses de explotar.

Live Forever (“Vivir por siempre”) fue la canción que introdujo a los hermanos Gallagher al mundo en 1994. Noel había trabajado por años en el tema, pero fue gracias a I hate myself and I want to die que encontró inspiración para la letra definitiva: “Pensé, maldita sea, ¡los chicos no necesitan escuchar esta tontería! Me parecía absurdo que un tipo que lo tenía todo fuera tan miserable. ¡Nosotros no teníamos nada! Y aun así yo pensaba que despertarme cada día era lo mejor del mundo”.

Cobain terminó suicidándose menos de un año después del lanzamiento de la infame canción, mientras que Noel hoy disfruta de sus cuarentas con la más ordinaria vida familiar, libre de drogas, cantando y componiendo lo que él quiere cantar y componer, no lo que se supone que debería cantar y componer.

Hay quien encuentra ridículo esto y recurre a la mofa automática: “el tipo no es ni la sombra de su gloria”. En ese bando suelen estar quienes glorifican las palabras de Neil Young en Hey Hey, My My (Into the Black) que Cobain citara en su carta de suicidio: “It's better to burn out than to fade away” (“ Es mejor quemarse que desvanecerse lentamente ”).

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Ese glamour que algunos encuentran en la muerte temprana me horroriza. Ya lo decía John Lennon en 1980 a Playboy , aludiendo precisamente a la frase de Young: “La odio. No aprecio la adoración de Sid Vicious, James Dean o Jim Morrison... me parece basura. Yo venero a los que sobrevivieron, Gloria Swanson, Greta Garbo... Me quedo con los vivos y los saludables”.

Pocos meses después, un desquiciado le disparó cuatro veces a Lennon y lo obligó a formar parte de ese club de muertos jóvenes y bonitos que tanto despreciaba: están los que se dejan ir y están los que no tienen más remedio que irse. También están los que se quedan tanto como pueden; se caen y se levantan hasta que el cuerpo aguante.

Neil Young tiene hoy 67 años, sobrevivió a un aneurisma y una hemorragia interna de la arteria femoral, pero sigue interpretando Hey Hey, My My (Into the Black) en sus conciertos. Eternamente afectado por el guiño que hiciera Cobain a su tema, siempre hace un especial énfasis en la verdadera frase clave de la canción: “Once you’re gone you can’t come back” (“Una vez que te has ido, ya no puedes regresar...”).

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