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De cazador a protector de pájaros

Actualizado el 03 de junio de 2012 a las 12:00 am

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De cazador a protector de pájaros

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Nanegalito, Ecuador (AFP) - ¡Shakira, Shakira!, llama Ángel Paz a uno de sus pájaros mimados que se oculta en la espesura de un bosque del norte de Ecuador, país que alberga la sexta parte de las especies de aves del planeta y destino obligado del turismo ornitológico.

Antiguo cazador, Ángel, un campesino de 47 años, decidió en 2005 no volver a matar pájaros y hacerse su amigo, cuando descubrió que apasionados observadores de aves alrededor del mundo estaban dispuestos a pagar por entrar a su reserva privada en Nanegalito (90 km al norte de Quito) para conocerlos.

Fue una labor paciente que consistió en ganarse la confianza de los animales dándoles alimento y un nombre por el cual los llama para que salgan de los matorrales y deleiten a sus admiradores.

Así surgieron Shakira –una gralaria (antpitta) a la que dio ese nombre por la manera que mueve la cola–, y también María, Susana, Willi, Panchito y Tomás, aves exóticas que habitan este bosque húmedo de 25 hectáreas a 1.400 metros de altura, hogar de unas 220 especies a las que premia con frutas y lombrices.

"Antes los cazaba, ahora son mi adoración porque los protejo, les doy de comer, y ellos le dan de comer a mi familia", dice Ángel, quien imita los sonidos de unas 100 especies para atraerlas.

Seis meses después de iniciado el proyecto, el refugio Paz de las Aves comenzó a recibir visitas de estadounidenses, ingleses, canadienses, japoneses e indios.

Ornitólogos y observadores (también llamados 'pajareros') coinciden en que Ecuador es un paraíso para la observación de aves al albergar unas 1.630 especies, la sexta parte de todas las que existen en el mundo, según el ministerio de Turismo, cifra que excede las 900 registradas en Norteamérica.

Además, el país acoge a 130 tipos de colibríes, un 42% de los 300 documentados en América, único continente donde viven, de acuerdo con el especialista en pájaros Roberto Cedeño, de 42 años y dedicado hace 24 a la observación y guía de aficionados.

Esta biodiversidad es posible por microclimas que se originan en una gran variedad de pisos térmicos, que incluyen bosque húmedo tropical, nublado, páramos y nieves perpetuas, explica Cedeño.

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Algunas de esas especies son únicas, como el periquito de El Oro (pyrrhura orcesi) o el zamarrito pechinegro (eriocnemis nigrivestis), un colibrí en peligro de extinción que se puede observar en la reserva de Angel junto con otras 22 clases de picaflores, como el cola de raqueta y el bunga, uno de los más pequeños del mundo.

Basta un minuto para que cinco de esas especies de colibríes aparezcan en un espectáculo multicolor y acrobático alrededor de los bebederos en los que incrustan sus picos de aguja.

Otro número de este espectáculo lo ofrecen las aves que se congregan a comer alrededor de plataformas puestas entre los árboles, donde Ángel les acomoda plátanos, uvas y capulíes.

Entre los comensales hay tangaras de montaña -tanto de garganta negra como de ala azul-, tucanes, pavas salvajes que alborotan a los otros por su tosquedad, gorriones y palomas perdiz de garganta blanca. No lejos de allí, también búhos y pihas olivácea (snowornis cryptolophus).

Cuando casi finaliza el banquete aparece una pareja de olingos, mamíferos con cola de mono y cara de oso, para llevarse las sobras, mientras que a unos metros el deleite lo ofrece Shakira.

Las gralarias gigantes (giant antpitta) como María le dieron realce al refugio pero costó más trabajo contactarlas, evoca Ángel, al mostrar a Alfred Raab, un "pajarero" canadiense, la corcovado dorsiosuro (dark-backed wood quail), una especie terrestre que asoma raras veces y que exhibe como uno de sus grandes logros.

El campesino cuenta que a un observador le puede tomar días ver el ave que busca para sumarla a su lista. En tanto, Cedeño refiere que el aviturismo ha crecido exponencialmente en Ecuador, convirtiéndose en un negocio atractivo en el que un viajero gasta en promedio $2.500, sin contar los pasajes.

Este es el caso de Raab, un jubilado de 66 años, quien realiza un tour de 12 días, incluida la Amazonía, a un costo de $3.000.

Solo un guía cobra hasta $200 diarios, pero esa cantidad no preocupa a una afición que en Estados Unidos e Inglaterra ha llegado a crear clubes.

"Las aves son joyas en el bosque, y hay gente que en vez de estampillas colecciona observaciones de estos tesoros", sostiene Cedeño, quien por cábala no revela el tamaño de su colección.

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