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Un cañero amansa el cuero

Actualizado el 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Muchos personajes han salido con su montura gracias a las HABILIDOSAS MANOS DE LEONIDAS ALVARADO,el talabartero más famoso de Cañas.

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Para Leonidas Alvarado casi fue una bendición que una vagoneta le pasara por encima. Lo que un inicio fue visto como la mayor desgracia, hoy lo ha convertido en el talabartero preferido de cuanto mandatario visite el país o Guanacaste.

No hay uno solo que se vaya sin haber recibido antes alguna albarda o cutacha en miniatura cuidadosamente elaborada en cuero por las manos de quien antes se dedicó a las rudas tareas de la construcción.

Ya han pasado 16 años desde el accidente que lo mandó al hospital durante más de un mes y le dejó como secuela la imposibilidad de subir una escalera o brincarse un zanjón.

En una de las callejuelas del barrio San Pedro, en Cañas, Leonidas consume sus tardes cortando con extremo cuidado cada pieza que llevarán las monturas hechas a escala.

“Al día siguiente de salir del hospital, el INA de Cañas me ofreció un curso para fabricar artesanías en cuero. Empezamos seis y solo yo quedo. Mi primer contrato fueron 30 albardas para vender en las fiestas de Cañas”, recuerda este corpulento hombre de 58 años. Cuesta descubrir por su facha la delicada habilidad oculta en sus manos de antiguo constructor. Pero ahí está: Leonidas es todo un artista.

Para el país y el mundo

Su fama es extensa. Las minúsculas cubiertas o vainas de machetes, los tejidos de cuero, cordones para sombrero de sabaneros, cartucheras para cuchillas y hasta estuches para celulares labrados con motivos típicos, le han dado la vuelta al mundo y han ido a parar a sitios tan lejanos como Shangai, en China.

Su fama solo le genera satisfacciones, porque los ingresos económicos son limitados. Ser talabartero de souvenirs únicamente le permite subir un poco lo que le llega como pensionado por invalidez de la Caja y del Instituto Nacional de Seguros.

Para redondear los ingresos y dar abasto con los gastos familiares, su esposa Olga Castro Sandoval le mete el hombro preparando las famosas rosquillas cañeras en el horno de barro de la casa.

Vivir en medio de la sencillez no le incomoda. Es más, ya está acostumbrado a ella desde que se crió en la finca ganadera El Higuerón, en La Gotera de Cañas. La vida ha sido ruda con él que pasó del duro trabajo de peón ganadero al no menos difícil de peón de construcción. Trabajar bajo los intensos calores pamperos es, sin duda, una tarea de valientes.

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Hoy, sin embargo, otra es la rutina. Con cebo de res, Leonidas prepara la coyunda. Concentradísimo en su tarea, con la lengua entre los labios, pasa hasta seis horas de pie, trabajando, hasta que una nueva albarda brota entre sus manos.

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“Yo ensillé a todos los presidentes: Figueres (José María), Pacheco (Abel), MAR (Miguel Ángel Rodríguez), Oscar Arias, Laura Chinchilla y hasta al embajador de China. Todos se van ensillados cuando vienen a Cañas”, cuenta entre risas mientras explica que a cada uno de ellos les ha regalado alguna de sus más preciadas artesanías.

Es cierto. Si alguien desea una versión en miniatura lo más real a uno de los aparejos utilizados por los sabaneros, debe visitar a Leonidas. Este es su gran orgullo y saca pecho cuando lo cuenta.

Colaboró el corresponsal: Julio Segura

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Ángela Ávalos R.

aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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