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El campanazo más amargo

Actualizado el 25 de enero de 2015 a las 12:00 am

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El bombero David Solano recoge los datos de las personas involucradas en el accidente de tránsito que provocó la muerte del guarda de seguridad Alfonso Duarte. (Mayela López)

Una y otra vez pregunté a los bomberos cómo hacían para lidiar con la muerte. Sin embargo, nada me preparó a mí para enfrentarla.

El trabajo de aquel viernes 9 de enero estaba listo. Mi compañera, la fotógrafa Mayela López, y yo sentíamos que teníamos suficiente material y poco antes de las 6 p. m. llamamos al periódico para pedir que nos fueran a recoger a la Estación Central.

Instantes después, sonó la alerta de un accidente de tránsito ocurrido en el corazón josefino. Se suponía que debíamos subirnos a la extintora para acompañar a los bomberos, pero en medio de la premura, alguien abrió la puerta trasera de la ambulancia de los bomberos y, sin pensarlo, nos subimos. Todo fue tan rápido que ni siquiera tuvimos tiempo de ponernos el cinturón de seguridad.

Mayela intentaba hablar por teléfono entre el escándalo que producían los implementos médicos batiéndose dentro de las gavetas. Yo, mientras tanto, rogaba nunca ser yo quien tuviera que ir en la camilla de una ambulancia a toda velocidad.

Todo se redujo a unos poquísimos minutos y, para cuando llegamos a la avenida 10, al paciente ya se lo había llevado la Cruz Roja. Iba delicado.Lo único que quedaba en la escena era una motocicleta, en medio de las llantas del camión recolector de basura de la municipalidad.

Entre los mirones había un hombre con un video de la víctima tendida en la calle. En realidad lo vi por simple curiosidad. Para Mayela y para mí, alguna vez suceseras, se trataba simplemente de un atropello más.

Esa noche volví extasiada al diario con mi libreta llena de apuntes y muchas historias por contar. Teníamos las fotos, y había sido un día productivo en términos periodísticos.

A la mañana siguiente, mientras me estacionaba en el parqueo del trabajo, un mensaje de texto de la fotógrafa cambió todo el panorama.

“No lo vas a creer. El del accidente al que fuimos ayer era un compañero de Seguridad del periódico, don Alfonso. Murió, al parecer, hoy”, decía.Aquel hombre que viajaba en su motocicleta, cuya identidad trascendió hasta ese día, era quien nos daba el “buenos días” cada mañana en la entrada del parqueo. Era un tipo amable, conversador, de carácter pacífico. Quienes lo conocimos estábamos conmocionados.

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Ahora entiendo mejor por qué los bomberos, una noche antes de Navidad, me dijeron que, cada vez que suena una alerta y salen deprisa, ruegan por que ninguno de los involucrados sea un amigo o un familiar. Entiendo también, por desgracia, qué se siente tener a  la tragedia como compañera de trabajo.

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Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

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