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"No puedo corregir lo que hice, pero puedo reconstruir mi vida"

Actualizado el 02 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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"No puedo corregir lo que hice, pero puedo reconstruir mi vida"

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A Alexander Vargas Rojas todavía le faltan cerca de 25 años para poder salir de la cárcel.

A Alexander Vargas Rojas le quedan muchos años en prisión. Calcula que al menos 25 más, pese a que insiste en presentar recursos para acortar su pena. Él es el otro condenado por el triple homicidio de barrio Fletcher de Tibás.

Según dijo en una entrevista con la Revista Dominical , está consciente de lo que hizo, pero trata de rehacer su vida aunque todavía reconoce que le restan muchos años más entre rejas.

–¿En qué momento tomó conciencia de lo que había hecho?

–Esto es un proceso. Uno no cambia de la noche a la mañana, ni hace conciencia de la noche a la mañana. Cuando uno comete un hecho delictivo, el impacto se va asimilando con el paso de los años. La preparación y la madurez me permitieron retomar un camino (estudia Administración en la UNED).

–¿Cuánto le falta para salir?

–Como 25 años todavía, tomando en cuenta los descuentos. Saldría como de 69 años (actualmente tiene 45). La pena de 50 años es una condena de por vida, indirecta. Uno sale vivo, pero ya con esa edad uno a qué va a salir. Ya no hay tiempo para rehacer la vida.

–¿Ha recibido seguimiento acorde a su caso en estos años?

–Sí, he logrado recibir atención de psicólogo y psiquiatra porque he acudido al juez de ejecución a exigir mis derechos.

"Saldría como de 69 años (hoy tiene 45). La pena de 50 años es una condena de por vida, indirecta. Uno sale vivo, pero ya con esa edad uno a qué va a salir. Ya no hay tiempo para rehacer la vida"

–¿Lo ha cambiado la ayuda terapéutica que recibe?

–Sí, pero eso depende más de uno, de la conciencia. Cuando uno se arrepiente y toma la decisión de rehabilitarse es porque lo que hizo le duele. Hay un remordimiento interno que lo hace tener la conciencia de que hizo mal.”Hay que buscar la forma de ser lo mejor posible para devolverle algo a la sociedad, a mi familia y a todos los que me rodean positivamente. No puedo corregir lo que hice, pero puedo hacer lo mejor que pueda reconstruyendo mi vida.

–¿Cómo está su conciencia?

–Después de 18 años, uno ha podido asimilar un poco mejor las situaciones. Uno tiene que llenarse de valores, de principios éticos y espirituales, llenarse de Dios. Hay que mover la montaña trabajando. Me di cuenta de que el éxito no debe ser monetario, sino personal.

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–¿Qué pasaría si alguna vez se topa con las personas relacionadas con lo que ocurrió en 1995?

–No me he puesto a pensar en eso. No sabría qué decirles, no tengo justificantes, no sabría cómo dárselas.

–¿Puede dormir bien?

–Primero hay que agarrarse de la mano de Dios. Lo que uno hace provoca un daño grande en uno mismo. Uno sabe que hizo un daño grande no solo a una familia (la de las víctimas), sino a la familia propia y a la sociedad. Esas heridas hay que sanarlas. Muchos no tienen esa conciencia; el privado de libertad debe aprender a tomar conciencia de sus errores.

–Usted habla de resarcir el daño. ¿Cómo resarcir algo como lo que hizo usted?

–La experiencia es un elemento muy valioso. Uno debe comunicárselo a los jóvenes, a las personas con las que tenga contacto. Yo voy a tratar de predicar que existen caminos al éxito cultivando valores en la vida personal. Ver que la vida no son extremos y hay que respetar los derechos de los otros.

–¿Todavía está casado?

–Sigo casado, pero la relación se terminó hace muchos años. Desde hace años, me he dedicado a preparar un proyecto de vida para cuando salga. Uno de mis objetivos es estudiar Derecho, ya he aprendido algo de manera autodidacta.

–¿Quiénes lo visitan?

–Casi siempre mis hermanos. Mi mamá falleció hace tres años; mi papá padece cáncer de próstata y no puede casi caminar. ”En una situación de 50 años (de condena), luego de 18, la familia va rehaciendo su vida, unos se casan y tienen hijos.

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