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El azúcar no alborota a los niños

Actualizado el 22 de febrero de 2015 a las 12:00 am

Cualquier papá daría fe de lo “eléctrico” que se pone su chiquito después de atiborrarse de dulce. Sin embargo, este tipo de hiperactividad es un mito

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Cada vez que una piñata se rompe, 30 papás pierden dos horas de sueño. La cifra no es cierta pero lo parece. Tras la lluvia de confites vendrán los helados, y los jugos, y el queque, y el Cumpleaños feliz , y las “muchas gracias, todo estuvo muy lindo”; pero siguen los gritos en el carro, y los patines dentro de la casa, y los bolazos en las paredes, y de pronto ya son las 10 de la noche, y la fiesta sigue, y los hijos son duendes incombustibles drogados por el subidón de azúcar.

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¿Cuál otra verdad del universo es más cierta que la hiperactividad que produce el azúcar en los niños? Ninguna, el único problema es que esa verdad es una mentira.

Varias investigaciones –revisadas por pares– echan por el suelo el mito de que el azúcar provoca hiperactividad.

Ponga atención mientras pela un confite.

Las evidencias

Al menos 12 estudios a doble ciego –en el que ni los sujetos de estudio ni los científicos saben identificar cuál grupo recibió un placebo– han examinado cómo reaccionan los niños a las dietas que contienen diversos niveles de azúcar.

Así está reportado en la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos.

Ninguno de ellos –ni siquiera los que trabajaron con niños con desorden de déficit atencional e hiperactividad– pudieron detectar ninguna diferencia en el comportamiento entre aquellos que consumieron azúcar y quienes no lo hicieron.

Esto incluyó el azúcar consumido de dulces, chocolates y fuentes naturales.

“Incluso cuando la ingesta excedió los niveles dietarios típicos, ni la sacarosa [azúcar de mesa] ni el aspartame [edulcorante] afectó el comportamiento de los niños ni su función cognitiva”, concluye, por ejemplo, un estudio publicado en 1996 –y revisado críticamente en el 2009– en la revista Food Science and Nutrition .

En este punto, habrá más de una mamá que dirá: “Las revistas pueden decir lo que sea, pero yo conozco a mi Sebas, y sé como se pone con los Frutinis”.

Una afirmación como esa da pie para hablar de otra sorprendente revelación en este tema. Pele un chocolate, porque esto se pone bueno.

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Unos científicos en Kansas, Estados Unidos, juntaron a 35 mamás que habían reportado que sus hijos eran “sensibles al azúcar”, y las dividieron en grupos: experimental y de control.

En el grupo experimental, los científicos les dijeron a las mamás que sus hijos habían recibido grandes dosis de azúcar, mientras que a las del grupo de control se les dijo que sus hijos habían recibido un placebo. La verdad es que a los niños de ambos grupos se les dio un placebo.

Lo que sigue ya se puede imaginar: después de interactuar con ellos, las mamás a quienes se les dijo que sus hijos habían consumido azúcar señalaron que ellos estaban significativamente más hiperactivos.

Aún más, observaciones de conducta de las mamás revelaron que, durante su interacción, las del grupo del “azúcar” ejercieron más control sobre sus hijos: los regañaron y vigilaron más atentamente que las del grupo que sabía del placebo.

Parece que el problema con el azúcar no está en Sebas, señora.

Los riesgos

Ahora, cuando estamos a punto de decirle que no tiene nada de malo concederle unas Botonetas a Isabela después de la cena, debemos curarnos en salud para que no nos tiren piedras los pediatras y los odontólogos.

La obesidad infantil es un problema , y una forma de prevenirla es promover en los niños una dieta reducida en grasa saturada, azúcar y sal. El BMJ ( British Medical Journal ) publicó un metaanálisis en el que deja claro que, definitivamente, quienes consumen “a placer” azúcares libres y bebidas endulzadas con azúcar experimentan un aumento en su peso, en cuenta los niños.

Los dentistas tampoco están muy felices con el consumo constante de golosinas. También piden poner a raya los azúcares consumidos en jugos e incluso los que ya trae la leche; prefieren que las comidas de los niños se acompañen con agua.

Un estudio de BMC Public Health afirma que los azúcares no deberían representar más del 3% de la ingesta energética diaria, para prevenir el deterioro dental.

La moraleja de esta historia nos la habría podido decir desde el inicio Aristóteles: todo con moderación. Eso sí, si le va a negar la Cremoleta a Mati, hágalo por los motivos correctos.

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Hay una verdad que es mejor soltarla sin endulzarle la píldora a nadie: a veces, nuestros angelitos son insoportables..., así al natural, sin ingredientes artificiales.

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