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Siete años con el agua contaminada

Actualizado el 16 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

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Siete años con el agua contaminada

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Los lugareños empezaron haciendo caso, pero como el tiempo pasó sin que se cumplieran las promesas –entre ellas, la de normar el uso de químicos en las piñeras vecinas y buscar una nueva fuente de agua– terminaron cansándose. Hoy la mayoría se las ingenia para tomar agua contaminada con agroquímicos directamente del tubo, aunque las autoridades de Salud les dijeron que usaran el líquido para cualquier otra cosa menos para tomar.

¡Total, en este país no hay escándalo que dure tres días! Y aunque el de las piñeras de Siquirres lleva desde el 2005 resonando en los oídos de cientos de vecinos de El Cairo, Milano, Luisiana y La Francia, la gente se cansó de llenar baldes y cuanto chunche sirviera para guardar el agua potable que les deja el cisterna de AyA dos veces por semana. Solo algunos siguen llenando baldes.

Rebuscando entre las casas de la ciudadela de El Cairo, nos topamos con los estañones azules que adornan el jardín de Justina Pichardo Arguedas. Lleva dos años viviendo en El Cairo: “Yo escuché eso del agua en las noticias; dicen que es por la piñería ( sic ). Yo no quería pasarme a vivir aquí por lo mismo. Solo uso el agua para lavar trastos, la ropa y limpiar la casa. La que uso para tomar es del cisterna”, aclara para agregar después: “Magda, la morena del fondo, no le tiene miedo al agua. Me dijo que ella la había usado en el nombre de Jesús. Pero yo prefiero no seguir su ejemplo. ¿Va usted a creer que nueve de cada diez de los que se mueren aquí se mueren de cáncer? ¡No hay que tentar a Dios!”.

Desde el 2005, los estudios del Laboratorio de Aguas de Acueductos y Alcantarilllados (AyA) detectaron la presencia de químicos no autorizados para su uso en el país (uno de ellos, el Bromacil). Esta es la hora en que el Ministerio de Salud no ha elaborado la norma si es que quiere permitir algún día que las plantaciones de piña utilicen ese químico para ayudar a una rápida maduración del fruto. “Entiendo que esa norma está en proceso”, aseguró la ministra de Salud, Daisy Corrales, quien heredó de su antecesora esta brasa caliente. Tampoco está el estudio epidemiológico que permita establecer alguna relación entre el uso de esos químicos y las enfermedades que presenta la población, entre ellas, el cáncer al que tanto le teme Justina.

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A partir del 2005, se hicieron estudios más sistemáticos de AyA. Mientras tanto, se le insistía a las piñeras en que protegieran las fuentes de agua y tomaran acciones para evitar la contaminación.

Los estudios de agua se hacían cada tres meses. Mas desde noviembre del año pasado, no se volvieron a tomar muestras. “Se supone que (las piñeras) lo eliminaron, pero en nuestros estudios siguen apareciendo trazas”, confirmó el director del Laboratorio Nacional de Aguas, Darner Mora, quien dijo que, solo en repartición de agua potable en camiones cisterna, se ha hecho una inversión de ¢450 millones desde el 2005.

Mientras tanto, en la calle Galilea de El Cairo, el cisterna sigue pasando, y a su paso deja una ola de rumores sin confirmar pero con un potencial enorme de levantar una polvareda de desconfianza y “malas vibras”: “Si uno se pone a observar, el agua trae como una nata blanca, como si fuera un polvo.

”A Toño le contaron que los responsables de fumigar la piña vacían el polvo al río por pereza de ir a regar el cultivo”, dice Justina.

Es el mismo “rollo” que sueltan sus vecinas. María Gutiérrez lleva diez años en El Cairo: “Al bebé de una vecina le salieron bombas en los pies. En el Ebais no le dijeron qué era, solo la mandaron a emergencias. Todo el mundo dice que es del agua”, cuenta María.

La escuela de El Cairo, Silvestre Grant Griffith, es la más grande de los alrededores. Tiene 602 alumnos y más de 30 miembros en el personal administrativo.

Aunque han hecho importantes inversiones para comprar tanques para almacenar el agua que les pasa dejando el cisterna de AyA, los niños siguen pegados a las tuberías prohibidas, por donde supuestamente sale el agua contaminada.

Víctor Madrigal es el asistente de dirección de esa escuela y, además, vecino de la comunidad de Luisiana, otra de las afectadas por la contaminación.

“Uno le pide a los papás que manden a los chiquitos con su botellita de agua pero no lo hacen. Aquí estuvo Ávila (la exministra de Salud María Luisa Ávila) y ella se comprometió a resolver esto, pero aquí seguimos exactamente en la misma situación”, dijo Víctor.

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Xinia Briceño vive en Milano. El problema del agua la hizo meterse en asuntos comunales y, desde hace tres años, es la presidenta y administradora del acueducto de Milano.

“Llevo siete años viviendo aquí. Cuando dejo agua del tubo en un vaso, aparece una nata toda babosa en el fondo.

”El grado más grande de contaminación está en Milano, pero uno se siente impotente al ver que nadie hace nada”, relata enojada.

Los vecinos de esta comunidad salieron hace unos años en todos los medios porque fueron los que bloquearon la carretera para solicitar el cierre de una gran piñera local. Y lo lograron... al menos por 40 días, en mayo del 2009.

Dice Xinia que ya están los ¢100 millones para el nuevo acueducto.

La plata la tiene la Municipalidad de Siquirres, responsable de comprar los terrenos donde están las nuevas fuentes de abastecimiento.

Eso es lo que se comenta en el pueblo y lo que los hace abrigar la esperanza de que, esta vez sí, algo bueno está por venir... siete años después de vivir bajo la sombra de esa contaminación.

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