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El abstencionismo: el ‘candidato’ que no promete nada, y encabeza las encuestas

Actualizado el 10 de noviembre de 2013 a las 12:05 am

Encabeza las encuestas sin haber hecho una sola promesa ni propuesta. Cobija a desencantados, perezosos y apáticos.

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El abstencionismo: el ‘candidato’ que no promete nada, y encabeza las encuestas

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No baila reguetón en las plazas públicas. No integró la junta de notables. No edificó un Barrio Chino. No es el diputado más joven del Congreso. No publica videos en YouTube regañando a su máximo contrincante . No ha hecho una sola promesa de campaña. No ha regalado diarios. No tiene ninguna propuesta, ¡nada! Ni siquiera tiene cuenta en Twitter, ni un grupo de “pegabanderas” que besan el piso por donde camina.

Sin embargo, es el que encabeza las encuestas, el más popular, y el que lleva más gente en su vagón camino a las elecciones presidenciales.

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32 de cada 100 ciudadanos elegirán no ir a votar el próximo 2 de febrero. De esos 32, el 50% son abstencionistas duros; es decir, están totalmente convencidos de no ejercer su derecho al sufragio.

Se llama abstencionismo y el éxito de su estrategia es que no tiene rostro ni color; está hecho por una amalgama de sentimientos de apatía, desconfianza, desinterés y vagabundería.

La más reciente encuesta de Unimer para La Nación reveló que 32 de cada 100 ciudadanos elegirán no ir a votar el próximo 2 de febrero. De esos 32, el 50% son abstencionistas duros, lo que quiere decir que están totalmente convencidos de no ejercer su derecho al sufragio.

En la investigación, Unimer descubrió que la tendencia es mayor en aquellos que rondan los 30 y 40 años, poseen un bajo nivel educativo y no tienen especial simpatía por ningún partido político.

Incremento

Hugo Picado, director del Instituto de Formación y Estudios en Democracia, explica que el abstencionismo es multifactorial y que responde a un cruce de variables en un determinado momento; es decir, no es tan simple como decir: “ningún candidato me convence”, “todos son unos ladrones”, “prefiero quedarme durmiendo que ir a votar”.

Siempre ha existido el fenómeno, pero se disparó a partir de las elecciones de 1998. Entre los procesos electorales de 1962 y 1994, el abstencionismo rondó entre el 18% y el 21%; luego, en 1998, se pasó del 20% histórico a un 30%, y la cifra se mantiene con pequeños altibajos desde entonces: en el 2002 fue 32%; en el 2006, 35%, y en el 2010, 32%.

La principal causa, analiza Picado, es el agotamiento del bipartidismo y de un modelo de clivaje , marcado por las posturas antagónicas germinadas en la guerra civil de 1948: liberacionistas versus calderonistas.

El clivaje es un concepto utilizado en Ciencias Políticas para separar a los votantes en defensores y adversarios de un tema específico, lo cual los lleva a convertirse en seguidores de un partido determinado.

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Paradójicamente, el ocaso de ese modelo se da con la llegada al poder de los hijos de los caudillos que fueron determinantes para el mismo: Rafael Ángel Calderón Fournier (hijo de Calderón Guardia) en 1990, y José María Figueres Olsen (hijo de Figueres Ferrer), en 1994.

Dicho de otro modo, el color político dejó de llevarse en la sangre; no es parte más del linaje familiar ni un elemento que dé identidad.

Floja campaña

A esto, hay que agregarle un sentimiento de apatía y desencanto, en algunos casos alimentado por malas gestiones y actos de corrupción y, por supuesto, una campaña carente de ideas y llena de ocurrencias.

Del actual proceso cabe destacar la renuncia (en dos ocasiones) del doctor Rodolfo Hernández a la candidatura del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

Montserrat Alvarado, investigadora del Centro de Investigación y Estudios en Política de la Universidad de Costa Rica, indicó que se requieren planteamientos más concretos y menos espectáculo. “En las campañas más bien se desinforma, se bombardea a la gente de propaganda sin propuesta. La política se ve como un espectáculo a la espera de ¿quién va a salir con un nuevo show ?”, manifestó.

Alvarado añadió que más que pereza de los electores para informarse, lo que hay es una apatía generada por promesas sin cumplir, carreteras que se caen y eternos problemas sin resolver.

Para ella, el abstencionismo puede analizarse como una forma de participación –la no participación– y debe ser estudiado a fondo.

Crítica

La postura de Hugo Picado es distinta; él es muy crítico con el abstencionismo y considera que la visión que hay en algunos sectores de la población de que “todos los políticos son malos” y “todos son iguales” resulta muy peligrosa para un proceso democrático.

“En América Latina se ha regado como pólvora un discurso antipolítico y antipartido que es falaz y peligroso. Parte de la idea de que todos son corruptos, mas eso no es rigurosamente cierto. Ese descrédito de la política crea un bache que, intencionada o ingenuamente, es el caldo de cultivo para posiciones apáticas y egoístas… un individuo que no es ciudadano, que interpreta la vida democrática como un conjunto de derechos, pero no de deberes”, sentenció Picado.

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“El abstencionismo es un desperdicio; es una actitud que no tiene ningún efecto político. Es una renuncia al poder ciudadano de elegir y una renuencia al deber ciudadano de votar. El votante más indiferente y ligero tiene más poder que el abstencionismo más informado y racional”, opina Hugo Picado

El experto considera que quien se abstiene de votar ignora la ética ciudadana y adopta una actitud pasiva, en la que cree que debe esperar hasta que alguien llegue a convencerlo, en vez de salir a comparar propuestas y realizar consultas.

“El abstencionismo es un desperdicio; es una actitud que no tiene ningún efecto político. Es una renuncia al poder ciudadano de elegir y una renuencia al deber ciudadano de votar. El votante más indiferente y ligero tiene más poder que el abstencionismo más informado y racional”, indicó.

Roberto Carpio está en la misma sintonía que Picado. Él es un alumno universitario de 23 años que ha empuñado la bandera del voto responsable.

Como estudiante, ha participado en varios procesos electorales, siempre como miembro del tribunal electoral, y para estas elecciones, emprendió el proyecto Voto Joven, cuya meta era poner a los principales candidatos a discutir y dialogar con los jóvenes sobre las propuestas dirigidas a esa población.

El proyecto no llegó a concretarse pues la respuesta de los partidos políticos fue burocrática y engorrosa. Mas eso no amedrentó a Carpio; más bien le sirvió como impulso, pues está convencido de la relevancia que tiene el sufragio.

“¿Por qué la gente no vota? Porque no quiere asumir responsabilidades, se siente muy cómoda así, es más fácil solo quejarse.

”Dejar de votar no me parece válido; el sistema político es de nosotros y debemos ser responsables. Hay medios para informarse, para cuestionar, para construir una decisión fundamentada”, manifestó.

Acción

Así como Roberto, hay otros ciudadanos y organizaciones que promueven el voto responsable, por ejemplo, el Tribunal Supremo de Elecciones que desarrolla la campaña “Yo me apunto por la democracia”, o la iniciativa Voto CR , la cual funciona como una plataforma para conocer posturas de los candidatos, que trabaja en la planificación de un debate.

El Consejo Nacional de Rectores y algunas cámaras también han fomentado el acercamiento de la ciudadanía con el proceso electoral.

La noche de próximo 2 de febrero, quien decida no votar no podrá celebrar ni sentirse derrotado... pero, ¡ojo!, tampoco tendrá derecho al berreo.

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