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Así fue mi primer día en la UCR

Actualizado el 09 de marzo de 2014 a las 12:00 am

7.894 alumnos nuevos iniciarán clases mañana en la Universidad de Costa Rica. Ministros, artistas, humoristas y poetas que tuvieron esa misma experiencia hace pocos años o varias décadas, recuerdan ese día...

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Así fue mi primer día en la UCR

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Erik Hernández, integrante del grupo de comedia La Media Docena.

Fue lunes; fue a las cinco de la tarde; fue hace 12 años; fue una clase de Historia Económica y Social de Centroamérica con énfasis en Costa Rica; fue en un aula del segundo piso de Ciencias Sociales… Recuerdo mi primer día de U como si fuera ayer: me hice compa de unas gringas que estaban de intercambio, me maravilló que los pupitres estuvieran colocados en círculo, el look de la profesora finlandesa Soili Buska (¡una europea dando lecciones de historia centroamericana!); me gustó una muchacha que se llamaba Pilar, nunca nos besamos pero todavía somos amigos…

Mañana, 7.894 alumnos tendrán su primer día en la Universidad de Costa Rica , la más emblemática casa de educación superior del país y la que más población estudiantil tiene. Ellos, los nuevos, viven incertidumbre y ansiedad; nosotros, los viejos, nostalgia y emoción.

En esta pieza, varias personas reconocidas nos cuentan cómo fue su primer día.

A Leonardo lo peluquearon como un acto de iniciación; Julieta nos comparte un poema inédito; el papá de Eric se extrañó de que este fuera en pantaloneta a clases; María Luisa temía enfrentarse a un cadáver y Luis Antonio a que su timidez lo venciera, Gabriela experimentó una soledad enorme y Miguel sintió que llegó al lugar más feliz de la tierra…

Todo era conocido

“Mi primer día en la UCR no lo recuerdo, porque estaba muy pequeño. Mi mamá era profesora y, para mí, la U fue mi guardería, mi campo de juegos y el lugar de  actividades extracurriculares en las tardes de escuela y colegio.  Por eso, cuando llegué el primer día de clases de 1993, todo me parecía  conocido. Tan conocido que yo, que normalmente tengo recuerdos muy específicos, no tengo idea de qué hice. Lo que recuerdo es que tenía clases temprano y mi papá me dejó en la rotonda de Betania de camino a su trabajo.  Se veía extrañado de que yo fuera a la ‘U’ en pantaloneta.Ojalá en Costa Rica siempre tengamos educación superior pública, esa educación con programas sociales para alumnos de bajos recursos y donde no se gradúa el que paga, sino el que se esfuerza y tiene capacidad”.Erik Hernández, integrante de La Media Docena. Licenciado en  Química y en Ingeniería Química.Cursó estudios de Artes Musicales.

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Luis Antonio Sobrado, presidente del TSE.
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Luis Antonio Sobrado, presidente del TSE.

Sensación de libertad

“Al salir de casa, aquel primer día de lecciones universitarias en ese lejano 1979, sentí frío.  No solo por la temperatura exterior, sino por los intensos y contrapuestos sentimientos que me asaltaron: junto a la alegría por el nuevo capítulo de vida que arrancaba, también había espacio para el temor de no estar a la altura del reto que venía. Mal acostumbrado por vivir junto al viejo colegio, el trayecto desde La Sabana hasta la UCR me parecía muy largo, con tres buses de por medio. Igualmente largo se me antojaba el camino recorrido para llegar a ese momento, en el que sentía que estaba estrenando mi etapa de adulto.  Abrazando con júbilo la libertad ganada, me decía y repetía que, por fin, las decisiones serían mías y solo mías. No fue fácil lidiar con tantas caras nuevas.  La timidez me volvía a jugar una mala pasada.  Sin embargo, desde el arranque me distinguí en las aulas por estudioso y por hacer oír constantemente mi voz.  Liderato académico que anticipaba otros liderazgos que la vida me tenía reservados”.

Luis Antonio Sobrado, presidente del Tribunal Supremo de Elecciones. Estudió  Derecho.

Fruto nunca prohibido

¡Llegar a ‘Generales’!...Con cuánto alborozo palpitanteentramos a las aulasaquella rumorosa y antiguatarde de marzo, expectante y soleada, mandarina de nuevas inquietudes.Ramas rosa y naranja de cedros y porósnos sitiaban la calle y la esperanzaen aquella ceremonia, iniciáticapero inconfesa,de nuestra temprana madurez.Con la palabra de los profesores,provocadora y acuciante,fui armando poco a pocoese paisaje inmenso de la creación humana,la cordillera, a veces desolada y terrible de su historia, el riesgoso estallido volcánicode sus ideas y mitos y quimeras. Las brasas de sus artestomaron lumbre y sueñoen el hilo continuo del lenguaje,del poema, del color, de la música,  de citas placenterascon pantallas y teatros, en la embriaguez rebelde de aprender.Hoy que vuelvo hacia atrás esta miraday reencuentro mis lúcidos caminos,siempre accidentados y profundos,descubro muchos donesque he recibido y dado a manos llenasa esa juventud que llega cada marzo, río continuo, repleto de preguntas y silencios que esperan. Aún me complazco en desgajarintensa  e impaciente,vida,  palabra y mundo,como si de frutas maduras se tratara.Más dulces cuanto más compartidas. Nada más ambiciono, nada más”.

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Julieta Dobles,  poeta y premio Magón 2013. Estudió Filología y Ciencias Biológicas. Este poema es inédito, será parte de un libro que próximamente publicará Editorial Uned.

Peluqueado a la fuerza

“Mi primer día de clases en la UCR, mezclaba dos tipos de sensaciones muy distintas. Por un lado, la emoción de entrar a la U, esa sensación de independencia, de ‘ser grande’, la curiosidad de cómo serían los profesores y los compañeros y, por otro, el susto inevitable de la rapada. Eran los años en que, a quie- nes entrábamos a primer año, nos esperaban a la entrada de la U los veteranos, tijera en mano, para dejarnos pelones o, más exactamente, tijereteados a mechones. Era imposible ocultar la cara de bisoños, así que a tres amigos que llegábamos juntos nos pescaron cerca de la iglesia de San Pedro y nos pasaron por el ritual. De ahí a la peluquería para que nos emparejaran y de vuelta a la U, ya sintiéndonos universitarios. Claro, así, pelones, ya no nos sentíamos tan grandes: pasamos de ser los grandes del colegio a ser los novatos de la universidad. ”Generales fue toda una experiencia, con profesores que nos marcaron de por vida al iniciarnos en esta fase superior de nuestros estudios: Tony Pacheco, Rose Marie Karpinski, María Pérez, Hilda Chen Apuy. Esto, combinado con Alexis Orozco y Francisco de Paula Gutiérrez en Principios de Economía, marcó el inicio de mi relación con ese tipo de docentes que nos hacen pensar, que nos hacen dudar y que, sin duda, nos retan con una actitud que era al mismo tiempo exigente y provocadora. También topé, en algunas asignaturas, con docentes de esos que es mejor mantener en el olvido… eran como una continuación del colegio y no gracias, pero supe que también de eso había en la U. ”Finalmente, la Universidad fue el contacto con compañeras y compañeros nuevos. Evité hacer lo que algunos hacen: matricular en grupo junto con los viejos amigos. Quise llegar a la U a conocer otra gente… y así fue. Si bien mantengo mis amistades de colegio, puedo decir que buena parte de mis mejores amigos de hoy vienen más bien de esos años universitarios: estudiantes de distintas carreras, de diversos orígenes sociales, de diversas ideologías, con diferentes sueños… y todos buscando cómo construirnos a nosotros mismos ‘en grupo’, porque así fueron mis años de universidad: en grupo, con otras y otros, leyendo mucho, argumentando, discutiendo, aprendiendo en las clases… pero todavía más fuera de las clases. Y, claro, pasamos mucho tiempo en el pretil, en la soda, en la Guevara, en la Taberna… en todo aquello que años después se convertiría en la Calle de la amargura y que, la verdad, no tenía nada de amargura: fueron años que disfrutamos a todo pulmón. Fueron, además, los años en que, como muchos, nos metimos –para no salir nunca más– en la política. Desde los grupos de estudio hasta los partidos universitarios y nacionales, nos iniciamos en esa búsqueda linda: cómo usar el conocimiento para cambiar el mundo. Había muchas formas de entenderlo, muchas formas de lograrlo, pero lo más valioso fue ser parte de esa búsqueda. Nos marcó a todos, si bien cada quien hizo con esa marca cosas muy distintas”.

Leonardo Garnier Rímolo, ministro de Educación. Estudió Economía

Gabriela Traña
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Gabriela Traña (Archivo)

La estudiante número 994033

Conocí las instalaciones de la Universidad durante el proceso de matrícula por lo que tenía una idea de donde estaba ubicado cada edificio.  Y de acuerdo a mis clases me asesoré con una amiga que ya cursaba su tercer año sobre como llegar a mis cursos de química médica, cálculo 1210, biología y los laboratorios respectivos!!! Había ya utilizado los autobuses que viajaban de Alajuela a La UCR y tenía claro los horarios así que eso no fue problema. También investigué sobre los sitios para almorzar o hacer alguna merienda. Sin embargo  la U me parecía enorme, no conocía a nadie que llevara los mismos cursos, ni idea de los profesores. Sólo había escuchado comentarios de lo difícil de algunos cursos y el temperamento de ciertos profesores; aunque eso  no me preocupaba tanto pues cada quien percibe las cosas de forma distinta. El primer día me sentía emocionada pero algo asustada, y aunque en el autobús me encontré con caras conocidas de mi excole ellos no cursaban la misma carrera que yo así que es una sensación de soledad gigante, así de que no tienes ni un solo amigo o amiga, la verdad duro. Uno trata de alentarse al decirse que pronto conocerá a alguien y que es solo cuestión de tiempo pero en ese momento uno desea regresar al Cole; recuerdo ese sentimiento durante las primeras semanas que venía a la U. Me bajé del autobús donde mi amiga y vecina me indicó, ella estudiaba odontología y se bajaba en una parada antes que yo! Mi primer clase fue de química médica así que me dirigí al auditorio de Química y busque asiento en las filas del medio. Me sentí terrible era una cantidad de estudiantes enorme. Y pues yo era sólo la estudiante número 994033!!! Después de que sos de las estudiantes de quinto año, de las que se gradúan y que todos te saludan, te conocen y te tratan con afecto da miedo empezar de cero nuevamente. Lo otro es que mucha gente venía de llevar generales el año anterior y yo cursé generales en la UNED por lo que mis compañeros llevaban un año de estar en la U mientras que yo era de primer ingreso literal! Y no es lo mismo iniciar cuando todos están en su primer día a iniciar cuando los demás llevan ya un año de estar viniendo a clases!!! Ese primer día anduve súper pérdida, tomé notas pero no entendía nada. Me reuní en el almuerzo con mi amiga de “odonto” y sus compañeros quienes hablaban de mil cosas y estaban súper relajados mientras que yo me quería regresar a mi casa. Pero bueno recordaba que estaba ahí por una razón y que no todas las personas tenían esa gran oportunidad de ingresar a la UCR y como todo al principio las cosas buenas siempre cuestan!!! Así que me fui dando ánimo durante el día y si no sabía como llegar a algún lado le preguntaba a alguien que luciera un poco mayor para que conociera más que yo para ubicarme. Fui a mi segunda clase, biología y pues el tema era más simple, más común y me fui sintiéndose más cómoda y tranquila, le hablé un par de personas y fuimos haciendo poco a poco amistad. Así el primer día fue superado.Pasé de ese gran temor de no saber nada o muy poco a irme familiarizando con los compañeros, los profesores, la mecánica de trabajo, el ritmo de la U. Las y los compañeros se fueron haciendo y el inicio de las actividades deportivas y la posibilidad de representar a la U en Juegos Universitarios y campeonatos universitarios fue abriendo un mundo cargado de alegría, oportunidades y personas increíbles con quienes en la actualidad seguimos en contacto!!

Gabriela Traña, atleta olímpica. Estudió Nutrición.

"Para mí, la palabra ‘bienvenido’ estaba mágicamente escrita en esa fabulosa colección de yesos, quienes sigilosos me daban los buenos días", Miguel Casafont

Las memorias más felices

“El día empezó de madrugada, viajando en tres buses distintos antes de la salida del sol: Pavas, Sabana Cementerio y San Pedro. Ese lunes, 36 años atrás, empezaba a las 7, atendiendo yo mi primera clase de dibujo y pintura.  ”La emoción de entrar por vez primera a una escuela de arte no se olvida nunca.  Al contrario de mis días de colegio, que los evoco con un mal sabor, los tiempos de estudiante de Bellas Artes serán por siempre de las memorias más felices que puedo atesorar. Fue tan impresionante entrar al edificio colmado con las copias de las famosas esculturas de la Grecia antigua. Para mí, la palabra ‘bienvenido’ estaba mágicamente escrita en esa fabulosa colección de yesos, quienes sigilosos me daban los buenos días. Después, en el espejo de agua del patio central, vi reflejado el cielo azul de marzo y, más adelante, el aula repleta de caballetes, con esa pátina del taller del artista que es difícil de transcribir. Mi primer día de universidad fue abrazar un sueño que se forjaba en la realidad.  Mañana regreso al mismo lugar, con la misma ilusión… pero esta vez como profesor, a dar la bienvenida a quienes, como yo, decidieron hacer del arte el sueño de su vida”.

Miguel Casafont, artista, diseñador y profesor. Estudió Artes Plásticas.

Miedo a los cadáveres

“Fue un día muy emocionante. Empezar a estudiar Medicina era mi sueño y me sentía “muy adulta” en ese momento, ‘dueña de mi destino’. Tenía muchas expectativas: aprender mucho, estudiar las cosas que me interesaban, progresar, ser una buena estudiante. Pero, a la vez, la U era un gran reto, era valerme por mí misma, con poca gente conocida y gente de diferentes colegios, todos muy competitivos. También sentía la emoción de los nuevos amigos, muchos de los cuales lo siguen siendo más de 30 años después. En esa época (inicios de los 80), la U  era muy interesante, de mucha discusión, aunque los estudiantes de Medicina participábamos poco porque estábamos sumidos en la Escuela y ya visitando hospitales para recibir algunas clases. ”Temores había muchos, casi todos de índole académica; recuerdo con especial ‘temor’ las clases de química del Dr. Gil Chaverri, un profesor muy estricto con un curso que era ‘coladero’, agradecí haber sido alumna de doña Miriam de Chaverri en el colegio, que era dos veces más estricta que don Gil. Y las clases prácticas de anatomía; el enfrentarse al cadáver y hacerle la disección era impactante para los que en ese entonces éramos adolescentes. Dormí todo un semestre con la puerta de mi dormitorio abierta, y la luz encendida, porque me daba miedo y me imaginaba al cadáver que me venía a buscar. Esos temores al cadáver era comunes, aunque muchos lo disimulaban. Pero sí predominaba el respeto por el ser humano que representaba ese cadáver anónimo. ”Son las cosas que en poco tiempo se superan y el paso de los años hacen que uno sonría al recordarlo”.

María Luisa Ávila, exministra de Salud. Estudió Medicina.

Nora de la Redacción: La versión digital incluye los relatos de más personalidades que la impresa.

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