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Tuzo Portuguez, el campeón solitario

Actualizado el 21 de julio de 2013 a las 12:00 am

Con su muerte, a los 85 años, el josefino ya es una leyenda del deporte nacional por el mérito de poner al país en el mapa del boxeo mundial. Tuzo peleó con éxito en tres continentes, de 1939 a 1961.

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Jesús Portuguez Echeverría, más conocido como Tuzo , el Remolino o el Kid Portuguez por las revistas especializadas –la estadounindense The Ring , la Biblia del Boxeo, y la británica Boxing –, venía de ganar fama y dinero en los 40 por valientes y sangrientas veladas en Costa Rica, El Salvador, Nicaragua y, en especial, Cuba.

Era un muchacho de 22 años, que ya tenía dotes de campeón solitario, que provenía de una humilde cuna josefina y que había empezado con un penoso y sacrificado ascenso, en el que aspiraba a alcanzar los más altos niveles en el difícil y duro deporte de los golpes reglamentados.

Así que, por lo obtenido en poco tiempo en los cuadriláteros latinos, le empezaron a llover contratos procedentes de Estados Unidos, donde estaban los mejores prospectos en el peso mediano. El primero que cumplió fue en el San Nicholas Arena, de Nueva York, que era el segundo lugar en importancia para escenificar combates de boxeo en la ciudad de los rascacielos.

Corría el 16 de noviembre de 1949, hace casi 64 años, y su primer contrincante allí fue el estadounidense Bobby Mann, quien tenía en su cartel el honor de haber salido invicto de varias peleas en La Habana, una plaza difícil en la época.

Las apuestas, lógicamente, favorecían al púgil local.

El estadio estuvo lleno y con todo en contra para aquel desconocido que venía de Centroamérica, el corajudo Tuzo , apodo que le puso su familia desde niño, para diferenciarlo de su padre, Jesús, al que era conocido como Chuz .

Jesús ‘Tuzo’ Portuguez  empezó a boxear en los barrios del sur de San José, en  Cristo Rey, para escalar luego a lo más alto.
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Jesús ‘Tuzo’ Portuguez empezó a boxear en los barrios del sur de San José, en Cristo Rey, para escalar luego a lo más alto.

“Bobby Mann era uno de los boxeadores más feos pero más queridos de Estados Unidos”, describió Portuguez en el libro Tuzo: Memorias de un campeón (1992), escrito por su vecino y amigo de infancia, Dr. Hermes Valenciano Soto.

“Debo confesar –prosiguió– que me encontraba en excelentes condiciones. Había entrenado lo suficiente y no le tenía miedo a mi oponente. Sí le guardaba el debido respeto y era la llave de mi futuro”.

Aquella pelea se desarrolló y se hizo muy dura. Mann ganaba por puntos en las tarjetas. Pero Tuzo con su labor exigió que se le guardara respeto hasta el último round o hasta el último puñetazo.

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“Cuando faltaba poco para terminar, en el décimo y último asalto, le coloqué, con la solidez del mazazo, un mandarriazo , como dicen los nicas, y lo tiré al suelo noqueado, con las quijadas abiertas”, fue su relato.

Tuzo hizo la faena y le abrió las puertas de par en par para debutar un mes después, el 16 de diciembre del 49, en la arena del Madison Square Garden, la meca de las más grandes luchas en la historia del pugilismo.

Tuzo dio la sorpresa en un combate sanguinario, ante 7.281 espectadores, tras superar por decisión dividida al norteamericano Beau Jack, de 28 años y dos veces campeón mundial del peso ligero.

Esa victoria le permitió luchar tres veces más en el coliseo neoyorquino. Las siguientes se realizaron el 13 de enero de 1950 ante Paddy Young, al que venció por nocaut técnico en el octavo asalto; y un mes después, el 24 de febrero, ante el mismo Young, en una pelea en la que cayó en diez asaltos.

Tiempo después en la Gran Manzana, el 25 de agosto de 1954, ante el estadounidense Moses Ward, perdió en el quinto asalto y ahora por nocaut técnico en el Garden.

Estas y otras actuaciones, tanto en Costa Rica como en México, también le permitieron luchar en tres continentes. Lo hizo en otros cuadriláteros estadounidenses, en Detroit, Milwaukee, Búfalo y Cleveland; en Quebéc y Montreal, Canadá; en Suramérica, Aruba, Alemania, Inglaterra y España, y hasta en África, en la exuberante Marruecos. En todas esas plazas edificó su leyenda y legado.

Así empezó

Décadas atrás, el primer centroamericano que fue ranqueado mundial y estuvo entre los diez primeros, en los pesos medianos, practicaba el baloncesto, el atletismo y el futbol, cuando empezó a boxear en los barrios del sur de San José, en Cristo Rey, para escalar luego a lo más alto.

“Con 9 años, jugaba fútbol con Ricardo Saprissa en una liga infantil, cuando me pagaron ¢25 por una pelea en el desaparecido estadio Mendoza, por el Liceo de Costa Rica”, rememoró Tuzo en La Nación , en 1999.

Era un joven de 12 años, en 1939, y se metió a boxear en la rama aficionada por culpa de un vecino que luego fue su cuñado, el excampeón welter, Emilio Castrillo. Lo veía entrenar a diario y le admiraba su disciplina, musculatura, voluntad, dedicación y su golpe de un toro.

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En todas partes donde peleó, con su guardia derecha y alcance de 1,68 metros, deslumbró como un fajador, incansable, tenaz, siempre al ataque, confiado en la fuerte pegada. “Las hemorragias no lo detenían y el combate adentro era su estilo, conforme a sus características atléticas”, de acuerdo con el periodista Paco Vargas.

Sin ayuda técnica ni apoyo económico, estas cualidades lo convirtieron en la mayor gloria del pugilismo local, en el anterior siglo. Pero no llegó a campeón mundial, porque no se dejó seducir por la mafia y las drogas en el boxeo.

“No pude ceñirme la corona mundial por haberme deshecho de mi padrino (su manejador, el cubano Luis Pincho Gutiérrez, apoderado de Kid Chocolate , el campeonísimo de Cuba), manejarme yo mismo para no dejarme explotar y luchar con honestidad todo el tiempo. No pude someterme a las componendas”, dijo en el libro de 1992.

Después de perder frente al nicaragüense Kid Lou Gutiérrez el título de campeón centroamericano, decidió retirarse, en 1961, en Managua, Nicaragua, donde el cuerpo se lo pidió a los 34 años.

El que una vez fue el ídolo de Nueva York llevaba un puntaje a su favor en el quinto round , hasta que dispuso terminar el combate, al levantar la mano de su rival. Tenía artritis en la mano derecha y no “finteaba” con la izquierda, que ya no era tan potente como antes, recordó el periodista Javier Rojas.

No tuvo serias consecuencias que lamentar, excepto su voz ronca, que atestiguó una secuela de 235 duras peleas.

Y así terminó

Miembro de la Galería Costarricense del Deporte y del Salón de la Fama del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), fue coleccionista de porcelanas y un amante de la música clásica, la ópera, los conciertos, el ballet, las pinturas y los museos.

Tuzo Portuguez era miembro de la Galería del Deporte Costarricense desde 1969, y entró en el Salón de la Fama del Consejo Mundial de Boxeo en el 2008.
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Tuzo Portuguez era miembro de la Galería del Deporte Costarricense desde 1969, y entró en el Salón de la Fama del Consejo Mundial de Boxeo en el 2008.

"Siempre me sobraban países donde ir a boxear, pues a ellos les interesaba que yo peleara con sus campeones".

Tuzo Portuguez disfrutó del privilegio de pasear sin casco, ni placa, ni licencia en una motocicleta Harley Davidson, por un permiso presidencial de Rodrigo Carazo.

Hasta vivió de manera holgada por cierta época, porque obtuvo en ocasiones una ganancia por pelea de incluso $20.000. “El dinero que gané fue lo suficiente para pagar lujos y vivir bien, a mis anchas, en los mejores hoteles, disfrutar tanto de suculentas comidas, espectáculos y paseos turísticos. Una parte del dinero la aproveché para ayudar a mi familia: a punta de golpes, a mi madre le construí la casa y a mi padre le compré un bar y cafetería”.

Aquí se le acusó de espía por su amistad con el entonces presidente de Nicaragua, Anastasio Somoza padre, que le costó que lo detuvieran en nuestro territorio y le negaran la salida por tres meses.

Defendía a los animales y se dedicó a criar perros, gatos y pájaros. Igual entrenó a las promesas del boxeo tico y promovió veladas. Incluso invirtió en una finca en Río Segundo de Alajuela y en empresas de camiones y venta de helados por 16 años, en la zona sur. Pero con el tiempo dejó todos estos negocios.

Nunca dejó de criticar la organización del deporte, a los boxeadores que le siguieron y a los gobiernos que no lo ayudaron con su eterno reclamo de disfrutar de una pensión como exdeportista.

Tuzo dejó de existir el pasado 12 de julio. Falleció a los 85 años por complicaciones en pulmones y próstata.

“Siempre me sobraban países donde ir a boxear, pues a ellos les interesaba que yo peleara con sus campeones. Al inicio, creí que era suerte, pero cuando peleé tantas veces ya no era suerte, era categoría”, advirtió en sus entrevistas Jesús Tuzo Portuguez, un embajador de los puños.

Su imborrable silueta de campeón sigue vigente y quedará grabada para siempre en el recuerdo de los ticos.

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