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‘Siento que yo ya me fui’

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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‘Siento que yo ya me fui’

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Ha dedicado su vida a hurgar en las raíces de su tierra para liberar las voces “indoblanquinegras” que han contado la historia de su gente. Les ha puesto música o cantado a capela, como suelen hacer los pueblos agrícolas y costeros guanacastecos.

A los 11 años, cuando quedó huérfana de madre, a Guadalupe Urbina Juárez se le acabó el mundo que conocía, pero se abrió ante ella uno nuevo y ancho que ha recorrido con su guitarra.

A sus 53, a Lupita se le ha hecho la vida corta para todo lo que se propuso, pero larga en realizaciones que fue sumando sin detener su huracán creativo. En 1988, fue la cantante más joven del concierto de Amnistía Internacional en San José –junto a Springsteen, Sting y Youssou N'Dour– y fue la primera en participar de la red World Music de Peter Gabriel. Ha sido premiada en varios países, ha firmado libros, cancioneros, pinturas. Sus hijos Antonio y Ángela y sus proyectos de la fundación “Voz propia” han sido pasiones de tiempo completo, pero desde enero de este año ha pisado freno vital para crear y sanar.

Vive en Longo Mäi, una cooperativa agrícola autogestionaria al sur del país donde se fue a reencontrar con la naturaleza y con la gente. “Es parte de una organización internacional. Se creó en 1979 para acoger a desplazados de guerra, pero luego también de la pobreza. De niña, en Guanacaste, me quedó grabado con sangre el impacto que causó en los campesinos la producción industrial de algodón, arroz y ganado”.

Guadalupe sabe que urge restablecer la paz con la tierra. “El poder de la selva tropical se devolverá en ríos y huracanes cuando dejen de cantar sus pájaros y de florecer sus ceibas. Quiero estar para verlo. Quiero un paraíso, ese que me heredaron y que nos pertenece. Quiero el paraíso que nombramos en los primeros balbuceos, cuando llueve sin parar”. La Madremonte no se irá, regresa.

– Ser huérfana a los 11 siendo la menor de 10, ¿atenúa o acentúa la pérdida y la definición personal? – La pérdida de la madre es impactante a cualquier edad. Mamá murió de 53, la misma edad que tengo ahora. Al final de su vida, volcó toda su energía en mí, probablemente reparando lo que no pudo hacer con los otros nueve, porque ella fue el único sostén. Soy un poco proyecto suyo también.

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– ¿Cómo? – Mi madre me decía que yo iba a ser una gran artista. También me decía: “Mi hijita, estudie porque usted es una social con hambre”, porque me gustaban las cosas bonitas. Pero es curioso, porque en la práctica se ve que nunca he hecho esfuerzos por tener cosas.

– Su primer desarraigo fue obligado. – Cuando mamá murió, la casa se desarmó. Mis dos hermanas se hicieron cargo de mí y les agradezco mucho. Me trajeron a San José y fue el desarraigo más grande porque perdí a mi madre, mis hermanos, la casa, el territorio, el padre, la escuela, todo el espacio de identidad y seguridad.

“Imagínese una niña que crece entre árboles frutales, cazando pájaros y cocinando peces a la orilla del río. Fue un privilegio haberlo vivido”.

– “Cazando pájaros”. ¿Sabía que este país recién prohibió la cacería? – Los guanacastecos no fueron a cazar por diversión, era para consumir proteína. Pero esas mismas personas del campo son hoy las mayores defensoras de la flora y la fauna.

– La cultura de Guanacaste se celebra como si fuera nacional, pero ¿cuán olvidada la tiene Costa Rica? – Las cordilleras tienen muy aislado el país. Guanacaste está tan olvidado como Limón y Puntarenas, aunque Guanacaste es la provincia que ha hecho y sigue haciendo grande a Costa Rica.

– ¿Se ha construido a partir de la idealización de su infancia? – Claro que sí, no puedo negarlo. Me permite creer que en la vida podemos hacer las cosas distintas, que es posible vivir de una manera saludable, con cooperación y solidaridad.

– Pero si esa niña se hubiera quedado a la orilla del río, no estaría donde está. –Cierto, le llamo exilio voluntario, pero mi viajar está conectado con las personas. Qué lástima que los ticos no saben lo que tienen y que esto es un tesoro. ¡Siempre he pensado en este país como potencia verde; el paraíso al que todos querrían venir a ver, algo que ya no queda en otros sitios!

– ¿Estudió música? – Empecé con matemática y me di cuenta de que lo mío era la música, pero ya era grande para estudiar en la UCR. Estudié “Música para la promoción comunitaria” en la UNA.

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– La ‘mate’ es musical.. – Absolutamente y soy muy científica en entender sobre la cosmogonía de nuestros pueblos.

– ¿Es muy racional? – Cada vez menos, es parte del proceso de sanación.

– ¿Por qué? ¿Nos pone límites la razón? – Sí, el raciocinio es muy rígido. Soy una persona en cambio permanente. No sueño con la estabilidad. Así se nos controla.

– ¿Sintió la necesidad de huir como Yolanda, Eunice o Chavela? – La primera vez salí por curiosidad. Nunca sentí que mi trabajo tuviera asidero acá porque soy muy mala para el lobby ; en eso, soy de campo.

– Su voz de contraalto a capela tiene sonidos profundos, sonidos guturales que nadie más usa. – Es muy de la provincia eso de cantar sin instrumento. Implica una enorme conexión con el universo; el sonido como la primera manifestación de la creación. El universo es sonoro.

– México tiene a Lila Downs. ¿Siente que la “dejaron” crearse su propio espacio? – No lo creo. En este país el folclor está tan denostado, tan maltratado, tan abusado, tan pisoteado, que se ha convertido en una postal barata y descolorida; mientras que en otros sitios merece enorme respeto. Mi país es tan chiquito...

– El tamaño no es excusa. – Creo que sí es porque es muy fácil manejarlo y unos cuantos manejan esto como una caja chica. Han dirigido la manera de hacer ver al país, con una visión hacia afuera.

– ¿Se ha reconocido más a varones que a mujeres dedicados al rescate de lo autóctono? ¿Suerte, mejor mercadeo o producto del machismo de “caballeros de la cofradía del mutuo elogio”, como ha dicho? – Creo que tiene que ver con la cofradía, con el sistema, el mercado, la industria.

– Ha dicho que a quien ha querido salirse del molde le han dado “atolillo con el dedo” ¿Lo intentaron con usted? – Si no estás dentro de la línea de la industria, no existís, pero depende de si se quiere existir para ella. Para mí, es descubrir que realmente existo a pesar de la industria; que mi trabajo no fue hecho para servirle ni para que me dé beneficios. Lo curioso es que, después de que me he quejado mucho, me digo: “Ah, Guadalupe: lo que estabas haciendo era lo que querías hacer. No te quejés”.

– ¿Está Costa Rica en deuda con usted y su trabajo? – No creo que nadie me deba nada y yo no les debo nada tampoco. No nos debemos nada. Aquí estamos y hacemos lo que hacemos.

– ¿Qué le cobran? – Si se hace arte como profesión para ganar dinero ya una se define dentro de ese mercado, pero mi arte es mi forma de ver la vida y no lo hago para ganar dinero. Yo he pagado un precio muy alto por hacer las cosas como he querido, porque no ofrezco lo que la industria pide.

– ¿Hay redención para el “mundo chiquito del ‘marketing’ de muñecos de cartón”? – A veces digo: “podría haber sido más fácil, pero qué testaruda, qué necia he sido”, porque hago un disco que se llama Sones de mi Tierra Caliente , uno de los que mejor rinden homenaje al Guanacaste anónimo, al que este país requiere guardar y, sin embargo, es muy poca la gente de mi provincia que lo ha comprado, y creo que no me van a invitar nunca a cantarlo. Antes yo sufría con eso; ahora entiendo, porque yo busco la esencia de las cosas, pero este es tiempo para la forma, la apariencia.

– En los últimos años, escribe e ilustra cuentos para niños. ¿Es la última puntada de un círculo creativo? – ¡Qué va! Estoy en el mejor momento creativo de mi vida; estoy más joven que nunca y creo que los achaques físicos tienen que ver con esa conciencia. Yo antes me preocupaba por tener un lugar aquí (en Costa Rica), pero tampoco hice esfuerzos por circular, por ir a tomar cafés.

– Busca signos para encontrarles sentido. ¿Cuál es el signo supremo? – Toda la corte estelar que podemos ver desde acá abajo; por eso admiro a nuestros antepasados que rigieron su manera de ver el mundo desde las estrellas. Hoy olvidamos las estrellas por las luces de neón.

– ¿Hay que dejar intacto lo autóctono o buscar nuevas fusiones que mezclen todo? – Eso se da solito y es maravilloso. Ese intercambio de los elementos y las nuevas expresiones.

– ¿Aunque se desdibuje lo autóctono? – Los signos que trascienden a los pueblos son los que los expresan su colectividad. Deben cuidarse pero hay que usarlos para elaborar nuevos sentidos. Quiero que los usen los jóvenes que hacen música metálica, rock , jazz o rancheras, porque este país es muy musical. Para volar hay que tener raíces y lo que siento que le hace falta a los jóvenes es conocer las raíces.

– ¿Hay una forma “femenina” de hacer arte? – Absolutamente. La igualdad tiene que ver con los derechos, pero las mujeres tenemos otra manera de abordar el mundo, el arte, la política. El mundo está urgido de nuestra creatividad, porque acá no hay balance.

– Una vez dijo que los costarricenses éramos amables y desprendidos. ¿Es suficiente para construir el ‘País azul’? – Eso ha cambiado muchísimo. Mi país tiene mucho miedo a todo; la gente vive en cárceles y las cárceles están atestadas de gente.

– Cuando se mira en el espejo del alma, ¿está doña Angelita Suárez? – Sí. A esta edad, mamá se me ha convertido en un montón de palabras, de refranes. Creo que me parezco mucho a ella porque soy un poquito lo que ella construyó.

– Usted dijo en su Facebook: “La tristeza ancestral, los golpes emocionales, los abandonos, los resentimientos y la culpabilidad han ido haciendo mella en mi cuerpo y en mi alma. La adicción al drama puede ser nefasta y perdemos nuestro instinto, nuestro norte o nuestro sur”. Su historia suena “sufrida”. – En algunos aspectos sí. Nunca le quise dejar espacio a las emociones difíciles. Yo vine a llorar la muerte de mi madre ya de adulta. Yo he tenido que ser muy fuerte y muchas veces ese ser fuerte, ese aguantarlo todo, y ese hacer lo que una se propone a pesar de todo, es muy duro. Para alguna gente, eso significa cumplir metas, pero he sido muy dura y muy exigente conmigo misma.

– ¿Esa perseverancia ha influido en que la han desahuciado y renace? – Lo que pasa es que ya me he despedido de mí misma y eso me ha dolido, pero me ha dado una enorme paz. Esta vez me dije: ‘Tienes dos opciones: o irte o quedarte. Si decides irte, suéltalo, despídete. Y yo empecé el proceso de decir: ‘Yo he hecho lo que he querido hacer, bien o mal, y si me tengo que ir ahora, bueno, está bien’. Lo siento más por la gente que me quiere, mis hijos, mis hermanas y amigos, porque sé que esto está siendo muy duro, pero ya me despedí. Yo ya le dije a la vida: ‘Bueno vida, mira, hubiera querido hacer esto y esto, pero hice esto y esto (realmente hice la lista). Necesito parar, descansar. Esta vez no voy a luchar por respirar’. He llorado mucho y hay días en que una acepta y días en que no.

– ¿Es su modo de quedarse? – Yo me he despedido, yo ya me fui; siento que yo ya me fui. Todos venimos para irnos, pero lo olvidamos porque nos enseñan que venimos para quedarnos, y nos enredan y construimos casas y cuentas en el banco, y resulta que no, que en lugar de vivir y disfrutar la aventura del viaje nos dedicamos a tratar de quedarnos. Por eso, ya ni me puedo juzgar, porque todo lo he hecho de acuerdo con las condiciones y la capacidad que he tenido, y ya lo hice, bien o mal.

– Leí su muro de Facebook. La gente la quiere mucho. – Sí y lo que me tiene impactada es tanta gente que me dice que les he dado mucho. Porque nunca he tenido conciencia de ello y esto es como un enorme regalo, porque estoy recibiendo mucho amor y este era el momento en que lo necesitaba.

– ¿Ha sido muy arisca para dejarse querer? – Muy arisca, siempre muy ocupada.

– “Bailar bien, pero bien cerquita... como en El Herediano. Porque la vida vale, lo que el cuerpo calienta”. ¿Debió dar o pedir segundas oportunidades? – Las he dado y también he sido capaz de pedir perdón y de decir ‘lo siento’ e intentar retomar cosas.

–¿Ha sido pragmática en el amor? – No, ¡qué va! Me he entregado mucho, pero viera qué bien que me agarra la vida con el tema del amor, porque creo que por primera vez me doy cuenta de que yo no tengo ningún interés en andar buscando enamorarme. Soy un pizote solo, como un coyote solo.

– Para no desilusionarse, ¿no hay que“creer ser mar ni que la luna es de queso”? – Claro.

– ¿El amor “al menudeo y sin correcciones” o al por mayor? – Al menudeo.

– Las conoce bien a todas. Entonces, ¿cuál diosa ancestral parece haber reencarnado en usted? – ¡Qué bonita está esa pregunta! La vieja del rincón, la del volcán, porque la Madremonte vive allí adentro .

– Ha recorrido el camino del río. ¿Qué espera al ver el mar? – El mar es el lugar primigenio de donde sale la vida; es el alfa y el omega. Siento que el río es el medio para llegar al sitio de los orígenes.

– ¿Ha demostrado tener muchos dones? ¿La han hecho dichosa? – Sí, ahora descubro que no quiero hacer otra cosa.

– ¿Qué tratamiento está siguiendo? – He encontrado gente que mezcla medicina tradicional y contemporánea. Por ejemplo, el médico colombiano Jorge Carvajal Posada, quien ha inventado aparatos y medicamentos, y acá hay gente que ha estudiado con él. Han estudiado por qué las plantas en Chérnobil volvieron a hacer la fotosíntesis y cómo hacer para que las células humanas “recuerden” cuál es su constitución genética y destruyan a las que han mutado. En dos meses, mi sistema inmunológico ha subido mucho. Desde hace años, el doctor Carlos Orozco me cambió la visión del mundo cuando me dijo que la salud es la comida.

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