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Señor Robot

Actualizado el 06 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Facundo Cabral decía “no estás deprimido, estás distraído”

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Despierta Neo, despierta. (Daniel Solano)

Despierta Neo, despierta. La psicóloga cumple son su papel en la trama (en la vida misma) y le dice a Elliot, joven paciente diagnosticado con depresión clínica y fobia social, que su enojo y su desprecio por la sociedad responde a un dolor que lleva por dentro, en el que hay que trabajar. “¿Qué es lo que tanto te decepciona de la sociedad?”, le pregunta, en el capítulo piloto de Mr. Robot , serie de la cadena USA.

“Oh... no sé. Tal vez que consideramos como un colectivo que Steve Jobs era un gran hombre incluso cuando sabíamos que ganaba billones gracias al trabajo de niños?”, contesta el protagonista, antes de seguir enumerando todo lo que le asquea de nuestro entorno y nuestra realidad: “el mundo entero es un completo fraude”, dice, mientras los rostros de Bill Cosby y Lance Armstrong iluminan la pantalla.

Por obvios efectos dramáticos es evidente que Elliot exagera y simplifica, pero tiene un punto. Recientemente vi el documental de Aaron Swartz ( El hijo de Internet ), joven programador y activista estadounidense que se quitó la vida en 2013, a los 26 años. Me llamó la atención lo desconocida que es su figura, muy a pesar de numerosos y muy significativos aportes que hizo para que usted y yo disfrutemos de Internet tal y como la conocemos hoy.

En cierto momento de su vida Swartz tuvo que decidir entre el camino del “emprendedor” al mejor estilo Steve Jobs o el “altruista”, siguiendo el modelo de Tim Berners-Lee, padre de la web, quien desarrolló su creación como un recurso libre y gratuito. Muy a pesar de eso, Berners-Lee es para la mayoría de la humanidad un desconocido, mientras que Job es considerado todo un referente. Y Swartz, bueno, Swartz tuvo que suicidarse para que se hablara “un poquito más” de la importancia de su trabajo.

No es ciencia china: quizá la planta de café es más productiva, pero siempre será más atractivo a la mirada el clásico árbol de navidad, tan luminoso como desechable. “Queremos sedarnos”, dice Elliot, “porque es doloroso no pretender... porque somos cobardes”, concluye.

Vargas Llosa, irónicamente, estaría de acuerdo con el hacker rebelde cuasianarquista: es más fácil distraernos con el nuevo iPhone que ponernos a pensar gracias a quienes podemos revisar Wikipedia desde el hermoso aparato. Así, aunque el New York Times denunció recientemente condiciones laborales más que reprochables en Amazon, poco nos importa mientras el paquete llegue a tiempo. ¡Ya tenemos nuestros propios problemas como para preocuparnos por eso! ¿Cierto?

Facundo Cabral decía “no estás deprimido, estás distraído”. Lo irónico es que, a como se plantea la vida moderna, la única forma de evitar la depresión es precisamente esa: distrayéndose.

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