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Personajes del año 2013

Rodolfo Hernández: Un hombre de palabra

Actualizado el 08 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

El doctor Rodolfo Hernández lanzó su candidatura este año asegurando que rescataría al PUSC y al país, pero renunció apenas iniciada la batalla, según dice, por las traiciones de sus mismos compañeros.

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Rodolfo Hernández: Personaje noticioso del año 2013. (Jose Díaz)

El doctor Hernández abre el portón blanco desde donde hace algunas semanas le cortó la respiración a sus partidarios con una sucesión de muertes y resurrecciones políticas y, cuando lo veo, pienso que en los anuncios parecía un poco más alto. Pero el hombre que me recibe no lleva gabacha de médico ni el porte altivo de las vallas publicitarias. El reflejo del sol me muestra un señor más bien bajo, con una de esas frentes que ganan terreno tras cada lavada de pelo. Tiene el hablar propio de un académico y se mueve con el ritmo pausado de quien ya pisa las seis décadas.

“Yo le dije que la iba a atender y lo hice, ¿verdad?”, me dice desde un sillón achaparrado en la sala de su casa, al recalcarme que es “un hombre de palabra”.

Junta los dedos de ambas manos y siento que estoy por escuchar una de sus cátedras universitarias. Habla con la calma de quien logró tocar tierra firme tras un naufragio en altamar.

El éxito inicial de su postulación como candidato a presidente por el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) lo lanzó a las primeras planas de los periódicos y de las pantallas de televisión. De aquel primer deslumbramiento, pasó a la completa decepción debido a “traiciones, envidias y egoísmos”, hasta que, el 3 de octubre, “ la motivación se fue de viaje ”, pero regresó dos días después, para perderse finalmente en una novela política que activó la creatividad y el humor de electores y escépticos en las calles y en redes sociales.

Rodolfo Hernández Gómez no es un hombre que soñara con ser candidato, uno de esos políticos que trajinan en las calles besando ancianas y tejiendo alianzas.

Su vitrina fue haber estado 34 años en el Hospital Nacional de Niños (HNN), como pediatra, nefrólogo y, los últimos 12, como director. Su aparición en medios se enmarcó cada diciembre en un “Juntos todo es posible” y su currículo político lo definió una herencia familiar de fundadores del socialcristianismo y un modesto apoyo en campañas anteriores.

Ese era su capital, es lo que vieron en él sus amigos, los que lo animaron y lo que notó, sin duda, el líder histórico de los socialcristianos, Rafael Ángel Calderón Fournier.

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“Era como la persona que los costarricenses querían, alguien que estaba fuera de la política tradicional pero con pertenencia a un partido político toda su vida y con servicio público durante muchísimos años. Entonces, dentro de quienes vimos que el doctor Hernández podía ser una figura para aglutinar a la oposición y hacer un buen Gobierno, estuve yo”, recuerda el expresidente Calderón.

“El doctor” –título que lo catapultó en campaña– se convirtió en el redentor de un agonizante PUSC, antes pieza del bipartidismo, y ahora golpeado por los procesos judiciales que llevaron un tiempo a prisión tanto a Calderón, como al también expresidente Miguel Ángel Rodríguez, y que permitieron la aparición en escena de nuevos colores políticos.

La apuesta dio resultado, al menos para el partido, que, tras elegir al médico en mayo, se acomodó en un digno segundo lugar en las encuestas con el 12% del apoyo del electorado, cerca de la mitad del porcentaje obtenido por su principal contrincante liberacionista . No tanto para Hernández, que empezó a sentirse como un capitán en medio del océano sin el respaldo de sus oficiales de cubierta.

“Hice un gran esfuerzo en unir las tendencias. Convergencia Calderonista (afín al expresidente Calderón) fue más fácil de llevar al plano de la tranquilidad. Renacer fue imposible, no estaban trabajando por la candidatura a presidencia, sus intereses eran por su candidatura a diputados”, cuenta el médico y especialista en Administración, con tono de padre desesperanzado.

“Convocaba a reuniones y no llegaban, hacíamos giras y no me acompañaban, contadas veces, y cuando les decía a los dirigentes: ‘Mirá, contacten a la gente de Renacer porque no hay dinero’, decían: ‘No vamos a poner ni un cinco’”, resalta en son de reproche.

Así se fue apagando aquella ilusión, hasta que los rumores de su retiro se materializaron en la carta que destrozó la esperanza de los simpatizantes, animó a los opositores y sirvió de ejemplo a quienes, retirados de la política, se quejaban de sus entramados.

Pero el clamor de sus seguidores en aquel portón blanco logró que el médico reconsiderara y pusiera punto y coma a su salida.

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“Si usted recuerda mis palabras, yo no regresé; yo dije que aplicaban restricciones: la renuncia de Gerardo Vargas y de William Alvarado (presidente y secretario del PUSC). Tenía tres semanas de estar hablando lo mismo; ellos nunca estuvieron a tiempo completo”.

Esa condición nunca se cumplió .

La dupla

Una casi primera dama entra con un perro en brazos, me saluda y, sin más, se une a la conversación. De inmediato percibo que el doctor relaja su pose de docente y que entramos más en confianza.

Marcel De Mezerville, de ascendencia francesa y sobrina de una mujer que perteneció al grupo fundador de la Cruz Roja, se aloja con su can en un tercer sillón de una sala sin lujos.

“Ese fue el problema”, señala con un timbre agudo que inunda la habitación. “Él les dijo eso pensando que se iban a ir, y no lo hicieron. Y si hay una cosa que yo le reconozco a Rodolfo, es que tiene palabra”.

Marcel completa frases de su esposo, ahonda en sus argumentos y respalda sus decisiones. Interviene cuando él requiere de un impulso extra para aventurarse, tal como ocurrió cuando el médico llevaba más de cuatro meses meditando si intentaba sanar a un partido y a un país al que diagnosticó como “gravísimo”.

“Fue mi esposa quien me dio el último empujoncito y me dijo que debía hacer el intento porque sino me iba a portar como algunas personas insensibles que están bien y entonces no les importa el vecino que está con hambre, y así fue como entré”, recuerda Hernández.

La pareja tiene 41 años de cuidarse las espaldas. Se vieron por primera vez en el salón de patines Music, en San Pedro, cuando ella era apenas una adolescente de 12 años y él, un muchacho cartaginés de 17, criado entre libros de Filosofía por el abogado Humberto Hernández Piedra, y entre vacas y el campo, por la agricultora Anita Gómez Monge.

Desde ese encuentro –dice Hernández– supo que esa joven sería su esposa. Quizá fue ese mismo día cuando desistió de una incipiente vocación de religioso inspirada por su educación en el Colegio Saint Francis, de Moravia.

Además de las navidades, la crianza de cinco hijas y los problemas comunes de matrimonios jóvenes, esta pareja vivió la carrera de Medicina que él llevó en la Universidad de Costa Rica y la especialidad en Nefrología hecha con una beca en el Baylor College of Medicine, en Houston, Estados Unidos.

Juntos llegaron a una atropellada precandidatura, que inició formalmente un 16 de marzo en el INBioParque, en Santo Domingo de Heredia, cuando fue precisamente Marcel quien lo presentó.

“Yo dije: Rodolfo es una persona de retos, Rodolfo no se deja vencer tan fácilmente, es más, puse de ejemplo el Chirripó; él lo había escalado 19 veces cuando lo presenté”, rememora ella ocho meses después, cuando él ha hecho dos veces más aquella caminata.

Camino a la montaña

Los 19,6 kilómetros que se recorren en subida desde San Gerardo de Pérez Zeledón hasta la cima del cerro Chirripó podrían doblegar la voluntad del caminante que ignore los obstáculos del trayecto, pero no la de quien esté convencido de cumplir esa meta.

En el recuento de los estorbos de su viaje político, el doctor rebate que alguna vez haya pedido un salario para ser candidato. Me recalca que los problemas fueron otros y que eso “ya es pasado”. “Yo uso como frase que dejemos de mascar chicle. El chicle primero pierde el dulce y después se pone amarguillo y cansa hasta los músculos maseteros”, dice.

Sobre la eventualidad de una nueva candidatura en el futuro, expresa: “Aunque sorprenda, yo no puedo descartar nada. En este momento,  todavía hay un poquito de emociones. No puedo tomar una posición que podría modificarse en el futuro, me parece que sería un error cerrar puertas del todo”.

Expone que se debe invertir en la niñez y en la salud para tener un país mejor. Presenta datos para argumentar que el Gobierno es deficiente, que se malgasta el dinero, que se hacen malas contrataciones y que no se revisan adecuadamente las concesiones.

Hace un recuento sistemático de los males que afectan al país, desde la corrupción, el desempleo y la pobreza, hasta los “insultos y mentiras” en redes sociales. Me explica que por eso le gusta trabajar con los niños, porque son “torpemente sinceros” y porque en ellos es donde se deben inculcar los valores. “Dios debe ver a este país con ojos de misericordia”, afirma con acento de franciscano.

“Las cosas están complicadas y no porque sea un país pobre; usted no puede decir que Costa Rica es un país pobre, porque vea el PIB (Producto Interno Bruto), sigue creciendo. Vea el ingreso per cápita que es superior al de muchos países. Lo que Costa Rica tiene es una pésima distribución del dinero, el 20% o menos de la población tiene mucha plata y el 80% no tiene tanto”, concluye.

Me cuenta que, desde que terminó su postulación, se ha dedicado a su esposa, hijas y nietos, y que espera con ilusión su regreso al hospital (eso ocurrió el 18 de noviembre).

Reitera que lo demás es pasado. Asegura que el partido no podrá levantarse, pero que votará por Rodolfo Piza (su reemplazo) y por los diputados de su partido. Y expresa, ante mi completo asombro, que algún podría emprender nuevamente la caminata.

“Aunque a usted la tome por sorpresa, yo no puedo descartar nada. En este momento, todavía hay un poquito de emociones. No puedo tomar una posición que podría modificarse en el futuro, me parece que sería un error cerrar puertas del todo”.

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