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Publicación especial San Carlos: 104 años... ‘por la comida’

Actualizado el 05 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Publicación especial San Carlos: 104 años... ‘por la comida’

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Se sostiene la cabeza con la mano derecha mientras descansa el codo en una mesa de madera desvencijada. Viste una combinación de color crema y un delantal desteñido.

Parece débil, pero ante la propuesta de tomarle fotos en la sala de la casa, reaccionó sin titubeos: fue capaz de levantarse como si estuviera en la flor de la juventud, subir cinco gradas y caminar hasta una mecedora al fondo de una espaciosa recámara. “Yo he durado tanto por la comida. La gente no dura porque no come”, dice tajantemente esta señora nacida un 24 de junio y quien ya suma 104 años.

Juana Emilia Flores es la habitante más longeva de Chamorro de Cutris, pero además, es la única pobladora que puede hablar de aquellos días en que se fundó la región, cuando lo único que había era matorrales con tigres, chanchos de monte y pavones.

“Yo llegué acá con el finado Pipo (Porfirio Rojas), el que fundó Chamorro. Él trajo a muchos finqueros y yo trabajé con el machete a la par de mi marido, José María Gutiérrez, quien era peón. Yo lavaba, horneaba, planchaba; les hacía arroz, frijoles y carne; comíamos tepezcuintle, pescado de río y chancho de monte”, relata sobre lo vivido en la década de 1970, tras haber “rodado” por Upala, Caño Negro y Los Chiles, entre otros puntos de la zona norte de este país. Eso fue después de abandonar su natal Nicaragua, hace una suma incontable de años y antes de nacionalizarse tica.

Hoy, doña Juana vive de la pensión de su esposo, quien falleció en el 2006, y a ese ingreso le suma lo que gana por la venta de huevos de sus gallinas.

“Mis ocho hijos dicen que soy muy regañona y por eso nadie quiere vivir conmigo, pero yo no vivo sola, vivo con la Virgen y con Dios. Mis hijos me han dicho que me vaya con ellos, pero ¿quién se va a aburrir de estar en una finca? Yo no quiero irme a la ciudad”.

Con su bien ganada fama de ser la mujer más trabajadora que ha visto la zona desde Moravia, pasando por Copevega e Infiernillo, hasta Tirisias, doña Juana Emilia solo reafirma su posición: “Yo ya no sigo rodando... acá me quedo. Dios sabrá hasta cuándo me mantiene con vida”.

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