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Personajes 2015

Parejas del mismo sexo unidas legalmente

Actualizado el 12 de diciembre de 2015 a las 11:50 pm

Dos años esperaron dos hombres  para  tener una unión de hecho que les permitiera compartir derechos como una pareja más. Un fallo histórico les dio a  Christian y a Gerald oficialidad como pareja ante la ley. En julio, Laura y Jazmín aprovecharon un error registral para inscribir legalmente su matrimonio. ¿Se acerca una decisión legislativa sobre la unión entre personas del mismo sexo?

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Jazmín Elizondo, Laura Florez Estrada, Christian Zamora y Gerald Castro. (Gabriela Tellez)

Christian Zamora y Gerald Castro laboraban la mañana del 2 de junio en el estudio de su hogar, en Moravia, cuando sonó el teléfono. Christian  escuchó una voz entrecortada que solo dijo: “Aprobaron el proceso. Ya están en unión de hecho”.

“No entendí nada, pero cuando el abogado nos explicó  bien se me bajó la presión. ¡Teníamos todos los derechos como cualquier pareja casada!”, contó Christian en la sala de su casa, acompañado de su pareja –con quien lleva 12 años de convivencia– y el gato negro de ambos.

Estos  profesionales en publicidad y diseño gráfico fueron los primeros en sorprenderse con  el histórico fallo positivo. De inmediato, entendieron la responsabilidad de ser la primera pareja gay en Costa Rica a la que un juez  reconoció su unión de hecho. Era un sentimiento agridulce; Christian lo compara con que un juez le hubiera permitido votar a dos mujeres en tiempos en los que la mujer no podía votar. “¿Qué pasa con las demás?”, se pregunta.

Nada de esto hubiera ocurrido si Christian y Gerald no hubieran aprovechado el único mes de tiempo que les quedaba para hacer el trámite. Por tan solo un mes, talvez no serían los protagonistas de una de las noticias sobre derechos humanos más importantes del año. Por un mes, serían tan anónimos como usted o como yo.

Fue en las noticias que escucharon que  la reforma a la Ley General de la Persona Joven, aprobada por los diputados  en junio de 2013, abría un portillo para la unión legal entre personas del mismo sexo. Era su oportunidad, pero se dieron cuenta de que, por su edad, solo tenían 30 días  para aprovechar esa puerta.

Esta ley aplica hasta los 35 años y a Gerald, el menor de los dos, le faltaban 30 días para cumplir los 36. Después de su cumpleaños, esta  oportunidad  se les iría de las manos.

En vez de desanimarse y esperar a que otros lo hicieran por ellos, corrieron con el papeleo. Ese mes fue de puros trámites. Era necesario que demostraran que llevaban más de tres años de convivencia, que tenían  una unión estable única y que son solteros. Los papeles iban y venían.

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Ellos presentaron todos los requisitos sin altas expectativas. Era una prueba; no había nada que perder, pero sí mucho por ganar. El proceso duró dos años. Muchas veces olvidaban que estaban en medio de un trámite que se hizo realidad gracias a la  ayuda de un amigo abogado.

“Ahora, lo mío  es de él y lo de él es mío, y nadie puede hablar nada”, manifestó Gerald.

Sí, la unión de hecho entre una pareja gay ocurrió en  Costa Rica, a pesar de que  la iglesia Católica y los diputados del bloque cristiano aprovechaban cualquier espacio público para defender la “familia tradicional” y evitar que algo como lo que pasó se convirtiera en realidad.

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¿Qué cambió? Muchos creerán que con el reconocimiento de este vínculo, firmado por el juez Carlos Manuel Sánchez, esta familia  corrió  a  pedir algún préstamo o a hacer trámites. Pero no: nada cambió  en sus vidas desde que el Juzgado de Familia de Goicoechea, en San José, reconoció  su unión. De hecho, no han realizado ni un solo trámite desde entonces. 

Para ellos, esto va más allá de hacer diligencias.

“El objetivo no era tener un fallo positivo, sino ejercer presión. Que nosotros no tengamos trámites que hacer no quiere decir que muchas parejas gays no los tengan que hacer. El asunto es tener derecho de poder hacerlos”, dijo Christian.

Con este reconocimiento, Christian y Gerald son la única pareja gay en el país cuyos  bienes  forman parte de sus garantías patrimoniales y quienes pueden tomar decisiones médicas en caso de que el otro no pueda, entre otros beneficios.

A pesar de que fueron los protagonistas de  un fallo considerado histórico por la comunidad homosexual y de que cobraron notoriedad por unos días, con entrevistas a medios de comunicación e invitaciones a numerosas charlas, todo volvió  a la calma al cabo de unas semanas.

Christian continúa su rutina de levantarse a las 5 a. m. para hacer “predesayuno” con  té y galletas, que como todos los días comparte con Gerald. Luego, se va a su computadora a seguir escribiendo su novela, El último beso antes de morir.

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A las 8 a. m. Gerald prepara el desayuno que comparte con Christian. Después, se van a un estudio que tienen en la casa para trabajar en la empresa de creatividad y diseño  que crearon juntos, llamada  Cazam (por Castro y Zamora). Horas después, entre los dos cocinan el almuerzo.

Ellos se consideran una pareja conservadora, cuyas reuniones sociales se basan en invitar a amigos a ver películas e ir a restaurantes. La conexión humana entre las dos almas que conforman la pareja es tal que uno puede terminar la frase del otro, y viceversa:

—Ya hubo un fallo sobre uniones de hecho gays en Costa Rica y el mundo no explotó, dice Christian.

—No cayeron piedras del cielo, agrega Gerald.

—Lo del volcán Turrialba fue otra cosa..., responde Christian.

No hubo cambios significativos  en las vidas de esta pareja, por ahora, pero juntos lograron un  cambio en la sociedad que, por un lado, reprende con condenas celestiales las uniones gays y, por el otro, expresa la necesidad de que los  derechos de estas parejas sean reconocidos como los de cualquier otra.

Este vínculo es la segunda  taza de caldo para los que se oponen a estas uniones, y una victoria y luz de esperanza para los que las defienden. “Mucha  gente en los comentarios de la noticia decían que iban a impugnar el fallo del juez, que no fue antojadizo, sino fundamentado. Solo dos personas pusieron un recurso y fueron rechazados. Uno se imaginaba miles de recursos en contra, pero nada de eso ocurrió”, dijo Gerald. 

¿Qué sigue? Gerald y Christian harán de todo menos quedarse con los brazos cruzados. Ellos afirman estar abanderados contra todos  los  tipos de discriminación, ya sea por orientación sexual, raza o género. Para ellos, esto no termina hasta lograr eliminar todos los pensamientos homofóbicos que, consideran,  no son exclusivos de los heterosexuales.

“La homofobia no tiene razón de ser. En todas las familias hay alguien gay. Esto no se termina hasta que se reconozcan los derechos que no se han reconocido”, manifestó Christian mientras Gerald asentía tomado de su mano.

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UNA LETRA NADA MÁS

 ¿Qué poder tiene una letra impresa en una cédula? En un país como el nuestro, el de agitar la conversación cultural y política hasta extremos aún imprevisibles.

La letra en cuestión era una “M” (de masculino) en el documento de identificación de Jazmín Elizondo, una estudiante de teatro oriunda de Pérez Zeledón.

A sus 24 años, contrajo matrimonio con Laura Flórez-Estrada, de 28, quien, como mujer, tiene una “F” (femenino) en su cédula. A los ojos del Registro Civil, la inscripción de este matrimonio parecía correcta.

No obstante, Elizondo es biológicamente mujer y se identifica como tal.  Como la legislación costarricense aún no reconoce las uniones ni matrimonios entre personas del mismo sexo, en cuanto se supo de su matrimonio, se agitó, como ocurrió con el caso de Christian y Gerald, una discusión que polariza y cuestiona: ¿Quiénes deberían tener derecho a que su unión sea reconocida legalmente en Costa Rica?

Antes de que la polémica ardiera, Jazmín y Laura simplemente eran una pareja. Se conocieron a principios de año; no esperaban que su relación creciera de tal forma tan rápido, pero empezaron a vivir juntas y a compartir casa, metas y cariño.

“Me encanté con ella: con su historia, con su vida, con la inteligencia que tiene… Me fascinó. No pude despegarme. Pensaba irme para México a principio de año, a mochilear, pero me saboteaba, gastaba la plata inconscientemente”, contó Elizondo en una entrevista previa.

Habían valorado sus opciones. Dijeron: ‘¿Por qué no?’, y el 25 de julio, en la segunda de sus ceremonias de unión amorosa (la primera fue simbólica), contrajeron matrimonio. El notario fue Marco Castillo, líder del Movimiento Diversidad.

Todo cambió el miércoles 4 de noviembre. Un enjambre de periodistas nacionales e internacionales descendió sobre la pareja que, legalmente, aprovechando un error del Registro Civil, se convertía en la primera de dos mujeres en contraer matrimonio en la región.

"La homofobia no tiene razón de ser. En todas las familias hay alguien gay. Esto no se termina hasta que se reconozcan los derechos que no se han reconocido", Christian Zamora

Ambas se sentían abrumadas por la atención, pero satisfechas de que su acción hubiese llamado la atención al escaso avance legislativo en esta materia. El mismo día, el Registro Civil anunció que corregiría el dato de los documentos de Elizondo para declarar nulo el matrimonio  y que procedería a denunciarlas.

Lo que generó tal reacción, en redes sociales y en manifestaciones públicas, fue complejo. De un lado, están quienes se oponen  a regular las uniones entre parejas del mismo sexo de cualquier modo.

Por otra parte, están quienes las apoyan, pero  resienten que se haya recurrido a un aparente fraude para registrarlo así. En noviembre, al preguntarle a Flórez-Estrada por qué habían elegido esta riesgosa ruta, explicó: “¿Esperar por la vía legal a que llegara el matrimonio igualitario? Porque yo no pensaba casarme a los 75 años”.

Para los que apoyan el matrimonio igualitario o las uniones civiles, claro está, el caso se suma a la lucha por lograr apoyo legislativo y social para aprobar alguna de las figuras legales que beneficiaría a parejas del mismo sexo.

Tras el escándalo inicial, que provocó  enérgicos debates  en la Asamblea Legislativa y en medios de prensa, Elizondo y Flórez-Estrada regresaron a las manifestaciones públicas, como han hecho por muchos años (de hecho, decidieron casarse poco después de la Marcha del Orgullo del 29 de junio).

El 19 de noviembre, con Castro y Zamora, participaron en una protesta frente al Registro Civil, convocada ante la celeridad con la cual la institución actuó para corregir la cédula de Elizondo –a pesar de otros casos documentados en los que el proceso ha tomado  años–.

Quizás pasen  años antes de que dos personas del mismo sexo se unan legalmente en Costa Rica. Este 2015, por error, por casualidad o por rabiosa lucha, ya conocimos a las primeras dos parejas.

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