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Palmarín: el que no se pega la fiesta

Actualizado el 18 de enero de 2015 a las 12:00 am

Al personaje central de los festejos cívicos de Palmares literalmente le toca sudarse el sueldo . Juan Antonio Vásquez es quien se atrevió a perderse la alegría del tope para ganarse el cariño de todos

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Palmarín: el que no se pega la fiesta

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En enero, Palmares es sinónimo de pachanga, licor y galanteo por doquier. Lo irónico es que el protagonista de los festejos es quien tiene menos derecho a disfrutar: la liebre.

A Palmarín le toca trabajar, sudar a borbollones dentro del traje, no se puede tomar sus cervezas y, por si fuera poco, su novia siempre sabe dónde está con solo encender el tele.

Juan Antonio Vásquez es el sacrificado de este año.

No se portó mal para que le pusieran las orejas, simplemente cumplió con todos los requisitos: es corpulento, ofrece disponibilidad de tiempo, necesita el trabajo y tiene –literalmente– una pata en la Asociación Cívica Palmareña (ACP).

Un mes atrás, Vásquez imaginaba que disfrutaría, con un par de cervezas, de estos días que se han convertido casi en un asueto para los del valle florido.

Todo surgió muy rápido y sin planearlo. Su tío, Óscar Guido Salas, trabaja en la asociación y un día lo llamó para preguntarle si le interesaría el trabajo y, como llevaba seis meses desempleado, sin pensarlo dijo que sí.

“Todo lo que sea trabajo hay que cogerlo. Vea cómo está la situación”, le dijo su novia, Ana Laura Monestel.

Algunos de sus amigos lo felicitaron y, como era de esperarse, muchos otros lo molestaron.

Juan llegó a las oficinas para asegurarse de que el traje le quedaba y al día siguiente ya estaba saludando y levantando el dedo pulgar en la conferencia de prensa que se realizó en el hotel Sheraton, en Escazú.

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que lo ponen nervioso las cámaras; que puede pasearse por el campo ferial dentro del traje sin pena alguna, pero que al estar frente a los periodistas, la historia cambia. Para suerte suya, llevar una máscara enorme de fibra de vidrio sobre su cabeza hace que nadie se dé cuenta de cuando se sonroja.

Lo malo: hasta el martes pasado no sabía qué iba a pasar cuando todo el agua que tiene que tomar para no deshidratarse hiciera de las suyas en el tope.

Dentro de un traje, la temperatura corporal puede subir hasta 20 grados.

“Eso es lo que todavía no hemos resuelto. Aún no me han dado ganas”, dice.

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Pero aquella tarde, cuando conversamos, al joven lo que más temor le daba era la posibilidad de una descompensación durante el tope, debido a las altas temperaturas de la tarde palmareña.

Mientras miles de personas disfrutaban del evento con una cerveza bien escarchada en mano, y ropa fresquita, a Vásquez le tocaría presentarse más abrigado que un esquimal.

La máscara fue equipada este año con un ventilador de computadora que funciona con una batería cuadrada y que Vásquez tendría que comprar antes del jueves porque ya se la habían perdido. Empero, según dice, el artefacto no sirve de mucho.

“En realidad es muy caliente, no hay quite”, admite con resignación.

Tal es la temperatura a la que se exponen quienes utizan los trajes de Palmarín, que al del 2013 al ocupante de turno lo terminó atendiendo la Cruz Roja por una hipoglucemia (bajonazo de azúcar).

A Juan también lo preocupa la posibilidad de una caída porque el traje, aunque no pesa tanto, incomoda.

Además, las altas cuotas de alcohol durante todos los festejos le pueden jugar una mala pasada, pues hay quienes se atreven a jalar el traje de las mascotas comerciales o les lanzan objetos.

Pero trabajo es trabajo, insiste Vásquez, quien es técnico en informática.

Vásquez ha trabajado  en ebanistería, vendiendo ropa y como técnico en informática, pero, sin duda, el trabajo como Palmarín será toda una historia para contar.  | FOTO: JOHN DURÁN
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Vásquez ha trabajado en ebanistería, vendiendo ropa y como técnico en informática, pero, sin duda, el trabajo como Palmarín será toda una historia para contar. | FOTO: JOHN DURÁN

Lo que se gane durante los 15 días de los festejos no le alcanzará ni para comprarse una moto, asegura, pero quizá lo use para, ahora sí, darse unas pequeñas vacaciones.

La liebre más famosa

Al muchacho le tocó llenar las botas talla 46 de Palmarín. Se las rellenan con papel porque él calza tres tallas menos.

Le tocó también dar vida a una liebre que es cuatro años mayor que él. Cuando Vázquez nació, ya Palmarín caminaba por las calles en los topes de San José y su tierra natal.

Cuando se fundó la Asociación Cívica, en 1986, al líder local Johnny Araya (sí, ese mismo) se le ocurrió que era bueno, para efectos de mercadeo, popularizar una mascota. Pero la inspiración para crear la liebre no fue suya, sino del publicista Óscar Castro, a quien Araya contrató para que le ayudara.

“(Castro) me presentó varias alternativas y luego las llevamos a la Asociación Cívica. No recuerdo bien cuáles eran, pero me parece que había también una ardilla y un gallo”, relata Araya.

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Aunque los únicos registros que tiene la asociación sobre Palmarín dicen que es una liebre de monte y que se eligió así porque estos animales eran muy característicos del cantón décadas atrás, el propio Araya se refiere a Palmarín como un conejo.

“No es particularmente un animal de la zona, pero conejos hay en todo el país”, dice el excandidato.

También creyeron que era un conejo los niños que acudieron con sus familias al Tope Nacional de 1987, cuando Palmarín debutó como una mascota animada.

Así lució Palmarín hasta el 2014. Este año los organizadores refrescaron su imagen pero en redes sociales la reacción no fue del todo positiva.
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Así lució Palmarín hasta el 2014. Este año los organizadores refrescaron su imagen pero en redes sociales la reacción no fue del todo positiva. (Archivo/Eyleen Vargas)

El traje se lo encargaron a un pintor y artesano de mascadas a quien todo Palmares conoce como Silín.

“Recuerdo que fuimos al taller de él y nos mostró varias opciones. Tenía un traje más vaquero porque la línea eran los toros”, cuenta Olivier Rojas, miembro fundador de la ACP.

Al primer Palmarín lo llevaron al Tope Nacional para promocionar los festejos de su cantón.

“En aquel tiempo, estaban destacándose públicamente las mascotas de Saprissa y Alajuela. También estaba el Toro Chepe, que era la mascota del tope de San José”, afirma Rojas.

Miguel Cubero Sancho, quien entonces iba dentro del traje de Palmarín, hizo gala de sus dotes para la improvisación y comenzó a fingir que toreaba a Chepe.

“Causó gran sensación”, rememora Rojas. “Se ganó el afecto de los niños, que no le decían Palmarín; le decían ‘el conejo’”.

Juan Antonio Vásquez también tendrá que llenar el espacio que dejaron vacante los tres palmarines anteriores. Cubero se ganó el cariño de todo el pueblo por ser el primero en enfundarse el traje. De hecho, en Palmares nadie lo conoce por su nombre; para todos los efectos es Palmarín.

Un problema en el corazón hizo que Cubero tuviera que dejar a su personaje en 1990.

Su lugar lo asumió el oficial de Tránsito Jorge Vargas Rojas, quien encarnó a la liebre de sombrero durante 14 años, hasta que se la heredó a su hermano, Diego.

Este año, la ACP decidió renovar la imagen de Palmarín, pero resultó que requería a un hombre más alto que Diego para estrenar el nuevo traje.

Juan, de 1,83 metros de estatura, tiene ahora el reto de ganarse el aprecio de los palmareños, metido en un traje que ya no es el tradicional y que gusta mucho menos, según una encuesta publicada en el perfil de Facebook del personaje .

“No le voy a mentir. A mí me ha gustado, me he sentido cómodo”.

El joven reconoce que si no fuera por el bochornoso traje de liebre, jamás hubiera conocido un estudio de televisión o la cabina de una emisora de radio.

De hecho, asegura que si lo llaman de nuevo el próximo año, es probable que diga que sí.

Y, si de cualquier manera no ocurre, no le incomodaría quedarse para siempre con la etiqueta de Palmarín.

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Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

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