Entretenimiento

Padre en patineta: Misa sobre asfalto

Actualizado el 19 de mayo de 2013 a las 12:00 am

¿Quién es el skater con collarín? RASCHID VARGAS redescubrió la patineta en el Seminario y ahora es el padre más cool de León XIII.

Entretenimiento

Padre en patineta: Misa sobre asfalto

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

                         Raschid Vargas  es invitado por las comunidades a festivales deportivos, como este en Paso Ancho. Foto: Mayela LópezRaschid Vargas
ampliar
Raschid Vargas es invitado por las comunidades a festivales deportivos, como este en Paso Ancho. Foto: Mayela LópezRaschid Vargas

A finales de los años 60, una joven monja volaba por los aires gracias a la magia de la televisión en la serie La novicia voladora. Aquello era pura ficción de la época, pero más de 40 años después, en el barrio josefino León XIII, hay un sacerdote que podría retar a la mágica novicia.

A él no lo ayuda un sombrero alado ni cierta capacidad psíquica, solo una patineta. El sacerdote Raschid Vargas, vuela con su tabla entre cajones, rieles, rampas y gradas. Desafía la gravedad con sus trucos y deja impresionados a los jóvenes que lo miran un lunes sí y el otro también en el skatepark Arenas en San José .

Desde hace más de dos decenios con algunas interrupciones, el padre Raschid se desliza sobre el asfalto. Hoy, a sus 35 años, cuenta que comenzó a los 14 y dejó de patinar a los 17, cuando las exigencias académicas y laborales consumían todo su tiempo. Estudió Filosofía en la universidad durante cuatro años hasta que tomó la decisión de su vida: entrar al Seminario Mayor.

“Yo no puedo meterme en algo a medias. Entonces, dije: ‘Si Dios existe, tengo que vivir para Él. Tiene que ser todo o nada’”, recuerda el sacerdote.

Rodar otra vez

La patineta la desempolvó mientras cursaba su primer año de seminario. En alguna ocasión, llegaron unos jóvenes a jugar futbol, básquet y voleibol. También aparecieron otros con una patineta bajo el brazo...

“Alguien preguntó: ‘¿Y qué hacemos con estos?’ Y yo dije: ‘¡Yo sé qué hacer!’ Y me fui a patinar con ellos”, recuerda Vargas.

Desde entonces, descubrió que perfectamente podía ser sacerdote y skater a la vez.

Una vez ordenado, se compró su segunda patineta, ya que la vieja había sufrido un daño irreparable varios años atrás. Se armó con tracks originales, ruedas a su gusto y una tabla “bien caché” y se tiró a las calles de “la Leo ”. Desde entonces, no faltan en su automóvil la patineta y un par de tenis anchos con cordones desamarrados.

“Me pasa mucho que veo a muchachos en patineta, calculo media hora, me bajo, me pongo los tenis y patino un rato con ellos”, dice el padre, quien ha visto en su deporte favorito un signo de cercanía con los jóvenes y no una estrategia premeditada. “No soy como un cuerpo extraño. Yo no me siento como un padre que va a patinar con ellos. Yo lo que quiero simplemente es patinar”.

PUBLICIDAD

Su experiencia como skater no solo ha dejado muchas bocas abiertas y miradas extrañadas, sino que también ha recibido en su cuerpo el sufrimiento de algunas lesiones. Rasponazos, golpes y hasta una fractura en una pierna –que le valió el implante de siete tornillos en el peroné– son las heridas de batalla del padre patinador.

Rascho –como lo llaman los más allegados– se ha ganado la confianza de muchos grupos juveniles en diversas parroquias de San José. Él dice que han sido muchos los eventos en los que ha sido invitado para que demuestre sus habilidades como pedagogo y skater .

“Nada más hay que ser congruente. Yo no dejo mis valores cuando ando en patineta, ni soy menos sacerdote cuando voy al skatepark ”, afirma el presbítero.

Por la comunidad

El pasado noviembre, durante cinco semanas en León XIII, la parroquia organizó un taller de skateboarding . La Unesco gestionó una donación de seis patinetas y otros vecinos contribuyeron anónimamente con 26 más. La Organización de Naciones Unidas ayudó a conseguir un material para la elaboración de rampas y los mismos jóvenes de la comunidad se encargaron de la construcción de las primeras tres. Aún queda material para otras dos.

“Mi único deseo es ser un signo de cercanía, como lo hizo Jesús. Ser cercano y acogedor con los que nadie acogía. Yo quiero estar con ellos, nada más”, comenta el sacerdote, quien considera a los jóvenes como su vocación.

Raschid está satisfecho y orgulloso de ser el “pastor con olor a oveja” de León XIII, una comunidad catalogada de conflictiva, pero con mucha esperanza. En su currículo como sacerdote, figuran barrios marginales de Ipís, Cartago, Curridabat y Paso Ancho. León XIII no es uno más: es su amor.

“Toda la gente tiene problemas, pero el sacerdote de una parroquia los tiene todos encima. Yo escucho los problemas de todos y no me he quebrado. El peso de lo que sufre una persona en León XIII no es el peso regular de otras personas. He ahí mi compromiso de ser cercano y de acompañar”.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Padre en patineta: Misa sobre asfalto

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota