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Millonario en fuga

Actualizado el 23 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

La historia de McAfee empieza con una investigación de nuevos antibióticos en Belice y termina con un asesinato. Cómo fue que el PIONERO DE LOS PROGRAMAS DE ANTIVIRUS acabó en una disparatada huida.

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John McAfee nunca fue un geek del montón. A este magnate de Silicon Valley se le conoce por tener el carisma calculado de un buen vendedor a domicilio. Su espíritu, tan aficionado al exceso, es el de una superestrella de rock de los 80. También tiene una inteligencia afilada como un cuchillo, e igual de peligrosa.

A sus 66 años de edad, no tiene la pinta de los típicos babyboomers calvos, redondos y rojos que vienen a jubilarse a Centroamérica. Él es alto, atlético, bronceado. Parece un abuelo del surf. Suele ser retratado con su cabello en picos y con una barba de chivo plateado. Sus hombros están adornados con tatuajes que simulan las rayas de un tigre.

Si usted tuvo una computadora en los 90 es posible que haya oído por primera vez su apellido gracias al nombre del programa que neciamente le exigía actualizar su lista de antivirus. Hoy, el apellido McAfee está salpimentado con excesos, violencia y, tal vez, locura.

Desde el 12 de noviembre pasado, la policía de Belice declaró a John McAfee como “sujeto de interés” para el esclarecimiento del asesinato de un estadounidense en la isla de Ambergris Caye, la más grande del país. McAfee, quien vivía retirado en ese país desde el 2008, emprendió una sonada fuga que terminó con su aprehensión en Guatemala, y luego con su extradición a los Estados Unidos.

McAfee sabe cómo proyectarse en las noticias. Su relato cobró notoriedad por méritos propios, pero el volumen de su mito creció gracias a un manejo calculado de los medios, ávidos por la última exclusiva del empresario fugitivo. Él sabe a la perfección cómo expandir una historia como una epidemia; no por nada es el experto en virus.

Millonario ‘new age’

La entrada de John McAfee al mundo de los negocios parece un cuento demasiado común. Igual que otros geniecillos, como Bill Gates y Mark Zuckerber, el germen de su fortuna nació desde su computadora personal.

Él era un anónimo diseñador de software que a mediados de los 80 se interesó por travesear uno de los primeros virus de computadoras existentes. Estudió cuidadosamente la amenaza y descubrió cómo derrotarla. Luego crearía un programa llamado VirusScan que podía detectar y desactivar automáticamente múltiples amenazas de virus.

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Su software tenía potencial. Sin embargo, lo que realmente fue una genialidad comercial, según la revista Fast Company, fue que, en vez de venderlo, McAfee lo regaló a los usuarios. El empresario decidió cobrar únicamente a quienes desearan un soporte técnico más amplio. En 1992, la compañía entró en el mercado de valores y, dos años después, John McAfee vendió sus acciones por un valor de $100 millones.

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Se convirtió en millonario en Estados Unidos durante una de las mejores épocas para serlo: los impuestos eran bajos para los más ricos y los controles en la bolsa eran laxos. A finales de la primera década del nuevo milenio, McAfee se había convertido en un personaje extraordinario y estrambótico: el millonario aventurero de la new age. Su pasatiempo favorito era volar entre cañones desérticos en aeronaves ultraligeras. Publicó varios libros sobre yoga y meditación trascendental, como por ejemplo, Dentro del corazón de la verdad: El espíritu del yoga relacional.

Tenía un jet privado. Su mansión en Nuevo México contaba con su propio cine y cafetería. También ostentaba una colección de autos antiguos que solía prestar a sus huéspedes.

Entre tanto derroche, su burbuja reventó.

“No tenía ni idea de que este colapso conjunto sucedería”, dijo a The New York Times en el 2009, cuando vio desvanecerse la mayor parte de su fortuna por causa de la crisis mundial. Sus bienes se calculaban en solo $4 millones después del remezón. El periódico lo puso como el ejemplo emblemático de las grandes riquezas venidas a menos.

De alguna manera, McAfee percibió su cambio de suerte como una bendición disfrazada: “¿Acaso tu meta no debería ser tener una vida con significado, desconocida, misteriosa, excitante, libre? El dinero no te pertenece, tú perteneces al dinero. Tú tienes obligaciones, responsabilidades, preocupaciones y ocupaciones. Entre más tienes, menos libre eres”, dijo al periodista de Fast Company.

El millonario anunció sorpresivamente que dedicaría el resto de su fortuna a financiar una investigación para crear antibióticos a partir de hierbas encontradas en la selva de Belice. Varias publicaciones conjeturaron que la elección de este país centroamericano para fijar su residencia se debió a sus bajos impuestos.

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McAfee deseaba una vida misteriosa y excitante. Su deseo se le cumplió de la peor forma en Centroamérica.

En la selva

El escritor Joshua Davis, de la revista Wire , quiso hacer una crónica a profundidad sobre la vida de John McAfee en Belice. El reportero supo que el potentado había sido acusado de organizar un ejército propio y de haber ingresado en el mercado de las drogas ilegales.

“Parecía implausible que un empresario tecnológico salvajemente exitoso hubiera desaparecido en la jungla centroamericana y se hubiera convertido en un narcotraficante”, cuenta Davis. Sin embargo, cuando visitó por primera vez la propiedad de McAfee y encontró a decenas de personas armadas hasta los dientes, incluido el propio anfitrión, el periodista escribió: “Ahora no estoy tan seguro”.

La crónica retrata a McAfee como una persona terriblemente errática. El millonario explica que, tras conocer la corrupción que azotaba a Carmelita –pueblo cercano a la propiedad donde asentó su residencia–, él decidió apoyar con armas y equipo a la policía local. Sin embargo, debido a la supuesta corrupción de los oficiales y temiendo represalias por los supuestos narcotraficantes que lo verían como una amenaza, McAfee decidió parapetarse y contratar a guardas privados (muchos de los cuales tienen registros criminales).

“Según lo cuenta McAfee, él es lo único que se interpone entre Carmelita y la criminalidad rampante”, contó el cronista.

Davis recoge testimonios de residentes y de funcionarios gubernamentales que afirman que Carmelita no tiene problemas delictivos de cuidado. Por el contrario, las autoridades empezaron a ver como una amenaza al millonario extranjero que se instaló en la selva con un pequeño ejército. Por ello, una unidad especial de la policía beliceña contra las pandillas había arrestado a McAfee en abril pasado bajo la sospecha de manufacturar drogas y de portación ilegal de armas. Las autoridades no encontraron evidencias en su contra y eventualmente retiraron los cargos.

No obstante, McAfee siguió carburando lo que en el artículo se percibe como una severa paranoia. “No puedo evitar preguntarme si él ha perdido contacto con la realidad”, dice Davis.

La investigación para encontrar nuevos antibióticos efectivamente existió, aunque nunca tuvo las dimensiones anunciadas por el empresario.

La investigadora terminó por abandonar el proyecto, huyendo ante la creciente violencia de su mecenas.

John McAfee volvió a protagonizar titulares en noviembre pasado. La propiedad en la que vivía estaba a dos casas de distancia de la de Gregory Faull, un empresario de Florida de 57 años. Faull había presentado una denuncia ante el ayuntamiento de San Pedro, otro pueblo vecino, debido a que los guardias de seguridad de McAfee habrían estado invadiendo su propiedad, y sus perros supuestamente atacaban a quienes pasaban cerca de ellos. Días después, los perros de McAfee aparecieron muertos, presuntamente envenenados, según se consignó en Wire .

Después de estos incidentes, Faull fue encontrado muerto el domingo 11 de noviembre en un pasillo de su apartamento, con un disparo atrás de su cabeza. Cuando la policía beliceña fue a buscar a McAfee para interrogarlo, él ya había escapado.

Huida en directo

La mejor estrategia del fugitivo es el ocultamiento. Sin embargo, McAfee tomó la vía contraria: la exposición total. Mientras huía de las pesquisas policiales, el empresario se puso en contacto con periodistas de varios medios para denunciar la supuesta corrupción de las autoridades beliceñas, las cuales lo querrían inculpar del asesinato de Faull.

McAfee también empezó a publicar un blog en el que da detalles sobre su huida y ofrece una recompensa de $25.000 a quien ayude a atrapar al responsable de la muerte de su vecino. Algunas de sus entradas al blog sorprenden por disparatadas, como por ejemplo la publicada el 19 de noviembre. En ella cuenta que se disfrazó de un deforme vendedor guatemalteco de artesanías para poder observar los movimientos de la policía en su casa. El empresario relató que incluso se permitió gritarle obscenidades a los investigadores y a los periodistas que rondaban cerca.

Esta anécdota, que parece más un delirio, ha levantado sospechas sobre la sanidad mental del empresario, al igual que otra que le relató a Davis para su crónica. En ella cuenta que, para escapar de la policía el primer día de su fuga, se enterró en la arena de la playa frente a su casa y se puso una caja de cartón en la cabeza.

La sonadísima huida de McAfee llegaría a su fin cuando invitó a dos periodistas de la revista Vice a que lo acompañaran. Los reporteros publicaron ingenuamente en Twitter una foto en la que uno de ellos aparece con el fugitivo, sin percatarse de que la imagen llevaba incluida la ubicación de donde fue tomada. Estaban en un hotel en el departamento de Izabal, Guatemala. La policía de este país no tardó en arrestarlo.

McAfee pidió asilo pero le fue denegado. Fue detenido como inmigrante en condición irregular y el 12 de diciembre fue deportado a Miami. Las autoridades estadounidenses no se han puesto en contacto con McAfee porque Belice no ha abierto formalmente una investigación contra él.

La revista Time reporta que, a su llegada a Estados Unidos, McAfee dijo que había inventado algunas historias mientras huía para ganar cobertura mediática. Sin embargo, todavía no está claro a cuáles partes de la historia se refiere.

El diario The New York Times ha reportado cómo, durante toda esta historia, McAfee se ha aprovechado de los periodistas que quieren obtener una primicia suya.

“Tan pronto como los reporteros empiezan a pensar: ‘Espera un momento, estamos poniendo en peligro nuestra objetividad por este tipo’, él los desechará y echará mano del siguiente”, declaró el reportero de Gizmodo , Joel Johnson, para The New York Times.

¿Está vinculado McAfee con el crimen de Faull? ¿Está el millonario demente o solo juega a estarlo? La niebla que separa la verdad de la mentira todavía es espesa. En una entrevista que McAfee otorgó a la cadena televisiva ABC tras llegar a Miami, declaró: “¿Cuál historia es mejor que la de un millonario loco en fuga?”

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