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Malí encañonado

Actualizado el 27 de enero de 2013 a las 12:00 am

La sangre se derrama en África. Malí es escenario de una guerra en la cual islamistas radicales, separatistas y el ejército francés se enfrentan a tiros. ¿Cuál es el origen del conflicto?

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Ninguna otra combinación de letras causa tanto caos y dolor como las seis que conforman la palabra “guerra”.

De ella se derivan, irremediablemente, la muerte y la tristeza... Y la infame palabra ha vuelto a desfilar por los noticieros internacionales –realmente nunca lo ha dejado de hacer–; ahora, su escenario es el africano país de Malí, uno de los más pobres del planeta.

Allí, el ejército nacional, apoyado por la milicia francesa –considerada la última gran potencia militar de Europa– mide fuerzas con islamistas radicales y pueblos separatistas.

Hasta el momento, la disputa, además de cientos de muertos, lleva como saldo medio millón de personas desplazadas.

Se trata de un conflicto generado por la inestabilidad política, la corrupción, el fanatismo y, en criterio de algunos, los intereses económicos del gobierno francés. Por eso la opción de paz no se vislumbra ni como un espejismo.

La crisis que desató esta guerra civil se remonta a inicios del 2012, cuando los tuaregs , un pueblo nómada que desde hace décadas lucha por el control de tierras que –alegan– les pertenecen por tradición, con el apoyo de grupos rebeldes salafistas yihadistas –islamistas radicales–, comenzaron a tomar control del norte del país.

Ante la inminente amenaza, en marzo, el ejército nacional orquestó un golpe de Estado. Su argumento fue que el gobierno falló en tomar acciones contundentes contra los rebeldes.

Los militares se quedaron poco en el poder, pues en abril accedieron a la designación de un gobierno interino liderado por Dioncounda Traore, en ese momento, presidente del Parlamento. Empero, ya para entonces, el gobierno había perdido el dominio del norte de Malí.

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Actualmente, dicho territorio vive bajo la ley islámica ( charia ) al mando de tres grupos yihadistas: al-Qaeda, el Movimiento para la Unidad y la Yihad, y Ansar Dine (los cuales también desplazaron a los tuaregs ), según explica el analista y periodista Gustavo Arias en su blogPasaporte mundial .

Pero eso solo fue el punto de partida. Los rebeldes avanzaron hacia el sur, con el fin de capturar la capital, Bamako. Esto provocó la intervención de los franceses, quienes en los primeros días del año y apoyados por Naciones Unidas, desplegaron aviones cazabombarderos y cientos de soldados.

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Las causas

Malí dejó de ser una colonia francesa en 1960, y en estos 52 años, la inestabilidad política ha sido su sempiterna residente. Todos sus ensayos democráticos han sido débiles; incluso acumula tres golpes de estado en su corta vida independiente.

La corrupción ha sido otro ingrediente predominante, lo que ha provocado un debilitamiento de las instituciones republicanas. Tal escenario atrajo a grupos de islamistas –entre ellos, a terroristas veteranos de las luchas en Afganistán– así como armas y combatientes provenientes de Libia tras caída del dictador Omar Gadafi.

A estas razones hay que agregarle los problemas étnicos de la zona norte, los cuales se registran desde hace más de 50 años. Los habitantes de esa región no se consideran ciudadanos de Malí.

Arias señala que Malí ha sido incapaz de lograr cohesión tras obtener su soberanía, entre otras causas porque los límites trazados en la Colonia no responden a la distribución histórica de las etnias.

Miedo y dudas

La expansión de las fuerzas subversivas islamistas (poderosamente presentes en la zona que se extiende por el sur argelino), el norte de Malí, Libia y Níger, es el principal temor de las Naciones Unidas , según manifestó a la BBC Paul Melly, analista de temas africanos.

“Permitir que lo que una vez fue un país estable colapse completamente ante una ofensiva de grupos cuyo objetivo es exportar la guerra santa, sería arriesgar la estabilidad y seguridad de varias naciones, desde Senegal hasta Nigeria”, resaltó.

Por su parte, François Hollande, presidente francés, sentenció en declaraciones a la agencia AFP, que esta lucha es una “guerra contra el terrorismo” y que la intervención de las fuerzas armadas de su país durará “lo que tenga que durar”.

Sin embargo, la presencia de Francia genera dudas entre los escépticos. Algunos señalan que su protagonismo busca favorecer la imagen de Hollande, cuyos índices de aprobación han caído un 20% desde su ascenso al poder el año pasado.

François Heisbourg, director del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, comentó a la BBC que la presencia de la milicia francesa en Malí, le ha dado al mandatario un empuje real en un momento difícil para su gobierno.

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Otros, los más críticos, señalan que el interés se debe a que Malí tiene reservas de uranio, un gran atractivo para Francia, que genera el 85% de su energía eléctrica a través de plantas nucleares que usan ese elemento como combustible.

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