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Longboard por las calles de Costa Rica

Actualizado el 02 de junio de 2013 a las 12:00 am

¿Deporte o amenaza? Cerca de 250 jóvenes lo practican en el país al margen de una ley que ellos critican.

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Longboard por las calles de Costa Rica

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Se acomoda el casco con una mano y sostiene una tabla larga con la otra. Pocos segundos después la soltará, dará dos pasos para impulsarse cuesta abajo y empezará otra de esas aventuras en las que los segundos corren hasta a 90 kilómetros por hora.

Patinar en la vía pública es ilegal. Se lo han repetido una y mil veces, pero al regaño le gana la pasión que siente por perseguir las olas de asfalto. “Hay que jugársela; no queda de otra”, dice Brian Sandoval, un joven experto en “mandarse” en longboard a altas velocidades. Así explica lo que para los suyos es perseverancia mientras que para sus detractores no es más que necedad.

En el descenso cortará el viento y jugará con la corriente agachándose o inclinándose. Más abajo, se erguirá y abrirá los brazos para frenar poco a poco; deslizará sus guantes de derrape por la calzada caliente para tomar bien las curvas e impedir la caída a un guindo cuyo final no se ve desde el camino. Esto ocurrirá por una calle de Cascabeles de Salinas de Esparza en la que todos los días, y a todas horas, suben y bajan carros, camiones, buses y motocicletas.

En el listado vehicular de esta vía aparecen las longboards que, aunque no suben, bajan a toda velocidad.

Es una de las cuestas más populares entre los conocedores de la materia, al punto de que ya no la frecuentan tan seguido solo porque está “muy quemada”; es decir, todos han pasado por ahí.

En otros tiempos, la pendiente de más de 3,5 kilómetros era tan cotizada que hasta los vecinos de la ruta se hicieron expertos en el tema.

Ahora, por el contrario, apenas ven pasar una o dos tablas largas, telefonean a la Policía local para reportar la presencia de los “patinetos”, a quienes ven como una amenazapor las posibilidades de que causen accidentes. En Costa Rica, dos de estos percances se han reportado como fatales.

“Nosotros somos deportistas, no nos dedicamos a consumir drogas ni vamos a hacerlo porque sabemos que eso podría afectar nuestro rendimiento. Los problemas se evitan si la gente no llama a la policía; igual nosotros siempre patinamos con precaución porque sabemos que no son lugares apropiados”, explica Silvia Mena, de 20 años y quien ha participado en competencias de longboard acá y en Panamá.

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Ella es parte de un número cada vez mayor de jóvenes costarricenses, cuyo deporte y entretenimiento es patinar sobre tablas largas.

Se trata de patinetas de mayor tamaño que las de skate convencional, con usos y requerimientos técnicos muy diferentes y cuya modalidad más popular es el downhill , lo cual consiste en carreras que se realizan cuesta abajo.

La práctica llegó a estos lares en el 2007, importada principalmente de Estados Unidos y Canadá, donde nació en la década de 1990. Tomó prestada la técnica del surf pero la llevó al asfalto con tablas resistentes de más de un metro de longitud y ruedas particularmente gruesas.

Constante reclamo

En Costa Rica hay cerca de 250 personas que surfean en las calles con estas tablas; hacen downhill, crusing (para transporte), freeride (descensos con derrapes y trucos) y hasta slalom (esquivar conos).

Las variaciones en los estilos para domar las pendientes más empinadas y serpenteadas se llevan a cabo en lugares como Cartago, Santa Ana, Puriscal, San Ramón y Palmares, solo para mencionar algunos.

“Uno lo que quiere es una cuesta en la que haya poco tránsito y que tenga pocas entradas de casas para no toparse ningún carro súbitamente. Si uno no se sale del carril por el que va, no tiene por qué haber problemas”, asegura Sebastián Fumero, quien hace longboard y se dedica a distribuir productos de skate a lo largo y ancho del país con la empresa distribuidora Rodando S.A.

Si bien él mismo afirma que en Costa Rica hay muchos lugares propicios para lanzarse por cuestas, no les queda más que hacerlo a escondidas.

Acá los torneos de longboard llevan el apelativo de outlaw , un término que indica que, aunque estén propiamente organizados, siempre se hacen al margen de la ley. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-06-02/RevistaDominical/Articulos/RD02-LONG/RD02-LONG-summary|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteConExpandir^} Esto se debe a que el artículo 124 de la Ley de Tránsito prohíbe la circulación, en vías públicas, de “patinetas y otros artefactos autopropulsados o no, que no estén explícitamente autorizados en esta ley o en su reglamento”.

La sanción se establece en el artículo 147 Z y especifica una multa de ¢20.000 y la posibilidad del decomiso de la tabla. En lo que va del año, se han reportado 129 boletas por irrespetar esta ley, de las cuales 75 son por patinetas.

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Germán Marín, director de Tránsito, asegura que en todos estos casos las han decomisado para buscar erradicar la conducta de utilizarlas sobre la calle. “Se debe generar conciencia en los patinadores para dejarl claro cuál es el escenario para el que las longboard fueron hechas y así evitar su uso incorrecto por seguridad. No deben exponerse en la vía pública con algo que no está hecho para transportarse”.

Marín se queja de las medidas que toman los skaters para realizar sus competencias en las calles ya que tiene reportes de casos en los que los jóvenes bloquean la vía en ambos sentidos para impedir que los autos y las longboards coincidan sobre el asfalto. En algunas ocasiones, incluso ofrecen confites a los choferes para reducirles la molestia de la espera.

George Cerdas, un ramonense que patina en longboard desde hace varios años, acepta que se toman esas medidas para lograr dominar las calles aunque sea durante pocos minutos. “Estamos conscientes de que está prohibido pero la gente todavía no entiende que nosotros no podemos hacer esto en parques o skateparks por el uso y las características de las tablas.

“Con la nueva Ley, patinar se ha hecho complicado. Se siente feo tener que salir corriendo como si fuera un criminal para que no me quiten la tabla”, comenta Brian Sandoval, un guapileño de 22 años que ha conseguido patrocinios por los logros que ha obtenido en carreras en Costa Rica y México.

“Merezco ser un deportista y que me den ayudas para compartir y representar al país en vez de que me persigan”, reclama este joven, que se traslada a lugares como Cartago y Jacó para encontrar las olas de asfalto que no existen en su natal Guápiles.

Una salida

“No es que nosotros tengamos algo contra esta actividad, pero hay espacios apropiados para ellos, como parques y velódromos”, dice la viceministra de Transportes, Silvia Bolaños, quien propone que los gobiernos locales promuevan actividades especiales para la práctica segura del longboard y reducir los accidentes en carretera, al tiempo que acepta que hasta ahora hay pocas iniciativas de este tipo.

Silvia Mena reclama que en Costa Rica no haya alternativas reales para quienes quieren practicarlo e indica que esto afecta el rendimiento de la gente local: “No tener espacios apropiados nos atrasa con respecto al nivel competitivo internacional del área. La mentalidad cerrada nos deja atrasados”. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-06-02/RevistaDominical/Articulos/RD02-LONG/RD02-LONG-pullout|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} George Cerdas concuerda con ella: “No estamos pidiendo una autopista. Si nos dieran una cuesta por un día al mes, ya sería de gran ayuda, como se hace en otros países. Lo que necesitamos son dos minutos para liberar adrenalina. Pero acá parece que todo lo que quieren es futbol, futbol, y nada de patinetas”.

Peligro a la  orden de un desliz

Todavía hoy se resiste a creer que nunca más podrá practicar longboard como antes. Ya pasaron casi dos años desde que ocurrió  el accidente que lo dejó  hospitalizado durante varios meses y por el que todavía debe usar una férula que sostiene su pie izquierdo. José Montero, mejor conocido como Jotch, fue el primer  costarricense en representar al país en una competición de  longboard en el extranjero y también uno de los ticos que ha sufrido los accidentes más graves a causa de este deporte. Ocurrió  un domingo 8 de agosto en la ruta hacia el Irazú. “Desde que uno empieza a patinar sabe que se está arriesgando a que algo así le pase en algún momento, aunque los accidentes no son muy frecuentes. Este era un lugar que  conocía muy bien; hasta le habíamos puesto nombres a las curvas. Pero ese día andaba con una tabla que no era la más apropiada para esa cuesta y además tuve un poco de mala suerte”, comenta. “Una llanta de un 4X4 me pasó  por la cabeza y la otra me pasó  por la pierna derecha. Se me salieron la tibia y el peroné y se me quebró  la cadera (hoy se sostiene por  seis pines y dos placas). Solo me salvé porque andaba con un buen casco”, relata. El accidente de Jotch estuvo cerca de sumarse a la cifra de incidentes mortales en longboard. Hasta ahora se registran dos: uno en Santa Ana y el otro en una situación en que los  detalles están poco claros. El MOPT no tiene registro de ningún accidente en el periodo 2012-2013 y sobre esto la viceministra Silvia Bolaños afirma: “Me preocupan más los accidentes en donde intervenga la patineta y que son situaciones  que no queden registradas como tal”. Montero asegura que un deportista que sepa patinar bien no tiene por qué ser una amenaza. Para reducir los riesgos, recomienda invertir en implementos de seguridad: desde un casco hasta guantes y rodilleras. “Mi trabajo antes era patinar, enseñarle a la gente que esto también se hace en Costa Rica cuando nadie sabía que acá ya se practicaba. Ahora mi labor es que nos tomen en serio y nos den permisos para las competencias porque no vamos a dejar de patinar, pero  competir  en calles abiertas es demasiado peligroso”.

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