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Leonardo Chacón

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Medalla de oro al coraje

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Existen competencias que marcan la vida de un atleta. Algunas son capaces de ponerlos a soñar con el podio olímpico; mientras que otras vienen acompañadas de cicatrices, enseñanzas y aplausos que el tiempo jamás podrá borrar.

Leonardo Chacón recuerda muy bien cuáles han sido esos momentos decisivos de su carrera. El triatleta, de 27 años, los utiliza como motivación cada vez que se pone los tenis para entrenar.

Uno de ellos fue el 17 de setiembre del 2000, día en que se sentó junto a sus padres para ver la transmisión de los Juegos Olímpicos de Sidney , Australia.

Chacón, quien tenía apenas 16 años, no quería perderse la competencia de triatlón, disciplina que se estrenaba ese año en las justas deportivas.

No era para menos, se trataba del deporte que Leo , como lo llaman sus amigos, practicaba desde niño inspirado por el ejemplo de su papá.

Aquel 17 de setiembre, un atleta canadiense atrapó su atención. Era Simon Whitfield , un joven que comenzó la competencia en los últimos lugares pero que, gracias a su empeño, se colocó a la cabeza del grupo cuando faltaban solo 200 metros para llegar a la meta.

“Recuerdo la cara de sufrimiento que llevaba. Él se pudo conformar en cualquier momento, pero siguió dándole duro hasta que lo logró. Al verlo recibir la medalla de oro, me dije: ‘Yo quiero llegar a participar en una olimpiada’ ”, recuerda el deportista, quien habla con soltura y sin perder nunca la sonrisa de sus labios.

Doce años después, su sueño se hizo realidad. Tras una intensa preparación, Leonardo Chacón se convirtió en uno de los 11 atletas ticos que conformaron la delegación que participó en Londres 2012.

La competencia que tanto añoraba tuvo lugar el 7 de agosto en Hyde Park . Todo parecía pintar bien para el deportista, quien, tras completar los 1.500 metros de natación, iba en el puesto 17, a solo 28 segundos del grupo líder.

Sin embargo, su situación cambió por culpa del destino. Simon Whitfield, el mismo atleta que lo inspiró a participar en unos juegos olímpicos, perdió el control de su bicicleta y se llevó consigo a Chacón.

Mientras que su ídolo juvenil se retiraba de la competencia, el guanacasteco decidió seguir adelante con su sueño.

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Poco le importó que la manivela de su bici estuviera quebrada o que él tuviera desgarros y moretones en su cuerpo por la caída.

Tras un gran esfuerzo físico, Leo terminó la carrera en la posición 48. Estaba tan golpeado que necesitó una silla de ruedas para salir del recinto deportivo, pero el mayor dolor lo llevaba dentro, porque no alcanzó un mejor resultado.

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“Como atleta, me siento frustrado, porque en la competencia estuve donde soñé estar: arriba, con los mejores. Sin embargo, el destino me jugó una mala broma hoy. Les digo que quisiera que mañana se repitiera la carrera, pero bueno, ahora debo mirar hacia adelante”, escribió ese día en su perfil de Facebook .

Espíritu de lucha

Mientras el triatleta se apenaba por el resultado, un sentimiento contrario invadía a miles de personas en todo el mundo que aplaudían el coraje demostrado durante la competencia.

Su padre, Rafael Chacón , fue el primero en reconocer su mérito. “No esperaba menos de vos, tenías que levantarte”, le dijo en una llamada telefónica, minutos después de finalizar la competencia.

Esa frase resume la filosofía de vida que sigue Leonardo Chacón. Desde pequeño, sus padres le enseñaron que, para alcanzar cualquier sueño, hay que seguir adelante sin importar los escollos del camino.

El deportista recuerda cómo su espíritu de lucha lo hizo mudarse a Francia cuando tenía 20 años.

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Estaba muy lejos de su familia, pero sabía que era la única forma de participar en las competencias de triatlón que se realizaban al otro lado del charco.

Su valentía le fue de gran ayuda al comienzo de su carrera deportiva, cuando la mala suerte y la falta de dinero se unían en su contra.

El joven, de ojos azules y hablar pausado, recuerda la ocasión en que tuvo que dormir en una gasolinera. Eso sucedió en el 2003, cuando se encontraba en Canadá para participar en la Copa del Mundo de Triatlón. “Iba de regreso al hotel cuando me di cuenta de que no me alcanzaba la plata para pagar el taxi. Me bajé en una bomba y les pedí permiso para quedarme ahí”, explica entre risas.

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A la mañana siguiente, oh ironía, descubrió que su hotel se encontraba a solo 400 metros.

Algo similar le ocurrió en el 2004 cuando lo asaltaron en Brasil y no tenía cómo pagar el hospedaje, y en el 2006 cuando tuvo que dormir dos noches en el aeropuerto de Francia porque no conseguía un vuelo.

Un cambio de vida

Aunque todas esas anécdotas forjaron su carácter luchador, el deportista reconoce que su mayor prueba de valentía la experimentó este año durante los Juegos Olímpicos.

Tras analizar lo sucedido, Chacón asegura que la competencia del 7 de agosto se convirtió en una lección de vida que jamás podrá olvidar.

“Una experiencia negativa te puede enseñar tanto. Te hace ver todas las cosas desde otro punto de vista”, declara el liberiano, quien cursa el último cuatrimestre de la carrera de administración de empresas en la Universidad de San José.

Antes, el deportista creía que estaba solo en su lucha por alcanzar el podio. Ahora, es consciente de que miles de costarricenses lo acompañan en espíritu a la hora de competir.

Son esas personas que lo detienen en la calle para pedirle un autógrafo y que le envían mensajes de apoyo por medio de su perfil en Facebook.

Su paso por las Olimpiadas también lo enseñó a darse tiempo para él mismo.

“Yo era como un robot que pensaba solo en entrenar, incluso cuando estaba de vacaciones”, reconoce el triatleta, quien acostumbra ejercitarse entre tres y cinco horas diarias.

Ahora –dice– respeta su tiempo libre y trata de usarlo para compartir con su familia. Eso implica viajar de Cartago, donde vive actualmente, hasta su natal Liberia para visitar a sus padres y hermanos.

Además, saca tiempo para compartir con su novia Jessenia, una joven farmacéutica que se robó su corazón hace 18 meses.

Como su ritmo de vida es tan ajetreado, Leonardo asegura que no le gusta irse de fiesta si esto implica trasnochar. Él prefiere descansar en su casa viendo Friends o escuchando canciones de Bob Marley, cantante al que admira, tanto así que es quien lo acompaña cada vez que sale a correr.

El 2012 vino cargado de buenas noticias para el triatleta. En octubre pasado, obtuvo el cuarto lugar del Campeonato Mundial de triatlón a campo traviesa, realizado en Hawái, Estados Unidos.

Noviembre también vino con buenas nuevas. El 20 fue nombrado mariscal del Festival de la Luz, un honor que cataloga como su mejor regalo de Navidad.

Por esas casualidades de la vida, ese mismo día, el joven se convirtió en tío por segunda vez.

A un mes de que se acabe este año, Leonardo Chacón da gracias a Dios por la cicatriz que marcó su espalda y que le recordará siempre su competencia en Londres. Su “tatuaje olímpico”, como él lo llama, le seguirá gritando que lo que hace la diferencia en la vida de un atleta no son las caídas, sino el empuje para levantarse.

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