Justicia para Víctor Jara

Casi 40 años después del asesinato del cantante chileno Víctor Jara, ícono del gobierno socialista de Salvador Allende, los responsables del crimen –militares bajo las órdenes de Augusto Pinochet–, enfrentan un proceso judicial. La historia, el pueblo y la democracia claman por justicia.

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Las balas militares sonaban por todo Santiago y los golpistas marchaban en una cacería de brujas, con la mira puesta en simpatizantes del gobierno: artistas, estudiantes, socialistas...

Ese fue el escenario del último recital de Víctor Jara: la noche del 11 de setiembre de 1973 , fecha en que el ejército derrocó al presidente socialista democráticamente elegido, Salvador Allende.

En medio del temor y la tristeza, el trovador de la revolución socialista tomó su guitarra y animó a los estudiantes de la Universidad Técnica del Estado (UTE), lugar donde laboraba. Les dio esperanza, les hizo ver su triunfo y todo lo que habían logrado, les mostró la oportunidad de un mundo distinto y de un mejor futuro para las generaciones venideras.

La mañana siguiente, los soldados invadieron el recinto, capturaron a 600 personas y las trasladaron al Estadio de Chile, que se había convertido en una especie de campo de concentración.

A lo lejos, un oficial del ejército distinguió al trovador entre los prisioneros. “¡Así que vos sos Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda!”, le gritó. Enseguida comenzó la tortura.

“Lo golpeaba una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza; descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más a su verdugo. El oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza, y el rostro de Víctor quedó cubierto de sangre”, narró Boris Navia al periódico El País , de España, para un reportaje publicado en el 2009 que se tituló La muerte lenta de Víctor Jara .

Navia, quien estuvo prisionero junto a Jara, es uno de los testigos de la justicia chilena, encargada de investigar la muerte del cantante, ocurrida un día después del golpe militar que marcó el inicio de la dictadura del general A ugusto Pinochet , la cual se extendería por 17 años.

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El cuerpo del trovador, famoso por temas como Te recuerdo Amanda y El derecho de vivir en paz , y quien además es mencionado por los Fabulosos Cadillacs en la canción Matador, fue exhumado en el 2009 para practicarle una autopsia. Esta reveló que recibió al menos 44 balazos y que tenía varios huesos fracturados.

El proceso para dar con los responsables del asesinato ha sido muy lento. Han pasado 39 años de impunidad y el juez encargado, Miguel Vásquez, atribuyó esto a la “falta de colaboración”. Sin embargo, la esperanza nuevamente se asoma y los responsables están cada vez más cerca de saldar cuentas con la justicia.

En diciembre pasado, el juez Vásquez ordenó la detención y el procesamiento de siete exmilitares del ejército como autores y cómplices del asesinato de Jara. Se trata de los exoficiales Hugo Sánchez Marmonti, Pedro Barrientos (de quien se pidió su extradición, pues vive en Estados Unidos), Roberto Souper, Raúl Jofré, Edwin Dimter, Nelson Hassey Luis Bethke.

El proceso judicial ya empezó y, el miércoles pasado, el juez Vásquez tuvo un careo de más de tres horas con seis de los acusados. Estos niegan su culpabilidad.

Los expertos y allegados a Jara, como su viuda, Joan Jara, auguran que se avecinan trabas y tropiezos, pero que eso, más que desmotivarlos, debe hacerlos estar muy vigilantes.

Por lo pronto, el clamor popular y el legado de Jara cobran más fuerza. Su espíritu acompañó a generaciones de chilenos que creen en un mundo más solidario y que confían en que el pasado no quedará impune. Como dijo la senadora Isabel Allende, hija del difunto Salvador Allende, “la justicia tarda, pero llega”.

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