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Remodelación abrió a mediados de año

El Hotel Watergate no esconde su pasado

Actualizado el 21 de agosto de 2016 a las 12:00 am

En lugar de obviarlo, el remodelado hotel abraza y celebra el escándalo político que se suscitó en sus paredes 44 años atrás y que culminó con la dimisión del presidente Richard Nixon.

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El Hotel Watergate espera que la reapertura reavive el interés de curiosos de la historia por sus instalaciones. // Fotografía: Al Drago/The New York Times.

El Hotel Watergate, en Washington, D.C. –escenario de uno de los mayores escándalos políticos en Estados Unidos–, no maquilla su polémico pasado, sino que lo abraza. Con una remodelación tan lujosa como irreverente, el complejo abrió sus nuevas puertas este mes, 44 años después de las vicisitudes que complicaron su camino.

En 1972, las oficinas centrales del Comité Demócrata Nacional –ubicadas en el complejo, que además de un hotel tiene oficinas y casas de habitación– fueron allanadas por cinco hombres que revisaron documentos privados y colocaron cámaras y cables para espiar teléfonos. La noche anterior se habían quedado en el Hotel Watergate, a la par de la sede del comité.

Durante la madrugada fueron arrestados por policías que notaron su intromisión al edificio, lo que llevó a una profunda investigación de los hechos. Tiempo después se supo que aquel acto de espionaje ilegal era apenas una parte de una operación mayor que se traería abajo al gobierno de turno.

Richard Nixon renunció a la presidencia en octubre de 1973, luego de que una investigación concluyera que él y su gabinete giraron órdenes para espiar al Partido Demócrata (Nixon era Republicano) tanto en Watergate como en la Casa Blanca. Ningún otro presidente estadounidense ha tenido que dimitir de su cargo.

Con los años, múltiples planes de renovación del hotel y numerosos intentos de ponerlo a la venta fracasaron, mientras el nombre Watergate acarreaba un escándalo difícil de olvidar; desde entonces, las principales polémicas en Estados Unidos han tenido el sufijo “-gate” al final, como una suerte de homenaje y recordatorio perenne.

Tras una remodelación que costó cerca de entre $100 millones y $200 millones, el diseñador industrial y arquitecto israelí Ron Arad cumplió con su promesa de reabrir el establecimiento a mediados de 2016, en aras de convertirlo en el símbolo de glamour y poder que alguna vez fue. El nuevo lema del hotel: “Lujoso, sin remordimientos”.

El bar The Next Whisky está rodeado por una escultura de botellas de whisky y metal. // Fotografía: Al Drago/The New York Times.
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El bar The Next Whisky está rodeado por una escultura de botellas de whisky y metal. // Fotografía: Al Drago/The New York Times.

Un guiño a la historia

“Confieso que nuestra atracción inicial por este proyecto fue el escándalo del Watergate”, dijo Ron Arad al presentar la obra finalizada.

Ello es evidente en muchos de los detalles que le dan vida a la nueva instalación, que a pesar de haber estado cerrada al público desde 2007 se mantuvo como uno de los atractivos arquitectónicos más importantes de Washington D.C.

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Por ejemplo, los lapiceros del lobby y de las habitaciones tienen inscrita la leyenda: “Robé este lapicero del Watergate Hotel”. Es probable que se convierta en el souvenir predilecto de quienes paguen el mínimo de $425 por noche. “No hace falta entrar por la fuerza”, dice la llave electrónica de una de las habitaciones.

Además, los huéspedes y futuros visitantes que deseen obtener información pueden llamar al número de atención al cliente, el cual acaba con los dígitos 6-17-1972, en recuerdo del día en que aquellos cinco hombres cometieron la fechoría.

Otros detalles no son alusivos al escándalo pero sí a la época y al poder. Los uniformes del personal los confeccionó la jefa de vestuario de la serie Mad Men (ambientada en los años sesenta) y solo la decoración exterior del bar del hotel costó $1 millón (está conformada por 2.500 botellas de whisky).

El restaurante Kingbird, justo debajo del lobby, esconde otro secreto. En el baño, en lugar de música, se pueden escuchar extractos de las cintas que Nixon grabó en la oficina oval de la Casa Blanca, uno de los descubrimientos tras el escándalo Watergate.

“El escándalo fue tan solo una pequeña parte de la historia del hotel, pero es la parte que la gente recuerda más. Por eso no podíamos ignorarlo por completo, pero tampoco queríamos excedernos”, dijo Rakel Cohen, parte de la oficina de mercadeo y comunicación de la firma propietaria Euro Capital Properties.

Es el arte de convertir en un espectáculo no solo el hecho de quedarse a dormir en un hotel, sino el pasado tumultuoso de la edificación. Al igual que el espectáculo, el negocio debe seguir y es menester para los nuevos propietarios que el Watergate Hotel vuelva a ser el “patio de recreo de los poderosos”, como dicen ellos.

“No hace falta entrar por la fuerza”, lee la llave electrónica de unas de las habitaciones del hotel. // Fotografía: Al Drago/The New York Times.
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“No hace falta entrar por la fuerza”, lee la llave electrónica de unas de las habitaciones del hotel. // Fotografía: Al Drago/The New York Times.

Los hombres del presidente

Tras el hurto de documentos y el intento de intervención de las comunicaciones que hicieron, los cinco hombres y sus jefes fueron acusados y encarcelados. Con los meses, una investigación fue desembrollando toda la trama, la cual terminó muy mal.

William Mark Felt se hacía llamar Garganta Profunda, y su identidad no se reveló sino hasta más de tres décadas después. Felt era un alto mando del FBI cuando se generó el escándalo, y como tal no quería que se supiera su identidad cuando le dio informaciones secretas a dos periodistas del Washington Post.

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Garganta Profunda alegó que el hurto en Watergate no había sido fortuito, sino que había sido deliberado y planeado por Nixon y sus principales asesores, y que el pago había corrido por parte de dos personas vinculadas al Comité de Reelección de Nixon, con miras a las elecciones de noviembre de 1972.

Los asaltantes y los militantes de Nixon y el Partido Republicano fueron detenidos tras un juicio en el que se determinó que habían sido partícipes de actos de conspiración, intervención de las comunicaciones y robo.

En los dos años siguientes, la mira estaba puesta en la Casa Blanca. Una investigación en el Senado concluyó que el gobierno de Nixon tenía un gran sistema secreto de grabación y que, en el tanto sus funcionarios estuvieran al tanto de ello, estaban cometiendo un delito federal.

Nixon intentó esquivar todas las balas, pero poco a poco todas sus artimañas de poder se fueron revelando. Incluso cuando entregó las cintas al comienzo, el presidente había editado partes y borrado otras. Otros miembros de su gabinete fueron encarcelados.

El 8 de agosto de 1974, Nixon anunció mediante la televisión que se iría de la Casa Blanca a la mañana siguiente. Su vicepresidente, Gerald Ford, tomó su lugar.

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