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Baltimore: Furia en la calle

Actualizado el 03 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Los hombres de azul despiertan la indignación y la ira en Baltimore, el más reciente escenario de la protesta social contra la brutalidad policiaca

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Un manifestante encara a un oficial de policía durante las protestas por la muerte de Freddie Gray en Baltimore, Maryland, el sábado 25 de abril. | NOAH SCIALOM/EFE

Starr Brown regresaba con su hija pequeña a su casa cuando vio que, en la acera del frente, un grupo de unas 20 muchachas interceptaron y atacaron a otras dos. Ella temió por su seguridad y la de su niña y entró a su hogar, aunque vio la escena por la ventana. Los vecinos llamaron al 911 y la Policía apareció, aunque ya las atacantes se habían ido.

Brown, una contadora que en el momento en que ocurrieron los hechos (2009) tenía 26 años, vio cómo la Policía les gritaba a las dos víctimas. Entonces ella salió y les exigió a los oficiales que fueran tras las agresoras. Empezó una discusión, y una de las oficiales tomó a la mujer del cuello.

Decenas  de personas también se manifestaron pacíficamente en las calles de Baltimore. | FOTO: AFP
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Decenas de personas también se manifestaron pacíficamente en las calles de Baltimore. | FOTO: AFP

Desde el 2011, Baltimore ha gastado $5,7 millones en gastos por casos contra policías

Brown le advirtió que estaba embarazada, a lo que una oficial solo respondió: “Lo escuchamos todo el tiempo”. La agarraron de los brazos y terminaron por traérsela abajo, golpéandole la cara contra el suelo.

Al final fue arrestada por obstrucción, conducta desordenada, por resistirse al arresto y por asalto.

“Me tiraron como una muñeca de trapo. La oficial tenía su rodilla en mi espalda y en mi cuello. Ella tenía la rodilla en mi espalda, tratando de ponerme las esposas”, dice Brown en registros judiciales. Los oficiales dijeron que Brown los había atacado, pero dos testigos confirmaron la versión de la mujer. La ciudad de Baltimore terminó pagándole $200.000 por los daños.

El suyo es solo uno de una colección de más de 100 casos que analizó The Baltimore Sun en el 2014 con respecto al costo de la brutalidad policiaca en la ciudad.

El trabajo es útil para entender los hechos violentos que han ocurrido en ahí recientemente.

Hace dos semanas, un hombre de 25 años llamado Freddie Gray sufrió lesiones mortales mientras se encontraba en custodia policiaca. Murió el 19 de abril a causa de las heridas. Tras su funeral, el nombre “Freddie Gray” se convirtió en grito de auxilio, de indignación y de ira en la ciudad portuaria.

Los disturbios llegan en momentos cuando son cada vez más comunes las denuncias de brutalidad policiaca en varias urbes de Estados Unidos. Los casos abundan: Michael Brown, el joven de 18 años que fue muerto en Ferguson (Missouri); Eric Garner, un hombre de 41 años que murió asfixiado cuando un grupo de policías trataban de arrestarlo en las calles de Staten Island (Nueva York); Akai Gurley (28), un hombre desarmado que sufrió heridas mortales en East New York; Walter Scott, el hombre de 50 años a quien, al huir de un policía en North Charleston (Carolina del Sur) hace menos de un mes, este le disparó por la espalda. Las víctimas murieron en los últimos nueve meses, y todas eran hombres negros.

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¿Ha aumentado la brutalidad policiaca? Los denunciantes afirman que no, simplemente hay más evidencias, específicamente la ubicuidad de las cámaras de video de los teléfonos.

Jóvenes manifestantes  celebraron  sobre una patrulla destrozada tras los enfrentamientos. | FOTO: CHIP SOMODEVILLA/AFP
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Jóvenes manifestantes celebraron sobre una patrulla destrozada tras los enfrentamientos. | FOTO: CHIP SOMODEVILLA/AFP

En la escala local, los hechos en Baltimore hablan de una comunidad en crisis, la cual no se revela por los disturbios, sino que ve en ellos solo su cara más visible.

En la escala nacional, los últimos eventos remiten a un país que sigue luchando con su identidad histórica de conflictos raciales, con la vivencia de la pobreza en una nación próspera, y con el uso de la fuerza y la represión para atender esos problemas.

¿Qué es Baltimore? Baltimore es un espejo.

Desde el poder

Los disturbios ocurridos en Ferguson en agosto pasado tras la muerte de Michael Brown mostraron una comunidad negra enfrentada a la estructura de poder de la ciudad, cuyos puestos estaban tomados principalmente por funcionarios blancos. Baltimore, por el contrario, se pinta distinto: su alcaldesa y su comisionado de Policía son afroestadounidenses.

El tema racial está más sutil y profundamente tejido en la historia y en la política de aquel país de lo evidente.

La alcaldesa Stephanie Rawlings-Blake ganó elogios por escuchar empáticamente a sus ciudadanos al principio de las protestas, pero cuando empezaron las revueltas recibió muchas críticas por tildar de “matones” ( thugs ) a sus protagonistas.

Al día siguiente, según reportó The New York Times , la política se disculpó por haber usado una palabra que muchos consideran que está cargada racialmente.

“No hay matones en Baltimore. A veces mi propio pequeño traductor de ira me juega malas pasadas”, dijo.

Su ciudad es una comunidad profundamente segregada, en donde el índice de pobreza dobla el promedio nacional; el desempleo entre jóvenes negros ronda el 30% y su graduación de educación secundaria es bajísima.

Históricamente, la segregación racial y la pobreza en West Baltimore ha sido reproducida por las políticas de asentamiento urbano de la autoridad federal, según lo han argumentado varios reportes de la revista The Atlantic al respecto.

El dilema en el que se encuentra actualmente la alcaldesa es similar al de los políticos en otros municipios: cómo mostrar preocupación por la brutalidad de la autoridad en las calles sin perder el apoyo de la Policía de su ciudad.

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La fuerza de los sindicatos y las asociaciones de policías dentro de la institucionalidad estadounidense no es para menospreciarla.

El año pasado, sin ir más lejos, el alcalde de Nueva York, Bill de Blassio, se enfrentó a una fuerte oposición y a un paro de labores de la Policía después de la muerte de Eric Garner, así como del asesinato de dos oficiales de Brooklyn por parte de Ismaaiyl Abdullah Brinsley.

Ha habido varios reportes sobre las sobradas ventajas garantizadas por ley que tiene la Policía de varios estados cuando se refiere a las denuncias por mala conducta.

The Washington Post hace un listado de algunas de ellas: el oficial tiene derecho a un periodo de “enfriamiento” antes de responder a alguna pregunta; tiene derecho a acceder al nombre de las personas que lo han denunciado y a sus testimonios antes de ser interrogado; debe ser entrevistado a “una hora razonable” con un miembro del sindicato presente; solo puede ser interrogado por una persona y solo por “periodos razonables” que garanticen tiempos de descanso. Un oficial tampoco puede ser amenazado con acciones disciplinarias durante el interrogatorio, y si se lo amenaza, cualquier cosa que diga después de ello no puede ser usada en su contra.

Todos estos son tratos especiales de los que no goza ningún otro ciudadano común, interrogado precisamente por la Policía.

Para los críticos, este tipo de ventajas y una costumbre de encubrimiento mutuo han hecho florecer una cultura de impunidad entre las fuerzas del orden en Estados Unidos. El estado de Maryland –al que pertenece Baltimore– fue el primero en garantizar este tipo de derechos en 1972.

Raza

Entre los críticos a la Policía siempre hay una acusación de que que las autoridades toman una postura prejuiciosa basada en la raza, mientras que la Policía suele afirmar que su accionar es objetivo.

Un hombre llama a la calma luego de la destrucción de  una farmacia local el martes pasado. | FOTO: CHIP SOMODEVILLA/AFP
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Un hombre llama a la calma luego de la destrucción de una farmacia local el martes pasado. | FOTO: CHIP SOMODEVILLA/AFP

Unas 400 personas mueren anualmente en EE. UU. mientras están en detención policial. Seis de cada 10 son homicidios

No obstante, en febrero del 2015, el mismo director del FBI, James Comey, afirmó en un discurso: “Muchas investigaciones indican la existencia extendida de sesgo inconsciente. Mucha gente en nuestra cultura de mayoría blanca tiene sesgos y reacciona de manera diferente a un rostro blanco y a un rostro negro”.

El programa radiofónico This American Life trató a fondo el tema en semanas anteriores. En varias investigaciones científicas sobre las percepciones inconscientes, se mostró un sesgo contra las personas afrodescendientes.

“Es como si todo el mundo tuviera esa respuesta visceral que dice: ‘Oh, negro significa amenaza’”, afirma el investigador Josh Correll en entrevista con el programa.

Este es un prejuicio que mostraron todos los sujetos en sus estudios, y por ‘todos’ se refiere tanto a blancos como a negros. En el caso de los policías que trabajan con crímenes de pandillas, por ejemplo, el sesgo contra las personas negras es aún más acusado que en una persona promedio.

De esta forma, en las calles de varias ciudades segregadas de Estados Unidos se tiene, por un lado, una fuerza policial que, como mínimo, tiene un sesgo inconsciente mayor contra la población negra que el que ya de por sí tiene el estadounidense común; y por otra parte, estos mismos oficiales forman parte de una institucionalidad que les confiere mayores ventajas para salir impunes si cometieran una mala práctica.

“No estoy diciendo que Fred (Gray) fuera un ángel; cualquier cosa que él hubiera hecho está en el pasado; pero la Policía ya tiene una noción previa de quiénes somos”, dijo el vecino Rudolph Jackson a The Baltimore Sun . “Ellos creen que toda persona negra con los pantalones caídos es sospechosa, y la detienen sin un motivo”.

Freddie Gray, quien tenía un expediente criminal por delitos menores, hizo contacto visual con un policía en la calle y, al verlo, echó a correr. Los oficiales lo atraparon y le encontraron encima una navaja automática, lo cual en sí mismo no es un delito. Gray fue aprehendido y una hora después apareció en la delegación con su columna vertebral rota. La agonía en un hospital duró una semana.

Seis oficiales fueron suspendidos con paga, y aunque el Departamento de Policía de Baltimore no reveló su raza, en un video que algunos testigos tomaron durante la aprehensión de Gray se mira que tres de ellos eran blancos.

“Gracias a Dios por las videocámaras de los teléfonos, porque ahora la verdad está saliendo finalmente. Y es horrible”, había expresado el abogado William Murphy, quien representa a la familia de Freddie Gray, en una conferencia de prensa.

Sus palabras adquirieron una mayor resonancia el jueves pasado cuando trascendió que la camioneta en que transportaron a Gray a la comandancia hizo una escala en el camino, la cual no fue reportada por los oficiales en sus informes. Esta parada fue capturada en video por una cámara privada, según reportó The New York Times .

La tecnología está trayendo evidencias para que se opere un cambio. No obstante, las voces críticas insisten en que la transformación debe ser más profunda y más extensa.

Para el periodista Ta-Nehisi Coates, nativo de Baltimore y ensayista en The Atlantic , lo que se ve en las calles es un síntoma de una institucionalidad que no ha atacado los problemas reales de estas comunidades.

“Los oficiales de Policía luchan contra el crimen. Los oficiales de Policía no son ni trabajadores sociales, ni maestros, ni profesionales de la salud mental, ni consejeros contra las drogas. Uno de los grandes hitos de los pasados 40 años en la política estadounidense es el extenso desinterés en esta diferencia. (...) Esto es lo que pasa cuando uno decide resolver todos sus problemas con un martillo. Preguntar, a estas alturas, por qué la Policía parece haber perdido la cabeza es preguntar por qué nuestros martillos son tan malos para instalar aires acondicionados”, argumenta Coates.

En un tono más moderado, el presidente Barack Obama condenó el pasado martes los aspectos más destructivos y violentos de las revueltas, pero también tuvo el cuidado de hablar sobre sus contextos.

“Hemos visto demasiados casos que plantean preguntas inquietantes sobre la forma en que los agentes de Policía interactúan con las personas, principalmente afroamericanos, a menudo pobres. Esta ha sido una crisis que se ha desenvuelto lentamente. Esto ha estado ocurriendo durante mucho tiempo. Esto no es nuevo, y no debemos pretender que es nuevo. (...) Una reforma que comience con el oficial no es para nada una reforma. Es evitación. Sería una continuación de la preferencia estadounidense de considerar las acciones de los malos individuos, en lugar de la función y la intención de los sistemas (sociales)”.

No fueron pocas las críticas a los periodistas y a los políticos que, en medio de las revueltas en Baltimore, estaban riendo, comiendo y tomando a menos de 60 kilómetros, en la tradicional cena de corresponsales en la Casa Blanca.

No obstante, una broma bajó amargamente durante la velada. Esta vino de la comediante Cecily Strong, quien trató de elevar un poco la moral de los miembros de la guardia personal del presidente, ante una seguidilla de escándalos. “Reconozcámosle algo al Servicio Secreto: ellos conforman la única agencia del orden público que se metería en problemas si un hombre negro recibe un disparo”.

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