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Escape imposible

Actualizado el 26 de abril de 2015 a las 12:00 am

Unas 800 víctimas murieron en el hundimiento de un barco atestado de migrantes en el Mediterráneo. Su historia fue la hipérbole de una tragedia recurrente, con explicaciones a ambos lados de la costa

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Las exequias para los cuerpos de 24 víctimas fueron celebradas el jueves en Malta. | FOTO: MATTHEW MIRABELLI/AFP

Entraron al barco y nunca volvieron a salir. De hecho, la inmensa mayoría aún está ahí, nadie sabe exactamente dónde, solo que está en el fondo del mar Mediterráneo.

El pasado fin de semana amanecimos con la noticia del hundimiento de una nave sobrecargada de migrantes que concretamente buscaban la costa italiana, pero que más intangiblemente buscaban una salida desesperada.

Fueron unas 800 víctimas, y el testimonio de uno de los poquísimos sobrevivientes (solo hubo 28) dice que entre ellas había unas 250 mujeres y 50 niños. Únicamente se han recuperado 24 cuerpos.

Las cifras de muertos en el Mediterráneo durante este año ya han superado las 1.500 víctimas, lo cual representa un aumento de 30 veces la cifra con respecto al mismo periodo del 2014.

El capitán del barco sobrevivió, y ha sido acusado de homicidio imprudente múltiple. No obstante la responsabilidad de un piloto incompetente –y probablemente, criminal–, la razón por la que esos 800 cuerpos están en el fondo del mar es más compleja, y debe rastrearse a ambos lados de la costa.

Del sur

Más gente está cruzando y más gente está muriendo.

"Esta es una despiadada agencia de viajes. (Los traficantes de personas) convierten las vulnerabilidades de Europa en sus fortalezas", Andrea Di Nicola, autor de 'Confesiones de un traficantes de personas'

Tradicionalmente ha habido una migración motivada por la pobreza de personas que salen, por ejemplo, de Malí y de Senegal, pero debido a los conflictos bélicos de África y el Medio Oriente, el número de viajeros aumenta por refugiados que enfrentan persecución en otros países como Siria, Somalia, Eritrea, Irak y Afganistán.

Asimismo, la guerra civil en Libia ha provocado una inestabilidad interna que facilita el tráfico de personas a través de su territorio, y que a su vez ha convertido al país en un refugio para libios y tunesinos que se dedican a esta actividad.

Andrea di Nicola es un criminólogo de la Universidad de Trento, Italia, autor del libro Confesiones de un traficante de personas , el cual escribió luego de dos años de entrevistar a contrabandistas de la región.

En una entrevista con la National Public Radio (NPR), Di Nicola afirma que alguna vez, en Egipto, le preguntó a un traficante si él era “el gran jefe”, a lo que habría contestado: “Ustedes no han entendido nada. Esto no es como la mafia italiana; esto es una red, yo conozco gente, confío en ella, trabajo con ella y esta es una cooperación basada en la confianza”.

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El criminólogo afirma que estas organizaciones no tienen estructuras rígidas, más bien, son “una despiadada agencia de viajes, muy flexible, capaz de cambiar sus rutas y de buscar nuevas oportunidades”.

Son abundantes los reportes del abuso que deben soportar los “clientes” de estas redes. Por ejemplo, los migrantes refieren cómo se los tortura durante semanas antes de embarcarse, sin posibilidad de regresar.

Mohammed Ali Malek fue identificado como el capitán de la embarcación hundida y acusado de homicidio imprudente.
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Mohammed Ali Malek fue identificado como el capitán de la embarcación hundida y acusado de homicidio imprudente. (Alberto Pizzoly (AFP) )

“El problema que enfrentamos en Libia fue que nos habían quitado nuestro dinero y que nos habían golpeado duramente. Algunos individuos que conocí murieron de inanición. El traficante no nos dejaba hablar con nuestras familias, no nos daban comida y nos golpeaban constantemente”, refiere uno de los pocos sobrevivientes de la reciente tragedia en el Mediterráneo, un somalí de 16 años que habló anónimamente con Al-Jazeera .

Aunque el joven no lo refiere, hay reportes que indican que los viajeros son obligados a ocupar las bodegas de los barcos a punta de pistola para hacer la travesía unos sobre los regazos de los otros. No obstante, el superviviente sí afirma que el barco hundido había estado tan lleno que en alguna ocasión él cayó por la borda y tuvo que ser rescatado.

Los migrantes deben pagar el equivalente a 15 o 20 veces más a estas redes –afirma un reporte de CNBC– de lo que costaría un tiquete de avión. Es un sobreprecio que los lleva al que seguramente será el recorrido más atroz de sus vidas.

Al norte

La mayoría de los migrantes y refugiados que cruzan el Mediterráneo lo hacen por la zona central. Ello implica que la costa italiana sea la que reciba más viajeros.

En el 2013, Italia inauguró la Operación Mare Nostrum, un exitoso programa para interceptar y atender la emergencia de estos migrantes. El año pasado, por ejemplo, la iniciativa rescató más de 130.000 personas.

Sin embargo, los altos costos de la operación ($10,7 millones por mes) hicieron que Italia no pudiera mantenerla. Ante ello, la Unión Europea lanzó como reemplazo la Operación Tritón, cuyo presupuesto representa un tercio de Mare Nostrum, y con una efectividad que también fue menguada.

La tragedia del barco hundido la semana pasada obligó la reacción de los líderes europeos, y se anunció una operación de diez puntos que, entre otros, pretende la persecución de los traficantes. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) aplaudió la iniciativa, pero afirmó que el énfasis de los países debe ser la prevención para evitar más muertes de migrantes y refugiados en el mar.

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Miembros de la Policía italiana han seguido rescatando a más migrantes, de otras embarcaciones, en la costa de Libia el miércoles pasado.
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Miembros de la Policía italiana han seguido rescatando a más migrantes, de otras embarcaciones, en la costa de Libia el miércoles pasado. (Alessandro di Meo (ANSA/AP))

La respuesta de los líderes europeos tiene el reto de balancear una respuesta humanitaria con sus restricciones presupuestarias y un sentimiento antimigrantes ampliamente extendido entre su población.

El relator especial de las Naciones Unidas para los derechos humanos de los migrantes, François Crépeau, insistió en una entrevista con The Guardian que, para atender la crisis, se debe regular la movilidad a través de canales legales, en lugar de apelar a la detención o la represión.

A la tragedia reciente se la ha calificado como el mayor desastre marítimo de Europa fuera de tiempos de guerra.

En un contexto más amplio, hay en el mundo 50 millones de personas desplazadas, un número mayor que en cualquier otro momento después de la Segunda Guerra Mundial. No es por nada que los especialistas hablan de una crisis global de desplazados.

“Unos cuantos cientos de personas fueron forzados a entrar en la bodega, el nivel más bajo (de la nave), y fueron encerrados para que no pudieran subir”, dijo el fiscal italiano del caso Giovanni Salvi en una conferencia televisada. “Es entendible por qué tan pocos cuerpos han podido ser recuperados. La mayoría no tuvo oportunidad de escapar y se hundió con el barco”, agregó.

Este es un final demasiado triste y cruel para personas a las que, ni siquiera en la emergencia más apremiante, se les permitió moverse a sitios más seguros.

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