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Embotellamiento digestivo

Actualizado el 24 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Un candado se entromete entre la ingesta de alimentos y su posterior evacuación. En esta fórmula, el estreñimiento atormenta cuando la fibra se ausenta.

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La disposición por concretar una deposición no basta. Pasan las horas y cualquier ida al baño termina en vano, sin resultados positivos; sin la necesidad de tener siquiera que jalar la cadena.

En circunstancias como esta, el estreñimiento es incómodo y calamitoso pero, además, cada vez más frecuente entre la lista de padecimientos en boga.

Su aumento se relaciona con un estilo de vida sedentario, de dietas basadas en comida chatarra –que carecen de fibra– así como por tener horarios irregulares de alimentación.

Habrá quienes sufran cada vez que se les anuncia una diarrea, pero acá hablamos de la otra cara de la moneda: cuando prima la escasez, como si se estuviera en época de crisis.

La característica más común es que el tiempo entre una evacuación y otra se prolonga, a veces al punto en que la persona no defeca a diario o pasa sin dar del cuerpo hasta cuatro días seguidos.

La mejor forma de detectarla es repasando si hay cambios drásticos en el número habitual de veces que se va al baño.

La dificultad para defecar se debe al endurecimiento y la escasez de las heces. Esto conduce a un sobreesfuerzo que puede generar inflamación abdominal y fuertes dolores.

La explicación fisiológica del padecimiento tiene relación con un trastorno motor del intestino grueso. Este órgano tiene la función de extraer agua hacia las heces, para moldearlas hasta que puedan fluir y salir libremente; sin embargo, cuando no hay suficiente movimiento para formar el llamado bolo fecal no queda otra que acostumbrarse a entrar al sanitario y salir desilusionado, todo a causa del estreñimiento.

Según el gastroenterólogo León de Mezerville, en el 70% de las veces se da por situaciones estresoras, de tipo laboral, sentimental o académico. Un 20% cuando las personas tiene intolerancia a algunos grupos alimentarios, por ejemplo, a la leche o la harina de trigo. El 10% restante vive el estreñimiento como consecuencia de una infección intestinal severa.

El rango etario en el que hay más posibilidades de sufrir de estreñimiento es entre los 20 y 30 años, mientras que las mujeres son la población que más la experimenta.

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“Cuando se presenta de forma repentina en un adulto mayor, el estreñimiento es un signo de alarma de que hay algo que produce estrechez en el colon y dificulta el paso de las heces. Puede ser una señal de la presencia de divertículos o de cáncer de colon, por lo que el paciente debe ser valorado inmediatamente por un médico para encontrar la causa”, explica de Mezerville.

En la infancia, la constipación sucede por factores genéticos o debido a una enfermedad ganglionar del colon, ya que la ausencia de los nervios que mueven el órgano impide que avance el bolo fecal. En estos casos, hay que operar y reconectar el intestino.

Durante la juventud, el estreñimiento no debe generar mayor alarma y se puede reducir con cambios en el estilo de vida y la ingesta de fibra y líquido.

De la cocina al baño

La ingesta de alimentos ricos en fibra cumple una función fisiológica importante para la formación del bolo fecal y su llegada al colon.

Para defecar sin complicaciones, se recomienda consumir al menos 25 gramos de fibra de diversas fuentes, todo dentro de una dieta balanceada.

“Si aumentamos el consumo de fibra, debemos aumentar el consumo de líquido. Los alimentos que más fibra aportan son las frutas, vegetales y granos integrales, pero casi siempre nos quedamos por debajo de esa recomendación”, explica la nutricionista Georgina Dengo.

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Llegar a la meta diaria de consumo de fibra resulta una misión complicada; veamos unos ejemplos: media taza de lentejas cocidas contiene 3,5 gramos de fibra, una taza de lechuga equivale a 1 gramo de fibra, mientras que una naranja posee 2,5 gramos.

Un estilo de vida saludable, con importante presencia de ejercicio físico diario, también es de gran ayuda para facilitar el tránsito intestinal y evitar los embotellamientos.

La reducción en el consumo de alcohol y la renuncia al tabaco son otras recomendaciones básicas.

Para acabar con una fuerte crisis de estreñimiento, es efectivo consumir alimentos que usualmente desencadenan “flojera” estomacal.

En el caso de las personas con intolerancia a una comida, un período de constipación es propicio para “sacarse el clavo” e ingerir ese alimento para que actúe como purgante.

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También hay que saber que ciertos medicamentos atrasan la movilidad del colon y por eso generan estreñimiento. Entre estos, están los antidepresivos y los antiespasmódicos (que inmovilizan el intestino para eliminar el dolor), los analgésicos fuertes derivados de la morfina y el demerol, pues disminuyen la motili-dad intestinal.

Preocupante

“Es importante ir al baño de forma regular; hay que sacar la basura de la casa todos los días”, comenta el gastroenterólogo consultado para este artículo.

Su consejo es un llamado de atención: velar por que todo lo que entre, pase también por la salida como mínimo una o dos veces al día.

El estancamiento de las heces en el sistema digestivo durante mucho tiempo puede acarrear muchos problemas, así que no es solo cuestión de “no tener ganas” de ir al baño.

Las heces poseen sustancias y toxinas que el organismo no necesita, por ejemplo, el amonio. Si una persona muy estreñida lo absorbe podría sentir malestares como fatiga, dolor de cabeza y fiebre.

“Las heces pueden ser peligrosas en ciertos casos, como cuando un hígado tiene cirrosis. Si uno de estos pacientes sufre de estreñimiento por un solo día, la vena porta se va por el esófago y transporta toxinas directamente al cerebro, generando un coma hepático”, explica de Mezerville.

El estreñimiento crónico también puede derivar en reumatismo, artritis o hipertensión arterial.

Una forma médica de analizar las heces humanas excretadas es recurriendo a la Escala de Bristol, con la que se analizan las diferencias basándose en el tamaño y textura de lo depositado en el inodoro.

Las heces de un tamaño cercano a una nuez y de textura dura son las más difíciles de excretar. Si predominan en la colección de deposiciones, es una señal inequívoca de que hay un embotellamiento.

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