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El salvador de los libros usados en Cartago

Actualizado el 13 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Ya es una estampa común en la feria Paraíso ver a los vecinos que, entre los huevos, las verduras y las frutas, llevan consigo uno o dos libros usados del puesto de don José.

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Don Francisco empezó con un puesto de libros en su casa. Después extendió el negocio a los chinamos de la feria en Paraíso de Cartago. | F. GUTIÉRREZ
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Don Francisco empezó con un puesto de libros en su casa. Después extendió el negocio a los chinamos de la feria en Paraíso de Cartago. | F. GUTIÉRREZ

José Francisco Sosa Sosa tiene 80 años y una nueva misión en la vida: “salvar” las revistas y libros usados que terminan en la basura de los pueblos de Cartago.

Todo empezó gracias a su oficio en un Centro de Reciclaje de la provincia. “Una vez, le pregunté al patrón que si podía rescatar los libros y las revistas que se encontraban en el Centro de Reciclaje del barrio El Molino. Él me dio permiso y, desde entonces, yo empecé a coleccionarlos. Después se me ocurrió la idea de dedicar una bodeguita en mi casa para vender las mejores colecciones”, relata.

A su bodega comenzaron a llegar entonces, desde profesores y estudiantes, hasta amas de casa y amantes de la lectura en general.

Un buen día, a Sosa –quien asegura que no le gusta estar sin hacer nada– se le ocurrió aprovechar los fines de semana para ampliar el negocio y comenzar a vender en el centro de Paraíso de Cartago. Fue así como pidió el carné que certifica como legales sus ventas en la feria del agricultor.

Es fácil hallar a don José Francisco cada sábado en ese gran mercado que es la feria de Paraíso. Allí, frente a la sucursal de la CCSS, en el centro del cantón, extiende centenares de revistas y libros usados en su puesto improvisado, y pronto empieza a atraer los ojos curiosos de quienes andan de compras. A los clientes que se acercan, el entusiasta vendedor les brinda las recomedaciones de los libros que ya ha leído.

“Siempre fui un chiquillo que quería estudiar y, aunque no pude pasar de la escuela porque empecé a trabajar muy joven, siempre me gusta oír al que sabe. Así se sigue aprendiendo”, asegura.

Cuando encuentra tiempo, deja su “puesto” al cuidado de alguien de confianza y se va a caminar y a ofrecer su mercadería en medio de las ventas de chayotes, bananos, cebollas, naranjas...

De hecho, ya es una estampa común en la feria del cantón ver a paraíseños que, entre los huevos, las verduras y las frutas, llevan consigo uno o dos libros usados del puesto de don José.

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