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Vivencia en el Mundial

“¡Dios, en qué momento vine a Brasil!”

Actualizado el 22 de junio de 2014 a las 12:00 am

No, no nos equivoquemos. Los ticos acá hemos pasado experiencias inolvidables… pero tanto en el buen como en el mal sentido.

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“¡Dios, en qué momento vine a Brasil!”

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No, no nos equivoquemos. Los ticos acá hemos pasado experiencias inolvidables… pero tanto en el buen como en el mal sentido.

Incluso, hay que contar que dos horas antes del juego contra Uruguay, ya en las inmediaciones del Castelao, quien escribe y otro generoso grupo, integrado mayoritariamente por damas, pero también por algunos caballeros, vimos los azules por cuenta de los azotes del astro rey, que convirtieron aquella enorme mole de cemento en una infernal caldera de la que era imposible escapar a pesar de los 36 grados post mediodía.

Como suele ocurrir, las mujeres cargamos en el equipaje entre seis y ocho pares de zapatos “por si acaso”, así como planchas de pelo y todo el arsenal de belleza para ir muy hermosas y distinguidas a la cita histórica… todo para que al caminar los tres kilómetros que nos separaban de la buseta al estadio, quedáramos en sandalias, sin aretes ni guindajos y sin maquillaje: el sudor era tal que parecía que recién nos habían manguereado.

En el estadio Castelao, de Fortaleza, las porras ticas en un inicio fueron opacadas por los cánticos uruguayos. Sin embargo, conforme avanzó el juego los aficionados locales le hicieron segunda a los aficionados costarricenses.
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En el estadio Castelao, de Fortaleza, las porras ticas en un inicio fueron opacadas por los cánticos uruguayos. Sin embargo, conforme avanzó el juego los aficionados locales le hicieron segunda a los aficionados costarricenses. (Carlos Borbón)

La ropa nos pesaba, hasta las camisetas más ligeras, y con el roce y el calor las prendas –en especial las íntimas– nos provocaron surcos dolorosísimos, al punto de que tuvimos que ir al baño… para quitarnos los calzones.

Era tanto el sofoque que en un momento, en el baño del estadio y a sabiendas de que en la gradería la cosa se pondría peor, maldije la hora en que había viajado al Mundial y desee con todas mis fuerzas estar en cualquier lugar de San José, viendo el juego por tele.

Los únicos segundos de alivio los pellizcábamos al meter las manos, hasta la muñeca, por el orificio de la oficina de “Lost and found”… lo malo es que era lo único que podíamos introducir en aquel aire climatizado y paradisiaco.

Sobra decir que, con lo que pasó después, todo se nos olvidó, le pedí perdón a Dios (aunque creo que Él no se mete en estas banalidades) y hasta los ticos que también tuvieron que guardar sus calzoncillos, saltaban eufóricos ante los goles de la Sele, como si no hubiera un mañana. Sí, muchos vimos el juego malheridos por aquí y por allá y sin ropa interior, pero con el tremendo Castelazo… ¿a quién diablos le importó?Por supuesto, ya tomamos previsiones y contra Italia todo el mundo irá con prendas flojitas de algodón y bóxer XXXL, holgura, anchura y libertad total.

Y sì, vivimos a troche y moche cada segundo en el estadio, pero está dicho que los imprevistos están a la orden del día y hubo uno que estuvo a punto de hacer que nos perdiéramos el segundo gol de la Sele.

Resulta que estaba el Porcio (el humorista Carlos Ramos) muy feliz, justo a mi derecha, practicando las olas que ya con el calor del juego se armaban hermosas en la gradería. Porcio ponía mucha atención para levantar los brazos bien acompasado con el resto. El problema fue que luego vino una ola "de a parado", de las que se ven más gonitas, ¿vedá?, y él no quería, para nada, ser el único perdido, entonces se levantó raudo, veloz y brioso, con los bracillos levantados a más no poder.

El problema fue que se hizo mandado hacia atrás con igual rapidez sin percatarse de que el asiento era reclinable, entonces pasó directo y quedó sentado en el piso, como en posición de indio, con las rodillas en la barbilla y prensado entre los dos asientos, viendo para arriba con cara de terror.

En su auxilio acudimos los ticos más inmediatos, pero hasta un par de coreanos que estaban atrás y unos vecinos mexicanos intentaban decirnos que lo jaláramos  entre cinco para sacarlo a la segura, solo que de todos nadie podía porque básicamente estábamos sin aire de la risa. Justo cuando pudimos "desentramparlo" y todavía nos secábamos las lágrimas, se vino la jugada que culminó en el 2 a 1 ¡casitito nos la perdemos por el Porcio-Castelazo, literalmente!

El popular humorista no las tuvo todas consigo, ha pasado más en el piso que en posición vertical, basta ver el video que a estas alturas se ha hecho viral, de lo que le ocurrió mientras contaba chistes de pie en un bus de la afición y el chofer metió tremendo frenazo de improvisto.

Pero bueno, no solo Porcio abundó en anécdotas. Entre las más pintorescas, aunque aún la contamos con un poco de susto, está la que protagonizó un señor adorable, campesino, que ganó el viaje al Mundial en el sorteo de una empresa y resulta que esto constituyó su primera salida del país a sus 60 años.

En los hoteles hay que ingresar la tarjeta de la llave en un dispositivo que enciende la luz, pero él no sabìa y, como no tuvo forma de encender la luz y le urgía ducharse para salir con el resto del grupo, encontró la solución encendiendo varias candelotas que había echado preventivamente en su equipaje. Ya lo dicen, hombre prevenido vale por dos,solo que a sus compañeros de habitación casi les da un infarto cuando entraron y se encontraron un trocito de la Costa Rica de campo en pleno hotel citadino del Mundial 2014. Claro, se reirían juntos muchos días después, pero antes corrieron a apagarlas porque, hasta la fecha,nadie entiende cómo no se activó la alarma contra fuego y cómo no desalojaron a todo el hotel justo en la previa del partido contra Uruguay, cuando estuvo a punto de cambiarse el lema de la Sele por un rato e imponer el "!A evacuar, carajo!"

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