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Ellos hacen grande el espectáculo..., detrás del espectáculo

Actualizado el 17 de mayo de 2015 a las 12:00 am

Un grupo nacional de técnicos y gestores artísticos de conciertos ha evolucionado del empirismo local hasta el profesionalismo internacional. Ha sido un crecimiento callado en una industria que se anuncia a todo volumen

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Gloriana Gómez confiesa que todavía llora en los conciertos, específicamente en el momento en que el artista sube a escena. Ella ha ido a cientos de espectáculos, y sus lágrimas son de una especie distinta a las de un fanático del montón. Las suyas son una catársis de un trabajo bien hecho.

Ella es relacionista artística. Junto con el equipo que tiene a cargo, Gloriana es la responsable de que, una vez hecha una contratación, los músicos lleguen a buen puerto y que reciban las atenciones y especificaciones que necesitan según lo pactado.

“Es una emoción con la que no puedo dejar de vivir” –dice Gloriana– “Vivo en un escenario, hago camerinos, viajo y no me imagino haciendo otra cosa. Tengo la dicha de que, durante casi 15 años que tengo de hacer esto, me rodean mis amigos más cercanos”.

Su aporte encaja dentro de un complejo engranaje para hacer de la música una experiencia enorme. Piense en su canción favorita escuchada en la intimidad única que dan un par de audífonos. Gloriana y sus colegas aprendieron cómo convertir ese murmullo en algo titánico, en una experiencia que por mucho sobrepasa el sentido del oído.

El equipo técnico que está detrás de los conciertos masivos es una historia huérfana de cronistas en las páginas de entretenimiento. No obstante, en Costa Rica, con toda su pequeñez territorial, se ha desarrollado calladamente el talento de un grupo de técnicos y de expertos en gestión artística cuyo trabajo tiene calidad de exportación.

Ellos han estado detrás de espectáculos que van desde la barbada música nacional de Adrián Goizueta y el Grupo Experimental hasta el rock pintarrajeado de Kiss; desde el Festival Imperial hasta el rosario de de megaconciertos de Lollapalooza.

Federico ‘Sata’ Figueroa  lidera la empresa de ‘rigging’ Seguridad Vertical, la única en su tipo en Centroamérica.
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Federico ‘Sata’ Figueroa lidera la empresa de ‘rigging’ Seguridad Vertical, la única en su tipo en Centroamérica. (John Durán)

Hay cierta pulsión mañosa por levantar la cortina para ver que hay detrás de escena. Claro que Dorothy perdió la inocencia cuando vio que el mago de Oz era tan solo un tipo sudoroso que operaba una compleja maquinaria detrás de una cortina, pero ¿acaso no hay también un asombro en esa maravilla?

Detrás de la magia de nuestros dioses musicales hay gente sudando chorros para para que podamos ver a los artistas en una dimensión sobrehumana.

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Con esto dicho, permítanos levantar la cortina y arruinarle el espectáculo. Vale la pena.

Crecimiento

Es sábado 11 de abril y la Orquesta Filarmónica inaugura el anfiteatro de Parque Viva. El estreno del recinto se lleva toda la atención, pero hay un hecho que es fácil de pasar por alto. Este fue el mayor concierto en suelo nacional montado completamente con artistas y técnicos locales.

Ellos no son los únicos, pero sí son un ejemplo brillante del desarrollo del medio del entretenimiento en el país. La mayoría hicieron el camino difícil desde el empirismo hasta el nivel profesional que tienen hoy.

Ahí está, por ejemplo, Guillermo Memo Gómez, quien tiene más de 30 años de experiencia como técnico de sonido, y quien en una vida demasiado lejana fue maestro de primaria en la escuela Vitalia Madrigal. Está también su compañero de vuelo, Óscar Marín, un guitarrista volcado al mundo del sonido que, también hace demasiados años, solía esperar la llegada de la revista especializada Mix “como si fuera una Playboy ”.

“El mundo técnico es cien por ciento paralelo al mundo musical”, dice Guillermo, quien afirma que la internacionalización de algunas bandas nacionales como la de Goizueta, Cantoamérica y Éditus fue vital para que los técnicos de sonido también ampliaran sus fronteras.

Ellos recuerdan cuando las bandas nacionales todavía ofrecían conciertos amplificados con equipos de discomóviles. Óscar recuerda que en las semanas U les solía hacer preguntas técnicas a quienes se encargaban del sonido en los conciertos. Todas quedaban sin respuesta. Ahora, él entiende que aquellos técnicos tampoco sabían cómo responder.

Memo recuerda el “abreoídos” que significó la llegada del espectáculo del predicador Jimmy Swaggart; y ambos técnicos exaltan la iluminación que significó el concierto Derechos Humanos ¡Ya! en los 80.

Gloriana Gómez trabaja en relaciones con los artistas en Bliss Entretenimiento y en C3, productora de Lollapalooza.
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Gloriana Gómez trabaja en relaciones con los artistas en Bliss Entretenimiento y en C3, productora de Lollapalooza. (Cristian Araya)

“Ellos (los organizadores del concierto) trajeron algo que no se podía lograr aquí con los equipos y la técnica que había entonces. Cuando oímos como sonaba aquello dijimos: ‘Esa es la vara, así es como tenía que ser’”, dice Óscar.

Guillermo explica que luego llegaron empresarios que apostaron por llevar el sonido más allá –como Mario Casasola, Antonio Rojas, Pierre Baldí–, y luego se establecerían empresas como Espectacolor, de Rodolfo Solano, y RSTV, de Virgilio Elías, que fueron permitiendo la profesionalización del sonido en Costa Rica.

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“Hay mucho que agradecerles a ellos, porque nosotros quemamos todos los equipos del mundo para llegar a hacer lo que hacemos. Y se los quemábamos a ellos, nosotros no teníamos que sacar el dinero para pagarlo”, recuerda Guillermo.

Actualmente, ambos son los técnicos de sonido de Rubén Blades, vínculo que precisamente hicieron a través de Éditus, en los 90.

Otra ficha más en el equipo del panameño es Andrés Kid Schmidt, quien es luminotécnico. Empezó como técnico de guitarra de Bernal Villegas y, un día que su grupo no tenía quién moviera las luces, él dio un paso al frente.

Andrés comenzó en este mundo a finales de los 90, cuando trabajó también con bandas como Evolución, Gandhi y Tango India; pero no solo se dedicó a las luces, sino que además trabajó con una empresa de alquiler de equipo para conciertos.

“Jalé cajas, monté luces, le daba asistencia a los técnicos que venían de afuera y, bueno, todo lo duro. Lo bueno es que eso te da mucha escuela porque te das cuenta de cómo funciona todo y cómo se relaciona con lo que ya leíste por tu cuenta”, dice Andrés.

Cuando se le insiste, el técnico en iluminación afirma que un gran momento para la cohesión del equipo fue la inauguración del Estadio Nacional, en el 2011.

“Entonces crecimos como gremio porque no todos hicimos un poco de todo, como era antes, sino dijimos: ‘Este mae se va a dedicar a hacer esto porque eso es lo que él sabe, y este otro hace esto, que es su especialidad. Y todo salió, a mi criterio, excelente”, opina Andrés, quien –junto a Memo, Óscar y otros especialistas– fundó la empresa de apoyo técnico Decibel Brothers.

“Nos juntamos un montón de amigos, pero aquí no hay un jefe o un dueño; sí somos socios y es una empresa formal, pero no trabajamos como una empresa formal. El trato es igual entre todos, desde el técnico hasta la persona que descarga los camiones. Aquí no hay separaciones: todos somos como hermanos”, dice Guillermo de la empresa.

Otra empresa que revela el florecimiento de la industria del entretenimiento en el país es Seguridad Vertical, de Federico Sata Figueroa.

“Yo trabajaba en una compañía de audio e iluminación, hacíamos shows en Centroamérica y siempre había que colgar cosas, y aquello me llamaba mucho la atención. Siempre he escalado por deporte, y por ahí se me ocurrió dedicarme al rigging de entretenimiento”.

A falta de una mejor palabra, ‘ rigger ’ remite a ‘aparejador’, la persona que se encarga de hacer los montajes de los equipos de sonido y luces en la parte superior de un foro.

“Mucha gente piensa que solo es subirse, pero el rigging de entretenimiento –en comparación con otro tipo de trabajos de altura– conlleva el cálculo de pesos. En entretenimiento, vos subís para poder colgar motores que suben iluminación y sonido. Entonces tenés toneladas allá arriba”.

El concierto de la Filarmónica, por ejemplo, implicó más de 35 toneladas de equipo de audio, luces y video. La empresa de Federico también montó el equipo de los conciertos en Costa Rica de Paul McCartney y de Lady Gaga, con un aproximado de 40 toneladas cada uno; y, en México, él trabajó en el festival Bandamax, con más de 70 toneladas en equipo.

Federico tiene 34 años y ofrece trabajo a título personal y de su empresa en México, Centroamérica y Suramérica. Uno de sus trabajos más recientes fue la “avanzada” (hacer el montaje antes de que llegue el equipo del grupo) de Kiss en Suramérica.

Aunque Federico empezó en el rigging a propósito de su afición por la escalada, su especialización ha sido en el área laboral, mediante cursos de certificación que ha hecho en Estados Unidos. De hecho, todos los equipos que usa son estándar y certificados.

El suyo es un retrato que ejemplifica al resto de sus colegas, de cómo una persona apasionada por lo suyo busca las formas para profesionalizar su trabajo en un medio que no le ofrece alternativas formales.

El rigger explica: “El tema es que en Costa Rica no existe una profesión en entretenimiento como tal, ni una especialización como sí existe en Berklee College of Music, por ejemplo, en donde podés sacar una carrera en Producción o en Management de artistas. No existe como tal. Aquí todo el mundo ha empezado trabajando”.

La Orquesta Filarmónica protagonizó el mayor espectáculo con talento técnico y artístico 100% nacional. (Jorge Navarro)

Tras la escena

El mundo detrás de un escenario requiere de un director creativo y stage manager , figura de gran organizador que encarna Diego Gato Jiménez. Él fue un aspirante a abogado que se volcó tempranamente a las artes gráficas, y que terminó vinculado con el mundo del espectáculo, las pasarelas, las revistas, la televisión y la publicidad. Por supuesto, también terminó abrazando cariñosamente la música, pero dice que nunca pudo agarrar un condenado instrumento (él usa un adjetivo más fuerte que ‘condenado’).

“Los amigos me dicen que tengo la pinta más desperdiciada del mundo”, dice el no-músico.

Fue Gato quien en el 2001 le propuso a Gloriana Gómez que ella podría servir para “esto de los conciertos”. Trabajaron juntos la primera vez que vino Red Hot Chili Peppers a Costa Rica y desde entonces han hecho equipo.

Gloriana misma tiene un origen improbable, o tan improbable como cualquiera de los que trabajan en este negocio.

Gloriana es graduada en Sociología, y su investigación de tesis la desarrolló sobre violación de derechos humanos de los niños. Ella confiesa que durante ese estudio se dio cuenta de que el tema la afectaba demasiado emocionalmente, por lo que supo que nunca trabajaría en algo similar.

Gato la terminó acercando al mundo del espectáculo y ahora no se imagina a sí misma fuera de él. Ambos vinculan el crecimiento en sus estaturas profesionales con su trabajo en las distintas ediciones del Festival Imperial.

La edición del 2012 trajo un cambio profundo para ellos cuando la productora de conciertos estadounidense C3 –encargada de traer a los artistas– quedó impresionada con la forma de trabajar de los costarricenses. Tres meses después del festival, Gloriana recibió una oferta laboral de la empresa para que fuera a trabajar junto a Gato y otros dos colegas en la edición de Lollapalooza en Chile.

El cuento corto es que ahora la socióloga se encarga de todas las relaciones con artistas para el festival principal, en Chicago, y para sus versiones en Suramérica. Gato, por su parte, será el stage manager en uno de los escenarios de Chicago, y junto a un colega, colaborará en el festival electrónico Tomorrowland, que promueve C3.

“Yo he pensado que qué vacilón: cuando uno se pone metas en el propio país es cuando viene gente de afuera a reconocer tu trabajo. Yo hago el mismo trabajo para los gringos que para los ticos”, reflexiona Gato.

Además de sus compromisos internacionales, Gato y Gloriana forman parte del equipo de Bliss Entretenimiento (unidad de negocios de Grupo Nación), el cual fue creado para producir eventos y administrar Parque Viva.

Este es el foro en el cual un equipo que se ha conocido desde siempre llega a hacer lo que mejor sabe.

mito del espectáculo

“La gente lo que quiere saber de mi trabajo es lo morboso del backstage ”, se queja Gloriana, y agrega: “Se piensa que esto es puro sexo, drogas y rock n' roll . Eso no pasa, y si fuera así, mi trabajo sería superaburrido”.

Gloriana se prepara para su cuarto Lollapalooza, y en cada edición ha debido lidiar con 120 bandas. La imaginación se queda corta cuando se trata de dimensionar la cantidad de artistas que ha podido ver en tan pocos años. Sin embargo, ella se enorgullece de que ni siquiera una vez ha pedido sacarse una foto con alguno.

Federico Figueroa coincide en que, desde afuera, los no iniciados pueden percibir que el trabajo del equipo de producción es glamuroso.

“Hay gente que te dice: ‘Huy mae, qué chiva, métame a un concierto’, pero no funciona así. Uno suele llegar días antes de un show y uno se va días después, o hay que quedarse el mismo día desarmando, llueva, truene, haga hambre o frío. Con lo matado que es este trabajo, realmente tiene que haber una pasión que te debe llamar la atención para durar en esto”, dice el rigger .

Guillermo Gómez dice que familiarmente es duro trabajar en la producción de conciertos, pero que él ha tenido la suerte de encontrar una pareja que ha sabido lidiar con sus retos.

“Mi mitad, mi esposa Vicky, entendió que mi mundo es uno que no tiene horario. De repente pasan ocho meses en que no nos vemos por una gira”, dice Memo, aunque admite que en ocasiones ha podido viajar con ella. En su familia, dos de sus cinco hijos han seguido sus pasos como técnicos de sonido.

Guillermo Gómez  cuenta jocosamente que empezó su carrera cuando fue a comprar un equipo de sonido. Hoy es técnico de Rubén Blades. | FOTO: CRISTIAN ARAYA.
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Guillermo Gómez cuenta jocosamente que empezó su carrera cuando fue a comprar un equipo de sonido. Hoy es técnico de Rubén Blades. | FOTO: CRISTIAN ARAYA. (Cristian Araya)

“Esto puede ser complicado si no tenés al lado a una persona que entienda lo que implica este trabajo”, dice Andrés, quien actualmente vive como pareja con Gloriana. Tienen siete años juntos. “Este trabajo no me ha impedido tener eso, tener una relación de pareja exitosa, no me ha impedido ser feliz”, dice ella.

La historia de cómo un grupo de gente que venía de los mundos más disímiles terminaron profesionalizando el mundo del espectáculo, solo se puede explicar por el imán del espectáculo mismo.

La persistencia es la única explicación que le encuentra Andrés Schmidt al éxito que han alcanzado como gremio en los últimos años.

“Para muchos, el éxito ha venido por majadería. Cuando vos tenés una pasión, nada para”, dice el técnico.

Gato, el productor curtido, todavía se emociona al igual que Gloriana con la respuesta del público ante su trabajo. “Yo sí lloro mucho, cuando la gente aplaude, a mí se me erizan los pelos, porque para mí esa sigue siendo la mejor parte”.

Eso sí, él –al igual que todos– piensa que los conciertos ya no son para él. ¿Sacar el tiempo para ir a uno? No, gracias.

Federico confiesa que “ese es un tema”. “Tendría que ser un artista que realmente me llame la atención, y la verdad es que ya he trabajado en los shows de los artistas que me llaman la atención. Me gustan AC/DC, Roger Waters y U2, y a todos los vi trabajando en México. Sinceramente, yo no salgo a un lugar con mucha gente porque paso en escándalos y multitudes todo el tiempo”, dice Figueroa.

Vivimos en tiempos en que no sabemos qué sera de la industria de la música en cinco años, ni por cuál medio estaremos escuchando la música que nos gusta. A lo que no se le ve fin es a la música en vivo, y mientras haya conciertos, el trabajo de los productores y técnicos costarricenses seguirá existiendo.

La noche en que tocó la Orquesta Filarmónica fue una velada para darle cafeína, anfetaminas y alucinógenos a la música. La experiencia nos retumbó en el pecho, y nos reventó las pupilas en una fiesta de colores. Muchos debieron gestionar el talento y convertirlo en un sunami que se le viniera encima al público.

Esos muchos también son talento nacional.

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