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Beata Sor María Romero sigue cosechando obras

Actualizado el 10 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Son pobres, muchas están solas con sus hijos y, hasta ahora, todas las puertas se les han cerrado en la cara. Sin embargo, en uno de los proyectos Herencia Sor María Romero, SE LES TENDIÓ LA MANO y hoy aspiran a ser mujeres diferentes.

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Qué difícil debe de ser salir del país natal en busca de un sueño que se revienta en mil pedazos contra el suelo como un espejo.

Aleida López Romero dejó Nicaragua y se aventuró tras el espejismo tico. Una hermana le llenó los oídos pero, apenas llegando aquí, se vio de patitas en la calle, obligada a sobrevivir sola cuando era una adolescente de 15 años de edad.

Hoy, tiene 31 años y la responsabilidad de cuatro hijos (de 8, 6, 3 y un año). Doce meses atrás, estuvo a punto de morir vapuleada por su pareja. Esta agresión y una mano amiga –que nunca falta en estos casos– la tiene en el albergue de Sor María Romero, en el Paseo Colón, San José. Allí, además de encontrar apoyo, encontró una gran oportunidad junto a otras 15 mujeres.

En el Instituto para la Mujer Sor María Romero, Aleida y sus otras compañeras de vida se convirtieron en el primer grupo graduado en hotelería básica, un curso que les abre las puertas de cientos de hoteles necesitados no solo de trabajadores técnicamente capacitados, sino de personal formado ética y espiritualmente.

Esta joven madre nicaraguense todavía está en busca de trabajo, pero ya ha sido llamada a varias entrevistas. Una oportunidad que nunca antes había tenido, después de trabajar como doméstica para una pareja belga que la trató muy bien, pero que la dejó con una mano atrás y otra adelante cuando decidieron volver a Europa. Para ella, hay una puerta abierta.

Crecer para dar más

Andrea Remy forma parte de la directiva del Instituto. Esta empresaria trabaja voluntariamente para los proyectos de Sor María Romero, religiosa de origen nicaraguense de la orden de las Hijas de María Auxiliadora cuyas obras en Costa Rica le valieron la beatificación el 14 de abril del 2002. Entre su herencia, están el Instituto y el albergue donde ahora vive Aleida. {^SingleDocumentControl|(AliasPath)/2013-03-10/RevistaDominical/Articulos/RD0303-HOTELERIA/RD0303-HOTELERIA-quote|(ClassName)gsi.gn3quote|(Transformation)gsi.gn3quote.RevistaDominicalQuoteSinExpandir^} Remy explicó que el Instituto siempre ha sido de la idea de dar una orientación con cursos para que las mujeres tengan una formación y puedan buscar trabajo. Algo así como darles el pez y la caña para seguir pescando.

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Fue hace justamente un año cuando la directiva decidió organizar un curso que, al tiempo de formar en valores a mujeres solas, pobres y con deseos de superación, apoyara con mano de obra calificada a la industria hotelera.

Aleida comenzó en setiembre del año pasado con clases de inglés y computación básica, etiqueta y protocolo, un curso básico de camarera, de manejo de restaurantes y de finanzas, solo para mencionar algunos. Se graduó en diciembre.

Ella será capaz de trabajar en los llamados “servicios de hospitalidad”, dijo Giovanni Graziano, uno de los colaboradores en este proyecto.

“Están en capacidad de trabajar en restaurantes, hospitales y hasta en servicios para personas de la tercera edad”, agregó el empresario hotelero para quien es importante que los hoteles de todo el país fijen su mirada en este personal.

Shirley Álvarez Padilla, también de 31 años, mamá sola a cargo de dos niños (11 y 9 años), llevó el curso en el mismo grupo que Aleida. Es otra joven que no pasó de sétimo año de colegio y vive en barrio Cuba, en un precario conocido como El Pochote.

“He trabajado como asistente de cocina en varios turnos y como operaria de fábrica. Ya hice varias entrevistas para aprovechar lo que aprendí sobre hotelería y, con la nueva vida que sé que voy a tener, quiero estudiar enfermería y ahorrar para comprar una casa propia”, dice con una seguridad que convence sobre la realización de sus propósitos.

En todo este proyecto, el Instituto Sor María Romero ha contado con gente dispuesta a ayudar. Uno de los principales ha sido el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) que dio el certificado que las acredita para manipular alimentos.

También está la Asociación de Chefs, la Cámara Costarricense de Hoteles (CCH), y hoteles como el Balmoral, el Residence Inn, el Park Inn, el Court Yard y Los Sueños Marriot.

Y como la primera experiencia ha dejado buenos resultados, para este año ya está listo el segundo curso, que dio inicio en febrero y se prolongará por cuatro meses. También habrá otro tercer curso en la segunda mitad del 2013.

Ya le decía sor María Romero siendo apenas una niña, a su mamá, un día en que le regaló su vestido nuevo a una pequeña y pobre chiquilla de su Granada (Nicaragua) natal: “¡A los pobres se les da lo mejor! ¿No es cierto, mamá? ”

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Ángela Ávalos R.

aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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