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Andrey Amador

Actualizado el 02 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

‘El vago’ que llegó al Olimpo

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"¡Andrey Amador, prima vittoria costarricana al Giro. Prima vittoria storica di Costa Rica al Giro di Italia con Andrey Amador!"

Los gritos del narrador erizaban la piel de los costarricenses, quienes no despegaban los ojos de la pantalla viendo cómo, a miles de kilómetros, un tico realizaba una de las proezas

Cinco minutos antes de este anuncio, Andrey Amador iba disparado en su bicicleta atravesando a casi 100 kilómetros por hora las curvas de la nublada y fría comunidad italiana de Cervinia.

Después de casi seis horas de recorrido, Amador tuvo tiempo para pensar en su familia, en el cansancio, en cuánto le faltaba para llegar, y hasta pudo admirar el paisaje mientras conversaba con algún otro ciclista. Casi llegando a la meta, estos pensamientos cambiaron por la sola idea de sobrepasar la llanta de la bici del checo Jan Barta y mover sus piernas con los músculos a reventar para evitar que el italiano Alessandro de Marchi lo rebasara.

El tiempo era oro, a 100 metros del objetivo, el tico iba junto al checo, y al pueblo costarricense ya se le acababan las uñas.

La mirada de Amador estaba fija en la meta; ya era inmune al cansancio. Con una bocanada de aire, hizo su último esfuerzo para el sprint final, aceleró el paso para la cacería, adelantó a su contrincante, cruzó la meta. Hizo historia.

“¡Ganó, ganó, ganó!”, gritó su madre, Raisa Bikkazakova, desarmada de la emoción, al igual que todo un pueblo que se volcó a apoyar a quien sería su nuevo ídolo.

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Esa mañana del 19 de mayo, los ticos olvidaron por unos minutos los aumentos de gasolina, las presas y las metidas de pata del Gobierno.

“Héroe nacional”, “¡Amador presidente!”, “¡Andrey Amador es un titán!”, comentaban en las redes sociales sus seguidores y llenaban de elogios a quien se coronaba con la máxima hazaña ciclística a nivel nacional y centroamericano.

El ciclista ganó la etapa 14 del prestigioso Giro de Italia , considerada entre las tres carreras élite en el mundo del ciclismo, junto a competencias de la talla del Tour de Francia y la Vuelta a España.

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El ramonense cumplió el sueño que construyó siendo un guila, cuando sus padres le dijeron que, si ganaba los exámenes de sexto grado, le regalarían una bicicleta. Fue aquella bici de ¢90.000 la que lo catapultaría al éxito. Ahora, compite con una valorada en ¢9 millones.

Amador, en los berrinches propios de la adolescencia, abandonó el ciclismo a los 16 años, ya que los duros entrenamientos no le permitían irse de fiesta con los amigos; pero Rafael Calderón, su entrenador de ese entonces, le jaló el mecate y lo retuvo.

“A los tres meses, me di cuenta de que no iba para ningún lado. Ahora, ni loco me pasa por la cabeza dejar el ciclismo”, afirmó el menor de tres hermanos en una familia de cinco.

Gracias a este empuje, logró sus primeras rodadas profesionales con el equipo BCR-Pizza Hut, donde voló pedal hasta el 2007. En ese año decidió emigrar a Europa para “buscar suerte”.

“En ese tiempo, mi colega José Adrián Bonilla me preguntó que si quería estudiar o ser ciclista. Escogí ser ciclista; él me dijo que si quería tener éxito, me fuera a Europa”.

Amador le hizo caso a Bonilla, quien en ese momento corría con el equipo Kelme, de España. Champulón sabía de lo que le estaba hablando.

De esa manera, el trotamundos, con escasos 20 años, logró convertirse en un legionario de los pedales, al ser fichado por el Galibier-Lizarte de España , un equipo de tercera división.

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Maduró durante dos años en el ciclismo. Para ese momento, su talento ya rendía frutos y le resultaba interesante a los entrenadores del Viejo Mundo.

Con la misma emoción de quien recibe su primer sueldo, el ciclista firmó en el 2009 un contrato con el equipo profesional Caisse d’ Epargne que después pasó a llamarse Movistar, agrupación con la cual compite actualmente.

Amador recordó que toda esta etapa de afianzamiento profesional la vivió en medio del apoyo y el rechazo de la gente. “Hubo muchas personas que estuvieron conmigo, al igual que otras me trataron de ‘vago’ y me decían que con el ciclismo, me iba a morir de hambre. Me demostré a mí mismo que no se necesita estudiar y ser profesional para salir adelante en la vida”.

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Es así como, desde hace seis años, Andrey Amador Bikkazakova vive de la rueda en Barcelona, España, acompañado de su novia, Laura Pombo, quien “hace que su estancia allí se torne más placentera”. A pesar de los años viviendo allí, y de que las mañas se pegan, Amador detesta cuando alguien le dice que su acento ha cambiado. “No quiero ser tan polo como esos que se van del país y a los meses vienen hablando con otro acento”.

Malo para los idiomas

De madre rusa y padre costarricense, este joven se considera más tico que los puentes bailey.

Su madre ha intentado enseñarle su idioma, pero Amador “se hace el ruso”: se considera poco diestro para eso de las lenguas. Solo su escuela de dos ruedas le ha dejado tanto aprendizaje.

Si en mayo pasado escribió una página de historia en italiano, en julio, en las calles de Londres, recibió una lección en inglés.

A pesar de que iba muy bien preparado para las justas olímpicas de Londres 2012, “no le salió” lo planeado; pero está convencido de que estuvo a la altura: quedó en la posición 35 de 144 corredores .

“Ese 35 parece malo, pero a la par estuve con ciclistas de primer nivel, que también quedaron fuera. Se me fue esa escapada, no se imaginan lo frustrante que es ir de primero y que, a escasos 10 metros, le pasen dos contrincantes”.

Pese a este resultado, la huella dejada en el Giro de Italia y el esfuerzo que lo caracteriza, influyó para que los costarricenses lo llenaran de alabanzas.

Amador valora que las Olimpiadas le permitieran compartir y aprender con los astros del ciclismo mundial. A sus 26 años, estaría en el atardecer profesional si fuera otro deporte, pero en el ciclismo su porvenir apenas empieza. “Estuve con ciclistas que veía por tele y admiraba cuando era niño, y ahora hasta he compartido cuarto con ellos”.

Juego limpio

No todos sus héroes de la niñez le han dejado a Amador un buen sabor de boca. Los escándalos de su máximo referente, Lance Armstrong , lo pusieron a pensar. Pero dice que, a pesar de todo, lo sigue admirando.

“Aunque no se le ha demostrado nada a Armstrong, es un golpe muy duro para el ciclismo. Somos una nueva generación de corredores sanos que hacemos bien cosas”. Por reglamento, Amador tiene que someterse a pruebas antidopaje antes y después las carreras. Incluso, un comisario puede llegar a cualquier hora (incluso de madrugada) para tomarle una muestra de orina.

Ser ciclista va más allá de entrenamientos y carreras: deben estar localizables las 24 horas mediante un sistema de Internet que monitorea el tiempo y lugar del entrenamiento.

No obstante, para el costarricense estos detalles son poca cosa pues el ciclismo “lo es todo”. Y no planea bajarse de su bicicleta hasta que no logre conquistar el mundo subido en esas dos ruedas.

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