Entretenimiento

Amparo en la zona rural

Actualizado el 06 de agosto de 2017 a las 09:55 am

Para que una comunidad recobrará su sentido de pertenencia, y se obtuvieran otras formas de empleo, se implementó un proyecto que incluye una planta de producción de alimentos y estanques para criar peces. Así se propuso un nuevo método de economía, que es sostenible, al aire libre y capaz de empoderar a la mujer

Entretenimiento

Amparo en la zona rural

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

“En este momento estamos sobre una montaña”, nos dice Guillermo Hurtado Cam, a las 7 a. m. bajo un límpido cielo azul, y rodeados por sembradíos de papa chiricana. El monte nos llegaba a las rodillas, el suelo era una suposición, pero don Guillermo quería mostrarnos algo: un paisaje.

Era evidente que estábamos sobre una montaña, en Agua Buena de Coto Brus, específicamente. Pero don Guillermo es un ser peculiar, y a pesar del tiempo que lleva invertido en el proyecto Green Jobs (capacitación agrícola con bifanciamiento), todavía se asombra de los recursos que tiene para trabajar. En este caso: la montaña y el agua.

Una vez arriba, nos dice que veamos, que apreciemos los dos estanques alimentados con agua del río Claro en donde se cría pez gato. Era eso: dos estanques con agua y peces gato. La emoción de don Guillermo se justificaba cuando nos explica que “esos dos estanques son una fuente de ingreso para familias con bajos recursos de la zona. En ellos trabajan –en su mayoría– amas de casa”.

Ahí se practica la piscicultura (reproducción y cría de peces y mariscos), y el ejecutor de ese proyecto es Hurtado, de 65 años, quien está a cargo del departamento de investigación y dirección en acuicultura de la Universidad Técnica Nacional (UTN), de la sede del Pacífico.

Para llegar a los estanques de peces en Agua Buena hay que caminar entre la montaña. (Mayela López)

El terreno en donde se encuentran los estanques pertenece a la Asociación de Productores del Valle de Coto (CODAGRO). Una finca que se inauguró en el 2010; solía ser de un médico y solían ser guayabales.

Pero, tras varias gestiones, la adquirieron.

Ahora el espacio cuenta, además de los estanques, con una planta de producción, y una huerta. Todo como parte de Green Jobs. Ahí, en medio de la nada, se labora bajo normas mucho más modernas de las que empresas con aire acondicionado se atreverían a usar. Para empezar: la empatía establece la pauta.

En la planta de producción trabajan solamente mujeres. No tienen un horario de entrada. No andan con loncheras. Caminan para llegar a la finca, y hacen tertulia durante el café.“Gracias a este proyecto por acá han pasado entre 40 y 50 mujeres de la zona”, dijo Víctor Méndez, presidente de la junta directiva de CODAGRO (Asociación de Productores Agropecuarios de la Valle de Coto).

“Acá nosotros nos acomodamos a sus necesidades. La mayoría son madres solteras, entonces no podemos poner una hora de entrada fija. Ellas pueden llegar cuando sea. Acá les pagamos por hora y el mismo día. Esto porque uno sabe la importancia del dinero inmediato en la zona rural. Acá todo es diferente”.

El proyecto

Para entender porqué Green Jobs existe hay que devolverse un poco en el tiempo. Para empezar, el nombre completo del proyecto es “Creando Green Jobs y cadenas de valor locales en comunidades vulnerables de la Zona Sur”. Los socios estratégicos de esta idea son la Fundación Costa Rica Estados Unidos de América para la Cooperación (CRUSA) junto con la Iniciativa Regional de Seguridad para Centroamérica (CARSI), además de la Embajada de EE.UU. Y el ente ejecutor es la UTN.

El proyecto nació en 2015, cuando CRUSA invitó a la UTN y Guillermo Hurtado a que participaran a un concurso para el fondo CARSI.

“Consideré implementar embutidos en el Colegio Técnico Profesional de Guaycará, y para darle un valor agregado, postulamos los estanques. Además, motivamos a las microempresas, con la cooperativa juvenil de ese colegio. En Agua Buena, propusimos los encurtidos porque había nicho de mercado”, explicó Hurtado.

Se enfocó en la población más vulnerable: jóvenes y mujeres, y también, en los pescadores.

Green Jobs es financiado por un fondo CARSI-CRUSA, y la inversión fue de $429.300.

De acuerdo con Melania Santos, oficial de proyectos de la Fundación CRUSA, “en las regiones costeras bajas, cerca de una vía fluvial clave, los residentes locales –particularmente los pescadores– son cada vez más presionados a entrar en el transporte de drogas ilegales. También, para los jóvenes, las personas involucradas en el narcotráfico son el único ejemplo local de prosperidad”.

Entonces, para motivar a la población, los que participan en los talleres y las capacitaciones de piscicultura, reciben un título reconocido por la Administración Civil de Costa Rica. Esto les permite buscar carreras profesionales en la acuicultura.

Pero, además, aprenden a construir sus propios estanques en casa para que, quien cuente con los recursos, pueda emprender a través de la pesca de trucha o pez gato.

Para poder llevar a cabo el plan, don Guillermo tuvo que invertir todo su tiempo y energía en el proyecto.

Durante las capacitaciones en Agua Buena, ingresa al agua junto a los grupos. Se asolea como se asolean sus estudiantes.

A pesar de que el presupuesto que da CARSI-CRUSA para la ejecución del proyecto es generoso, hubo limitantes. Por ejemplo, el plástico que utilizan los estanques en la finca de CODAGRO, los cosieron las mujeres que asisten a talleres, con bolsas de basura negras y goma de ferretería. “Pero sirve”, aseguró Hurtado, quien se ha comprometido tanto con el proyecto que hasta hace un par de semanas, descubrió lo que es Netflix.

“Es que mira, de nada sirve que nos den el dinero y nos metamos a la montaña, y construyamos todo y luego nos retiremos. Tienes que quedarte con ellos, con el pueblo. Entender sus necesidades. Tienes que estar. El problema en esta zona, es que la comunidad no sabía todo lo que podían hacer con el agua. Los ríos les pasaban a la par, y nada. Por eso entramos acá. Para capacitar. Somos la única universidad nacional que no solamente está hablando de emprendedurismo. Estamos remangando la manga, y metiéndonos a montar sistemas de producción en la Zona Sur. Moviendo tierra y gente”.

Fuera de casa

El que no es del campo, cuando entra al campo, y se siente a gusto, experimenta ciertas revelaciones. Nuevas formas de ver la vida. Se quiere alejar –de repente– de todo lo que conoce: las presas, la avenida central, y algún centro comercial. Allá, entre las montañas, el silencio es más rotundo.

El paisaje lindo, lo típico: casas de madera, poltronas, perros, bicicletas.

Pero dentro de ese espectro de confort, yacen mujeres, amas de casa, deseando hacer algo más con su tiempo que barrer polvo. Por esto, Green Jobs ha sido tan exitoso entre este selecto grupo. La planta de producción, los estanques y la huerta les han dado a las mujeres de la zona un ingreso propio; la libertad y la independencia tan anhelada en terreno rural.

La planta funciona así: las mujeres llegan cuando puedan. La mayoría entra a las 9 a. m. Justo después de dejar a sus hijos en el Cen-Cinai. No llevan almuerzo porque ahí mismo, CODAGRO les da alimentos para cocinar.

“Nos hace bien porque nos sentamos a contarnos los problemas. Aunque uno no lo resuelve todo, al menos se ventila”, contó Heilyn Rojas Mata, la mano derecha de don Guillermo en la finca.

La planta de producción es pequeña pero funciona a la perfección. Allí producen chileras, mermeladas y pulpas. El equipo que usan lo compró el fondo CARSI-CRUSA, pero en un principio trabajaban con ollas de casa y con métodos caseros.

Las mujeres, vecinas de Agua Buena, crean jaleas y chileras para subsistir. (Mayela López)

Al día producen, aproximadamente, 1.000 chileras. Esto si llegan entre 15 o 20 chicas. A veces llegan más.

Rojas, de 34 años, es de Pérez Zeledón, allá trabajaba en una soda. Pero su esposo obtuvo un empleo en la Zona Sur y tuvo que mudarse. Para conocer la comunidad, ingresó a la Junta de CODAGRO como tesorera y luego pasó a ser secretaria. Una vez que inició el trabajo en planta, mudó sus fuerzas para allá.

“Al principio éramos menos. Yo era ‘soyla’. Hacíamos mermeladas, por ejemplo, y luego nos tocaba salir a venderlas. Íbamos a Ciudad Neily, Paso Canoas, Corredores, playa Zancudo. Y usted no sabe la satisfacción cuando uno entra a la pulpería y le puede decir al que atiende todo lo que trae ese producto, y cómo se hizo. Vendíamos además de casa en casa”.

De este modo, sin algún título universitario Heilyn encontró una labor que realmente le gusta.

“En muchos trabajos te dicen que sin bachiller no contratan. O que sin un grado académico. O que solo de 25 a 40 años. En cambio acá, el único requisito es llegar y firmar la hoja de asistencia. A uno lo humillan muchas veces por no tener títulos, pero todo trabajo es digno. Yo me siento muy orgullosa”.

También, según Rojas, muchas de las señoras que trabajan en la finca sufrían de depresión porque pasaban mucho tiempo en casa, y no se sentían realizadas. En parte porque no se relacionaban con nadie.

En la planta de CODAGRO se preparan entre 30 o 40 productos, entre mermeladas y chileras. (MAYELA LÓPEZ)

Ana María Carrillo tiene 63 años. Hace poco quedó viuda. Vive muy cerca de la planta. Asiste todos los sábados, y para llegar camina 20 minutos, ida y vuelta. En la planta hace un poquito de todo. Ahí ha aprendido a darle un uso a todo. Llegó a CODAGRO porque sus hijos, que viven lejos, le recomendaron salir un poco de su casa y acercarse a la comunidad. En la planta se siente cómoda. Le gusta lo que hace. Piensa menos, toma más café, dice.

“Yo quería ser útil. Metida en la casa sentía hasta ganas de morirme. Uno comienza a pensar que nadie lo quiere. O que uno no sirve para nada”.

  • Comparta este artículo
Entretenimiento

Amparo en la zona rural

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Priscilla Gómez

priscilla.gomez@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista de la Revista Dominical de La Nación. Estudiante de Periodismo en la Universidad San Judas Tadeo. Se unió a Grupo Nación en el 2015. 

Ver comentarios
Regresar a la nota