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Amoríos de lonchera

Actualizado el 17 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Cupido los flechó en el aula del kínder, o por lo menos eso fue lo que creyeron. A los días, pensaron que ya estaban listos para casarse, pero... ¿qué les dijeron sus papás de todo esto?

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En el kínder, las teachers lo llamaban “casanova”. Era un apodo en son de broma pero también un poco en serio, ya que el niño se había ganado el mote por su fama de enamoradizo empedernido.

Aquel chiquillo tal vez ni entendía bien qué significaba tener una novia ni qué implicaba casarse en el “mundo no-infantil”, pero su ilusión porque una compañerita le diera “pelota” era tanta que no estaba ni remotamente interesado en aprenderse el protocolo para subir al altar.

Todo era color de caricatura hasta que la ilusión se le vino abajo súbitamente una mala mañana. El baldazo de agua fría ocurrió el día en que la chiquita que más le gustaba lo cacheteó cuando él intentó darle un beso mientras jugaban de “casita” en el patio del kínder.

“Si me da besos, ya no quiero jugar a ser la mamá”, le dijo ella molesta.

La lección le llegó por las malas pero, a fin de cuentas, le llegó. Así al atrevido casanova se le acabaron sus días de romántico sin siquiera haber pisado el aula de primer grado. (Omitimos su nombre para no avergonzarlo cuando crezca.)

Otros niños de su misma edad han corrido con mejor suerte, tanto así que algunos aseguran haber encontrado al “amor de sus vidas”, con escasos 5 ó 6 años. Eso de enamorarse en las aulas del kínder no es nada nuevo ni excepcional. De hecho, es frecuente y... bueno, la verdad es que por su característica graciosa y emocionante, sí podría decirse que es excepcional.

A veces estas relaciones (si es que se les puede llamar así) empiezan y acaban en amores no correspondidos; por ejemplo, cuando, años atrás, un pequeño hiperactivo de la clase se dedicaba a perseguir a una compañerita y a ella no le quedaba más que correr despavorida para evadirlo. Eso sí, cuando él le daba regalos, ella se los aceptaba sin pensarlo.

A la maestra le tocó hablar del tema con los papás del menor y así se acabó el problema de esta persecución infantil en la clase.

Otras veces, las “relaciones” se dan por mutuo consentimiento y hasta los “consuegros” llegan a conocerse por el afecto entre sus niños.

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Heidy Ávalos, quien tiene 26 años de ser profesora en los niveles de materno y transición (en otros casos, llamados kínder y preparatoria) asegura que en cada ciclo lectivo aparecen nuevas y esporádicas parejitas de niños enamorados.

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“Se traen regalitos como confites y se los dan entre ellos, hasta que de repente los otros compañeros empiezan a molestarlos. Yo les digo que es bonito querer tanto a un compañero, pero que los novios son cuando sean más grandes; por ahora, son amigos especiales”, comenta la niña del kínder de la Escuela Anselmo Llorente, en Tibás.

Hay casos de casos. Algunos niños juran tener un amor diferente cada semana, mientras que otros dicen estar perdidamente enamorados de una compañerita en particular.

Ya no es así, pero por un tiempo, ese fue el caso de Daniel Bolaños Quirós, quien hace pocos días cumplió los 6 años de edad.

A diario intercambiaba postalitas con la niña de sus ojos y, además, estaba decidido a que, cuando se casara, tendría dos perros y un apartamento. Sin embargo, el tema ya no lo desvela; su atención ahora está en jugar futbol, por lo que prefirió retrasar el amor para el futuro.

“Ahora solo jugamos y somos amigos. Ella y yo dejamos de ser novios cuando me pasé a otro kínder, pero no me dolió porque ya no la quería... No me gustaba porque ya no era tan simpática y jugaba con otros niños”, dijo el elocuente Daniel en una entrevista para Revista Dominical .

“Cuando empezó a hablar de eso, nosotros le explicamos que era algo normal y le dijimos qué le esperaba para el futuro. Él entendió con madurez y sabe que más adelante, cuando le llegue el momento, vamos a estar felices de que nos presente a su novia”, comentan sus papás, Fabián y Gloriana.

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A sus seis años, Daniel no duda al decir que ya encontró al amor de su vida y además, con toda propiedad, cuenta que pensó que encontrar novia iba a ser más fácil.

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Daniel complementa: “Los niños que tienen novias lo que hacen es jugar con ellas. Pero la maestra dice que aquí (en el kínder) nadie es novio y que en sexto o quinto (grado) es normal que se gusten”.

Sentarse a hablar

A veces para una niña, el “novio” es el que le regala una galleta, el que se sienta a la par suya o con el que juega todos los días. Al hablar de bodas, lo que se les viene a la cabeza a niños tan pequeños son los besos, la boda y tal vez los anillos, solamente.

La psicóloga infantil Mónica Bagnarello recomienda que los padres de familia y los educadores de preescolar tengan conversaciones serias con los niños cuando se hace necesario hablar de noviazgo , casamientos y amor.

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“Para los niños el concepto de ‘novio’ o ‘esposo’ es muy diferente al que tiene un adulto; no saben con claridad lo que es casarse. Ahondar en este tema va a ser la base para futuras conversaciones en la adolescencia.

”Estas conversaciones de si tener novia o novio deben darse en un ambiente de confianza, manteniendo contacto visual y sin la presencia de factores distractores.

”Los papás no deben ni juzgarlos, ni enojarse, ni regañar a un niño porque esté hablando de esto. Más bien se debe profundizar y entender cuál es la situación que motiva la curiosidad en torno al tema. Si generalizamos, estaríamos partiendo de un supuesto y no vamos a entender qué pasa realmente”, comenta la especialista.

Mucha atención

Las películas infantiles más inocentes le presentan a los menores un modelo de relaciones de pareja de príncipes y princesas. En otras casas, por el contrario, los chicos se exponen a telenovelas que son verdaderos “culebrones” y pueden resultar inapropiadas para un niño.

También hay chiquitos que tienen una noción de noviazgos o matrimonios basada en lo que ven en sus hermanos mayores u otros familiares cercanos. Sin embargo, como cada menor tiene referencias diferentes, los casos deben ser revisados de forma individual cada vez que un padre de familia tiene que atender dudas o dar explicaciones en este campo.

“En el kínder tenemos una niña que agarra a cada niño de la mano y dice que es el nuevo novio. Los papás a veces llegan molestos porque les parece inapropiado para esa edad, pero cuando uno habla con ellos, se da cuenta de que se ven tantas novelas en esa casa, que esa es la razón: están sobreestimulados”, cuenta la maestra Ávalos.

Mariana Carazo es la directora del centro de servicios extracurriculares para la población infantil Desarrollando Mentes ; la educadora asegura que la curiosidad sobre estos temas está presente en todos los niños.

“Es muy normal y son muy pocos los casos en los que, por algo así, los papás deben buscar un servicio psicológico especial. Se requiere una intervención cuando esta conducta es reiterada. Normalmente, las mamás lo manejan de forma muy light ”, dice.

A este centro infantil han llegado historias de niños curiosos por el amor o por un noviazgo precoz. A una niña, por ejemplo, sus papás la han tenido que llevar a la iglesia donde ellos se casaron y también al hotel donde fue la recepción. “Ella sueña con su boda y anhela el día en que se va a casar... todo lo que tenga que ver con casarse le encanta”, cuentan sus papás.

Otra niña de seis años, tras un año de no ver a su antiguo “novio”, le habló a su mamá de un nuevo compañerito, pero le dijo que “jamás le gustaría”, ya que ella “es una señorita” y que “las señoritas tienen únicamente un novio”. “Antes de tomar una decisión así, tengo que hablar con él”, le comentó.

Cuando la mamá le dijo que no estaba obligada a decirle nada a su antiguo amiguito, la niña se quedó pensando y respondió: “Bueno, entonces la verdad es que sí me gusta”. Más tarde se arrepintió y agregó: “Mami, estaba pensando y la verdad es que él (el primer niño) es el amor de mi vida y no le puedo hacer esto... me voy a casar con él”.

Mónica Bagnarello explica que, entre los 5 y los 6 años de edad, los niños empiezan a gustarse pero de forma inocente. Antes de eso, solo emulan las formas de afecto que les dan otras personas.

“Se les debe explicar, por ejemplo que los niños y niñas no se dan besos en la boca y que tal vez cuando sean adultos lleguen a casarse, pero que los niños solo juegan y se divierten. A esas edades son normales las preguntas, y es deber de los papás evacuarlas con claridad y sinceridad”.

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