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Debut será el 3 y 4 de setiembre en conciertos con declaratoria de interés cultural

Ese torbellino llamado Lila, Lila Downs

Actualizado el 29 de agosto de 2010 a las 12:00 am

La hija de una mujer que salió descalza de su pueblo se hizo grande, ¡muy grande! Cantante políglota, escarbadora de las raíces mexicanas y de la fusión.

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Paloma Negra por Lila Downs.

Ocho años antes de que el filme Frida (2002), protagonizado por Salma Hayek, le abriera los ojos y los oídos a miles de personas con respecto a Lila Downs, ella ya tenía mucho que cantar y mucho más que contar.

Burn it Blue, una de las canciones de aquel filme sobre la relación entre Diego Rivera y Frida Kahlo, fue nominada en la 75 edición de los Premios Óscar. Y ahí el nombre de la cantante y compositora Lila Downs empezó a resonar en los medios masivos, que nunca antes la habían pronunciado.

Nunca antes ni con su álbum debut, Ofrenda (1994), ni con los que siguieron Azuláo (1996), La Sandunga y Trazos (1999), Árbol de la vida (2000) y La Línea (2001).

Pero así es Hollywood. Su poder mediático es tal, que ocho años después de una intensa carrera, Lila Downs apareció como una supuesta novedad. Para muchos lo fue.

Hoy, con 16 años de carrera encima y seis discos más –además de un álbum nuevo en proceso–, la hija de Anita Sánchez, cantante que salió humilde de un pueblo mexicano, y de Allen Downs, un profesor estadounidense de cinematografía, es con quien muchos quieren cantar y coser su nombre.

Ha cantando en vivo con Caetano Veloso; hizo el tema Justicia –de su disco Ojo de culebra, 2009– con Enrique Bunbury; tiene una versión de La llorona por la cual la han etiquetado como “La Nueva Chavela Vargas”...

Lila Downs, que nació en Heroica Ciudad de Tlaxiaco, Oaxaca, (México) y creció en Minnessota (EE. UU.), canta en español, inglés, francés y otras lenguas.

Ha dedicado su voz y su fuerza a reivindicar sus raíces mexicanas y las de los pueblos indígenas mexicanos, como el mixteco, zapoteco, maya, purépecha y náhuatl.

También es una mujer de amplias visiones y, como crisol que es, de amplias sonoridades.

En Ojo de culebra, se metió a explorar las músicas de Nueva Orleans y el blues y, este año, acaba de lanzar su disco Lila Downs y La Misteriosa en París, primera grabación en vivo que hizo en el estudio 105 de Radio Francia, en París.

Su lucha social ha sido feroz, pero pacífica. Al lado de proyectos como la Fundación Dolores Huerta y su apoyo al Fondo de Becas Guadalupe Musalem, ha ido ayudando a reivindicar los derechos y las oportunidades de las mujeres y de los campesinos.

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Con una vida dedicada a construir, Costa Rica no podía ser poco generosa con ella. Así que su debut en suelo tico, que será el 3 y 4 de setiembre, fueron declarados de interés cultural por el gobierno.

En una entrevista con ella, Viva la retrata en pocas preguntas.

Quiero resolver un mito urbano con respecto a La Misteriosa en París. ¿Es cierto que esa grabación en vivo surgió por una casualidad?

En parte sí. Fue el resultado de una gira que estábamos haciendo en Europa y radio FIP nos ofreció hacer una grabación.

¿Un álbum en vivo era algo que quería hacer?

Sí, por mucho tiempo pero no se había podido. Lo que se entrega espiritualmente en un disco en vivo es diferente; en el estudio te sientes como bajo el microscopio. Por eso fue algo que quería hacer y también fue un reto.

Hay un giro importante en su imagen con este nuevo disco. ¿Se reconcilia usted con su sensualidad como mujer?

(Ríe). Pues eso dicen algunos. Era un momento particular en mi vida. Fíjate que traté de tener un hijo y no pude hacerlo por mí misma y, ahora, acabamos de adoptar un bebé y estamos felices.

Benito, ¿cierto?

Sí, Benito. Y en ese momento (al no poder concebir), sentí que me habían quitado mi femineidad. Despertó algo en mí muy fuerte, como una loba que iba a pelear por eso. Y mi necesidad era poder expresar lo que había dentro de mí. Eso es lo que se manifiesta ahí.

A veces, algunas mujeres tienen un estereotipo de lo que es ser mujer con dignidad. Parte de ese estereotipo es: las bonitas son tontas, las feas inteligentes; si soy una mujer luchadora está mal que me maquille, porque eso es para complacer el consumo masculino...

Sí, es verdad y eso también es un prejuicio.

En esta faceta de...

De sentirme linda de nuevo.

Exacto. ¿Ser mamá de Benito es algo nutritivo?

Sí. Es nutritivo para el corazón y para el alma.

Regresando al romper estereotipos. ¿El ser sensual no la ha alejado de su herencia familiar de mujeres luchadoras, de pantalones muy bien puestos?

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Parece ser que no. La historia de mi madre es algo inusual. Una mujer que peleó mucho y se liberó muy jovencita; luchó para que yo fuera a la universidad. Que yo me educara era su mayor preocupación. Viniendo de una mujer que salió de su comunidad con los pies descalzos, fue un regalo de Dios que todavía va todos los días a cultivar su maicito y sus frijoles.

Que usted es una mujer orgullosa de sus raíces mexicanas está muy claro en sus primeros discos.

Claro, especialmente porque por mi apellido tenía la necesidad de explicar quién soy y de dónde vine y esos discos ayudaron a que yo, como la serpiente, tirara los cueros (mudara esas pieles) para revivir, cada vez, de una manera distinta. Ahora, me siento más plena, hay una paz interna más grande, pero eso no me impide pensar en que hay que luchar por las personas que tienen menos privilegios que yo.

En Ojo de culebra, ¿usted siente que se reconcilió con su parte anglosajona?

No se hizo pensando en eso. Quería hacer algo con la sonoridad, la música de Nueva Orleans, el origen del blues, el tema de la migración. Son temas que forman parte de mi vida y que siguen siendo tan pertinentes, incluso 10 años después de haber hecho el primer disco de esa línea.

¿Y qué pasará en su futuro nuevo disco de estudio?

Creo que va a ir más por lo sagrado y lo religioso, porque yo cargo con eso también, con la religiosidad. Estoy trabajando en un disco para reconcebir el mariachi, con canciones tradicionales mexicanas y temas de mi propia inspiración. Se trata de los milagros de la vida y me inspiré en un arte novohispano, que se acentúa aquí en el México de los milagros o exvotos de un dibujito que se llevaba a la iglesia, en agradecimiento a un santo por haber concedido el milagro.

¿Esta afinidad con los milagros tiene algo que ver con que ser mamá de Benito es un milagro?

Sí, claro, pero también tiene que ver con los tiempos que estamos viviendo en mi país, estamos viviendo un momento difícil, doloroso, en el que hay dificultad para distinguir el bien y el mal. Y tengo mucha curiosidad en porqué el ser humano, cuando tiene tanto poder, cruza una línea extraña.

Hablemos de que siendo mujer, usted tiene la posibilidad de ejercer la palabra públicamente para construir el cambio para las mujeres, como lo hace con la Fundación Guadalupe Musalem.

Creo que las mujeres podemos organizarnos y lograr muchos cambios. Estoy viendo que es posible; lo veo en la Fundación Guadalupe Musalem que tú mencionas, porque hemos logrado mandar a más de 50 niñas al bachillerato en la universidad, con profesionales asesorándolas y viendo por ellas para que sigan estudiando. Es un proceso en que tenemos claro que ellas volverán a su lugar de nacimiento o a su comunidad para ser parte importante de esa sociedad y van a organizar y a concientizar a su gente.

Le han colgado a usted estas etiquetas: “La nueva Frida Kahlo” y la “moderna Chavela Vargas”. A mí eso me suena fuerte.

(Se ríe). A mí también. Siempre es duro que comparen el trabajo de uno con el de alguien más, pero si, encima, son dos personajes a los que uno admira mucho pues ¡qué más da! Es un cumplido.

Y hablando de personajes que admira: ¿Cuán importante fue la figura de Mercedes Sosa?

Esa mujer me ha llevado de nuevo a la música, porque yo la había dejado. Así que le debo mucho y siento que ahora la música de Argentina tiene un lugar muy importante para mí y por eso, posiblemente más adelante, cante mucha más música del Cono Sur.

¿Quién es su heroína, su figura femenina inspiradora?

Hay una mujer, aquí de mi población en una comunidad indígena. Ella tiene una ollita en la que cocina sobre el fuego sobre un piso de tierra y ella nos invita, a todas los que queremos, a comer. Esa pequeña ollita produce la comida para todo un batallón de gente. No sé como lo hace, pero es como un milagro.

“Admiro a esas mujeres. A las mujeres trabajadoras que hacen las tortillas en mi país y siento que se merecen todo el honor, un tributo muy grande”.

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